CANTADOR, Francisco Javier - Una vida a ritmo de campana

Una vida a ritmo de campana

Rafael Salido, campanero de profesión, ha restaurado más de un millar de estos instrumentos

Rafael Salido es uno de los pocos campaneros que quedan en Andalucía. - AUTOR: SALIDO, Rafael
Rafael Salido es uno de los pocos campaneros que quedan en Andalucía. - AUTOR: SALIDO, Rafael

El corazón de Rafael Salido late desde muy pequeño a ritmo de campana, un tañido que se ha convertido poco a poco en la banda sonora de su vida y que le ha entrado por los tímpanos hasta engancharle con pasión. Rafael lo sabe todo acerca de este instrumento que corona templos. En su currículo ya cuenta por centenares aquéllas que ha arreglado o puesto a punto de un pico a otro de la geografía española.

En Montilla, su ciudad, todo el mundo le conoce con un nombre que luce con orgullo: Campanero.

Mi madre decía que desde que era muy pequeño recortaba campanas de papel”, cuenta Rafael Salido. En esa época, Maribel observaba cómo su hijo no perdía detalle del sonido del campanario de la iglesia de Santa Ana, ubicada junto a la tienda que regentaba su familia en Montilla (Córdoba).

Ella y su marido esperaban que el niño siguiera la tradición familiar y se convirtiera en comerciante, como la madre, o en futbolista, como su padre. Pero no. “Yo estudiaba en el colegio Salesiano y, en la hora del recreo, en vez de jugar al fútbol con los demás niños, me metía en la iglesia y ayudaba al sacristán para estar un poco más cerca de hacer sonar las campanas”, explica. Para llegar a ese momento, tuvo que esperar a hacer la comunión. “Tras la comunión pude ser monaguillo, lo que me dio la posibilidad de subir a la torre. Luego me fui de campanero a la parroquia de Santiago Apóstol y eso fue como una traición a los salesianos”, añade. Desde entonces, “cada campana me dice una cosa; no hay dos que suenen igual, ya que poseen una gran cantidad de armónicos que es muy difícil que coincidan; es más, recuerdo momentos de mi vida por el sonido de una determinada campana”, resalta Rafael. Las vivencias de su niñez las relaciona con Luisa, la primera campana que tocó y que en Santiago Apóstol estaba especializada en llamadas a misas de difuntos.

Rafael junto a los componentes de la Asociación Campanorum Amici y el párroco de Santiago Apostol, en Montilla. - AUTOR: SALIDO, Rafael
Rafael junto a los componentes de la Asociación Campanorum Amici y el párroco de Santiago Apostol, en Montilla. - AUTOR: SALIDO, Rafael

Ese amor por los armónicos le hizo fundar Campanarum Amici junto a otros monaguillos de su edad, un grupo que es responsable de la recuperación de toques y sonidos en el montillano campanario de Santiago Apóstol. Luego adquirió experiencia en el oficio trabajando como comercial para una fundición de campanas de Valladolid. “Fui comercial de la empresa Caresa en Andalucía, y con sólo 19 años conseguí vender la restauración de las campanas de la mezquita-catedral de Córdoba y, algo más tarde, las de la catedral de Ceuta”, detalla. Esa experiencia en la fundición se convirtió en el paso previo a la fundación de la empresa Campanas y Relojes Rafael Salido. En esa época ya explicaba a sus clientes la importancia de recuperar los toques antiguos en los campanarios: “Yo quería toques más añejos, más originales, lo que es más fácil de conseguir aprovechando el volteo característico de la campana andaluza, frente a otras tradiciones de Castilla y Extremadura”, explica. Esos armónicos a lo Rafael Salido, con sabor a sonidos pasados, comenzaron a escucharse en Tenerife, donde estableció la sucursal Tañido Canario, mientras era testigo de cómo copiaban su sistema de restauración en Murcia, Jaén, Cáceres y Sevilla.

“Hoy en día, este oficio también ha incorporado las nuevas tecnologías y ya no se sube a los campanarios para tocar las campanas. Basta con un mando a distancia y unos códigos de programación”, detalla. Parte de su trabajo consiste además en programar el toque de un determinado campanario desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre. “El párroco o cura responsable de una iglesia o ermita paga una cuota anual y se desentiende de cualquier avería que se pueda producir, ya que esa cuota también incluye los arreglos; es parecido al sistema renting que se sigue para los coches”, explica Rafael. Su teléfono también suena a veces cuando el Obispado de Córdoba solicita su asesoramiento. “Es que hay muy pocas personas que se dediquen al mundo de las campanas. Es lógico, ya que se trata de un oficio que se transmite de generación en generación; lo ilógico es que el hijo de un futbolista, que estaba encabezonado en entrenarme para que siguiera sus pasos —algo que hizo mi hermano, que llegó a jugar en el Córdoba— y de una comerciante, haya optado por este oficio”, insiste. De hecho, asegura que las empresas de fundición que hay repartidas por España se cuentan con los dedos de una mano. “Hay una muy artesanal en Cantabria y otras en Palencia y Cáceres que realizan trabajos más modernos e industrializados”, apostilla, mientras asegura que, pese a su juventud, ha restaurado ya más de un millar de esos instrumentos expertos en el noble arte de repicar.

