LÓPEZ-CHAVARRI, E. - Los toques del Micalet resuenan en la Navidad del mundo

Los toques del Micalet resuenan en la Navidad del mundo

El gran maestro Juan Bautista Comes y sus "Campanes de Nadal"

Entre dos campanas grandes, que ostentan el nombre de Jaime y el de Manuel, la
Entre dos campanas grandes, que ostentan el nombre de Jaime y el de Manuel, la "Catalina", la más antigua del Micalet, de voz de plata, de alma alegre, pronta, saltarina y delicada.

Con este título, que puso el admirable Millet a la composición valenciana que va a ocuparnos, empezó a ser difundida esta obra, una de las que mejor han vuelto a popularizar el nombre de su autor. ¿Quién era éste?

Comes fue un valenciano de cepa. Nacido en el barrio de artistas de Santa Cruz (29 de febrero 1568), entró como infantillo en la capilla de la catedral. Entonces eran muy anhelados estos cargos: tenían buena remuneración y suponían (pues ello era rigurosamente exigido) además de una buena voz, una perfecta educación musical. No será inútil recordar aquí que entonces estas capillas o escolanías de las iglesias eran verdaderos conservatorios, de donde salieron la gran mayoría de esclarecidos maestros que enaltecieron el arte de los sonidos, tanto en música sacra como en música profana. El muchacho demostró pronto grandes cualidades musicales, que surgieron mejor con la enseñanza que le diera el maestro eminente Juan Ginés Pérez. Pero siguió también los estudios sacerdotales (era una de las salidas que podían tener los estudiosos modestos) y una vez ordenado fue pronto elegido para regir la capilla en la catedral de Lérida. De allí le trajo el Patriarca Ribera a su capilla del Corpus Christi, en donde permaneció hasta dos años después de fallecido su protector. Y como se hallare vacante la dirección de la capilla catedralicia, el Capítulo le nombro, sin necesidad de ejercicios previos, maestro de la catedral valentina.

Ya dominaba Comes su arte, ya construía con segura mano, con luminosa inspiración, aquellas espléndidas obras corales, o con órgano, o con instrumentos, de barroquismo maravilloso, como si la música fuese también un arte de doradas recamaduras cual las de las ricas casullas, o los reflejos metálicos de la loza de Paterna.

¡Campanas del Micalet, voces maternas y entrañables para los valencianos! En el lado izquierdo, la campana mayor, la que lleva el nombre de la que es Titular de nuestra Catedral, María de la Asunción
¡Campanas del Micalet, voces maternas y entrañables para los valencianos! En el lado izquierdo, la campana mayor, la que lleva el nombre de la que es Titular de nuestra Catedral, María de la Asunción

De estas euforias le saca una orden regia, y es llevado a Madrid como vice-director de la Capilla Real, que tenía a su cargo la capilla flamenca. ¿Qué significa esta extraña designación? Significa que en el Real Palacio había dos capillas de música, la española y la flamenca. La primera procedía de los Reyes Católicos, y se respetaba su existencia. La segunda la formaban los cantores y ministriles que constituían la capilla de Carlos V en Flandes, y que éste se trajo a España consigo. El repertorio de ambas capillas era distinto, como se comprende. Comes fue designado para regir la capilla flamenca. Digamos también que, con el tiempo, ambas capillas habían ido substituyendo los antiguos elementos con cantores y músicos del país, aunque sus respectivos repertorios estuviesen todavía un tanto diferenciados. Esto permitió a Comes conocer obras maestras de los neerlandeses, pero... no le enseñaron éstos nada en cuanto al magno sentido del color que el compatriota (y contemporáneo) de los grandes pintores Ribalta y Ribera ya llevaba en su instinto de artista valenciano.

Por eso sus composiciones musicales dejan la escueta polifonía neerlandesa, y se visten de melodías plenas de lirismo, cálidas, expresivas, y su arte en vez de ser complicado y arduo andamiaje de melodías, aparece como luminosa combinación de sonoridades. Sus exaltaciones ante la Eucaristía, ante la Trinidad, sus dulzuras ante la Virginidad de María, sus misas, Motetes, Salmos, Himnos... forman gloriosa serie de emociones cantadas con la mayor devoción por un alma de profundo artista de veras creyente. A Comes se debe ese carácter magnífico de la escuela polifónica valenciana que ha sido bautizado con el feliz mote de "escuela exultante", hoy rediviva merced a nuestra estimada Coral Polifónica.

En la cima del cimborrio gótico más hermoso de España, la campanita con la que, desde el presbiterio catedralicio, se avisa a los campaneros del Micalet, una campanita enjaulada y cantarina como un pájaro
En la cima del cimborrio gótico más hermoso de España, la campanita con la que, desde el presbiterio catedralicio, se avisa a los campaneros del Micalet, una campanita enjaulada y cantarina como un pájaro

Era costumbre de los compositores de entonces escribir no sólo severas polifonías, sino también otras ingeniosas combinaciones. El elemento descriptivo no faltaba; ejemplo: Jannequin con su famoso "Cantar de las aves", o su "Caza de la liebre y del ciervo", o su famosa "Batalla de Marignan", en donde describe los preparativos de guerra con canciones de soldados, la batalla, en donde se presentan onomatopeyas de disparos, de bombardas y gritos y ayes... y por fin la victoria, con canciones en las voces agudas cantando el triunfo mientras las voces graves gimen el lamento de los vencidos.

A este género descriptivo pertenece la composición motivo de las presentes líneas, y que hemos dicho fue designada por el maestro Millet con el título de "Campanes de Nadal".

Es una composición cuya forma, muy desarrollada, hace que nos la designen como Motete, otros como Himno, como Canción otros... Su texto no es valenciano sino castellano, la levadura de la "unificación" de Felipe V continuaba.

La composición que nos ocupa, se la designa también por su comienzo: "Al Dios de la Redención": la alusión a las campanas en la Noche santa fue lo que decidió a Millet a darle esa denominación que en catalán tiene. Evocadora es la música. Ella nos hace pensar en las admirables pinturas que una iglesia valenciana ofrece al visitante al pisar el atrio. Desde nuestra niñez nos sorprendían: era unas montañas, cumbres de gran perspectiva; paisaje nocturno; y por aquellas alturas, ganados con sus pastores durmiendo. La Noche en que nació el Señor, y aquellos grandes cuadros, de pintura ingenua, nos producían extraña emoción reverencial... En la castrense iglesia de Santo Domingo están.

A esas alturas, a esos pastores dormidos a la intemperie, a esas ovejas reunidas en el descanso, a las inmensas perspectivas de montes en paz y silencio, nos llevan siempre que oímos las notas del motete navideño de Comes, si bien luego ofrece las grandezas augustas, sobrenaturales de la Eucaristía.

Hemos dicho de compositores que escribieron música descriptiva, o imitativa. Genial es la que en este extremo puso nuestro Comes. Su obra comienza con las palabras: "Al Dios de la Redención cantan en Belén así: Los pastores "Hi, hi, hi". Las campanas "din, dan, don".

Y las voces humanas imitan finalmente la vibración de los sacros bronces.

Pero el valenciano Comes no se contentó con ello. Después imita perfectamente por medio de las voces el toque de coro de las campanas de nuestro Miguelete. Aquel toque suave que en horas de luz y de silencio (¡aquella Valencia de antaño!) nos hacían oir los sones "cristalinos", vibrantes de nuestras campanas, los que luego se extendían suaves por huertas y campos y alquerías.

LÓPEZ-CHAVARRI, E.

Las Provincias (28-12-1952)

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