MORALES ESPINOSA, Hernán - Las "damas" de cobre y bronce...

Las "damas" de cobre y bronce...

Aunque son bastantes personas quienes dan voz al edificio más emblemático del Centro Histórico, sólo el padre diácono Rafael puede presumir de ser el experto tanto en significados, historia y anécdotas de estas damas de cobre y bronce, cuyos sonidos los considera como un medio de comunicación, de importancia social y política, además de ser la voz de Dios en la tierra. - Autor: MORALES ESPINOSA, Hernán
Aunque son bastantes personas quienes dan voz al edificio más emblemático del Centro Histórico, sólo el padre diácono Rafael puede presumir de ser el experto tanto en significados, historia y anécdotas de estas damas de cobre y bronce, cuyos sonidos los considera como un medio de comunicación, de importancia social y política, además de ser la voz de Dios en la tierra. - Autor: MORALES ESPINOSA, Hernán

Ellas han dado voz a la ciudad durante casi cinco siglos, desde hechos victoriosos y festivos o de protesta, hasta catástrofes, muertes e invasiones extranjeras. Mudas testigos de cientos de acontecimientos como la destrucción de Tenochtitlán, conflictos bélicos o manifestaciones sociales y políticas de recientes fechas.

Aunque son alrededor de 40 personas quienes dan vida a estas damas de bronce y cobre, sólo un hombre es quien sabe todos los lineamientos litúrgicos, normas, significados e historia de las campanas. A él se le conoce como el campanero mayor.

Rafael Parra, de 59 años sube una escalera helicoidal de madera, con evidentes signos de desgaste, ya que fue hecha hace más de 200 años. Tras 84 pasos, llega al primer cuerpo de la torre bicentenaria, donde se encuentran 6 campanas, una de ellas con un peso aproximado de 13 toneladas y su badajo, de 250 kilos, conocida como La mayor.

Siendo cubierto por la campana neoclásica de cantera gris, hecha por Manuel Tolsá, comienza a tocar a San Juan Diego, la más joven de las campanas. Lo rodea un ambiente grisáceo del smog, con el azul del cielo de mediodía.

Doce minutos hasta las doce el día repican cuatro campanas, interpretando el Ángelus o saludo a María. Finalizados los toques, pasa a revisar la maquinaria del reloj, que golpea una campana menor para anunciar la hora. Fue colocado en 1905, un 16 de septiembre por los relojeros alemanes Diener. Ajusta el reloj y cuenta que a falta de presupuesto, tuvo que estudiar la maquinaria para hacer sonarlo de nuevo, tras años paralizado.

Desde hace 15 años se desempeña como campanero mayor de la Catedral Metropolitana de México. Además, es relojero y padre diácono, cuyas funciones son el bautizar, celebrar la palabra, bendecir un matrimonio, ayudar a los necesitados o aconsejar, pero no celebrar la misa ni otorgar los sacramentos.

Su llegada a este lugar, se dio en 1995, tras haber estudiado teología en Catedral y después de hacer un apostolado. Como parte de ese apostolado, se le encomendó tocar las campanas, más no ser un campanero oficial. Antes de él, no había ningún campanero mayor, sólo campaneros, que a veces no estaban para hacer sonarlas conforme a la liturgia.

Todos los días, a excepción del lunes está presente en el edificio donde antes se elevaba un templo dedicado Tonatiuh, Dios del sol. Porta una camisa negra, con un pantalón crema. En el bolsillo de la camisa, además de cuatro bolígrafos, se destaca un pequeño pin, de la Curia Pastoral.

Regalo divino

Casado, con cuatro hijos y cinco nietos, comenta mientras fuma un cigarrillo dentro de una improvisada oficina en una parte de la torre poniente, debajo de la llamada campana castigada la cual mató a un joven en 1943, que ser campanero es un regalo de Dios, así como el de ser diácono.

Antes de llegar a serlo, Rafael era tan solo un soldador eléctrico, oriundo del barrio de la Candelaria de los Patos. Relacionado con el fierro desde hace tiempo, nunca pensó dar voz a las campanas, que en conjunto llegan a pesar alrededor de cien mil kilos.

A la edad de 14 años, deseaba ser sacerdote, sin embargo el presbítero que lo ayudaría a ingresar al seminario perdió sus documentos y por ende, no logro consagrar su vida al sacerdocio.