"La Calada: cuando suena la belleza“

Campana ‘La Calada’ de Marchena. - AUTOR: SALIDO, Rafael
Campana ‘La Calada’ de Marchena. - AUTOR: SALIDO, Rafael

Si me preguntan cuál es la campana más bella de España, lo tengo claro: La Calada, de Marchena”. Del más del millar de estos instrumentos que ha arreglado en su vida, Rafael Salido está convencido de que “ninguna como esa belleza, que tiene capillas góticas caladas en el bronce, que le dan nombre” y que adorna el campanario de la iglesia de San Juan Bautista de Marchena (Sevilla). “Es una campana muy querida por ese pueblo. No me dejaron que me la llevara para arreglarla y tuve que restaurarla allí”, apostilla. Rafael hubiera soñado con que esa belleza en bronce fuera la pieza más importante de su colección particular, esa que ha ido atesorando gracias a sus arreglos. “Tengo ejemplares históricos, algunas de los siglos XIII, XV y XVIII, que he conseguido en mis trabajos de restauración. Los sacerdotes a los que les iba a arreglar una campana optaban por que les abonara la vieja a cambio de que les hiciera una nueva parecida, cobrándoles la diferencia”, indica. Como buen amante de su oficio, Rafael les ha lavado la cara a los instrumentos, dejándolos como nuevos.

De monaguillo tañendo una campana. - AUTOR: SALIDO, Rafael
De monaguillo tañendo una campana. - AUTOR: SALIDO, Rafael

Ocho de esas campanas las tiene cedidas al Museo Histórico Local de Montilla, donde adornan la sala dedicada al Siglo de Oro. “En mi casa no tenía un lugar adecuado para colocarlas y opté por contactar con la asociación local de amantes de la arqueología Agrópolis y la Concejalía de Cultura para estudiar la posibilidad de cederlas temporalmente y que toda Montilla pudiera disfrutar de ellas”, matiza.

Qué hacer con una vieja campana

El Plan Catedral diseñado por la Administración exige la conservación de las campanas con más de un siglo de existencia.

Rafael explica que existen dos formas de restauración para aquéllas que el paso del tiempo ha castigado y necesitan un tratamiento rejuvenecedor.

Nuestro protagonista posa junto a algunas de las piezas que ha restaurado y que se exhiben en el Museo Histórico Local de Montilla. - AUTOR: SALIDO, Rafael
Nuestro protagonista posa junto a algunas de las piezas que ha restaurado y que se exhiben en el Museo Histórico Local de Montilla. - AUTOR: SALIDO, Rafael

“La restauración se puede realizar haciendo una réplica de la original o soldando la auténtica”, resalta, y añade que “en el primero de los casos, el cliente suele abonar 12 euros por kilo de campana nueva y se queda, además, con la vieja, o 5 euros por kilo vendiendo la vieja a la fundición, mientras que en el segundo de los casos se conserva la histórica, enviándola a rehabilitar al extranjero, lo que viene a costar unos 60 euros por kilo”. La opción más elegida es la de vender la campana vieja a la fundición y solicitar una nueva. “Yo nunca he fundido. Cuando trabajaba en Valladolid le encargaba la tarea a la fundición que me tenía contratado, y ahora colabora conmigo Campanas Rivera, de Cáceres, que es a donde las envío. Si se trata de soldarlas, las mandamos a Alemania. No obstante, yo sí las limpio para restaurarlas”, detalla. Su experiencia le dice que es más fácil restaurar una campana grande que una pequeña.

Sorprende su manera de encaramarse a ellas como si de una atracción circense se tratara, sin miedo alguno y desafiando la gravedad tanto o más que la crisis le está retando a él mismo.

“La crisis está afectando, no lo voy a negar, pero gracias a Dios el trabajo no falta; en estos momentos me espera el arreglo de la decena de campanas de la parroquia de la Santa Cruz, en Écija, Sevilla”,

asegura este autodidacta al que “leer y leer” le ha doctorado en un artesanal oficio para el que hay que nacer y que —en su caso, la excepción confirma la regla— no siempre se transmite por los genes. En esos libros, Rafael aprendió que la composición de una campana es idéntica a la de los antiguos cañones. “De hecho, durante siglos, los mismos artesanos que fundían estas armas en tiempos de guerra, fundían campanas en tiempos de paz”, relata.

Cada instrumento se compone de un 78% de cobre y un 22% de estaño, “dando lugar a una aleación conocida como bronce campanil, que es la aleación pura, sin baños en bronce”, puntualiza. Rafael relata que los males que afectan a las campanas son “el propio descuido y la falta de mantenimiento por parte del dueño, que hace que los mecanismos funcionen mal y causen roturas.

Campanas bien conservadas y en pleno uso duran siglos”, apostilla.

CANTADOR, Francisco Javier

Sierra Albarrana Número 125 (Abril-mayo 2010)

  • SALIDO SÁNCHEZ, RAFAEL (MONTILLA): Intervenciones
  • Restauración de campanas: Bibliografía

     

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