Le llena de placer ser diácono, pues ayuda a personas en situación difíciles, además de que ingresa a la iglesia a nuevos miembros con el bautismo. Es padre, porque da a luz nuevos hijos de la iglesia mediante la liturgia, enfatiza.

Estos dos roles que desempeña le dan satisfacción a su familia, que en ocasiones especiales, como 15 de septiembre, navidad o año nuevo, están con él en las torres para disfrutar del concierto metálico. Tienen el privilegio de contar con una vista única durante el grito de independencia, agrega mientras fuma un cigarrillo.

Toda su familia está involucrada en acciones religiosas: su esposa, de nombre María Teresa y él preparan a los laicos que deseen ser diáconos y sus hijos participan en eventos pastorales.

Gajes del oficio

Su día inicia a las 5 a.m. para llegar puntual a la Catedral y comenzar a anunciar la primera misa del día. Vive en el norte de la ciudad, muy cerca de la Basílica de Guadalupe. Revisa si la máquina del reloj marcha bien y después inicia sus actividades como diácono, auxiliando en la Curia.

A veces recarga sus codos sobre un escritorio metálico, en el cual hay dos libros abiertos, uno de ellos lo utiliza para rezar y meditar durante todo el día; un librero con un centenar de libros religiosos, detrás de él hay una foto del Zócalo y su pista de hielo, junto a un crucifijo. Las improvisadas paredes de tela y con una iluminación poco tenue, de fondo, se alcanza a escuchar la música del organillero, así como los toques de la campana del reloj.

Muchas anécdotas le vienen a la mente. Pero remarca la importancia que tienen las campanas dentro de la vida política y social, no sólo de la ciudad sino del país.

Hace dos años, un grupo de simpatizante de Andrés Manuel López Obrador irrumpió dentro de catedral de manera violenta, a causa del tañido de campanas, que de acuerdo a estos, no permitían que los oradores se escucharan. Sin embargo y en palabras de Parra, las acusaciones fueron planeadas, ya que se tocó doce minutos antes del mediodía, el Ángelus y llamada a misa del Cardenal Norberto Rivera. "No podemos pasarnos de lo especificado, tenemos normas y hay que cumplirlas" añade. Es más, aun no terminaba el llamado cuando entraron violentamente, lo que provocó el cierre de Catedral durante una semana, en 2008.

Tuvo que ir a declarar ante el Ministerio Público, pero fue absuelto, ya que la jueza determinó que ellos solo seguían un protocolo antiguo, establecido hace más de 400 años por el santo milanés Carlos Borromeo.

No fue la primera vez que el toque causara escándalo. Durante la canonización de los mártires de la Guerra Cristera en el 2000, hicieron sonar jubilosamente las campanas, muy de madrugada. En el Zócalo y zonas cercanas estaban plantados cientos de maestros del sureste del país.

El intenso sonar sorprendió a los durmientes protestantes, que se preguntaron qué sucedía. Algunos interrogaron si ocurrió alguna invasión o una guerra. Hasta el propio Ejército tuvo que intervenir para aclarar la situación confusa.

Siempre fieles y presentes.

Ha tenido que tocar las campanas hasta por siete horas, como en siglos pasados se hacía por motivos de la llegada de un virrey o emperador. La última vez que sucedió esto, fue con la muerte de Juan Pablo II, que desde las dos de la tarde hasta las 10 de la noche, doblaron las campanas (en señal de luto). Al día siguiente siguió el doble de campanas, hasta el día de su traslado a la Basílica de San Pedro y su sepultura, cuando el toque fue de júbilo y gloria, ya que entraba al cielo.

Durante sus últimas visitas, también repicó por algunas horas, ya que se anunciaba la llegada del Sumo Pontífice al aeropuerto y su salida del país.

En varios momentos las campanas han estado presentes, hasta para manifestarse en contra de la inseguridad o en el México 68. De esto último, narra que, aunque no era campanero ni pensaba serlo, el sacristán mayor de aquél entonces, Jesús Pérez le platicó cómo fue que los jóvenes lograron repicar las campanas.

Cuando el contingente de la Marcha de silencio llegaba al Zócalo, un grupo de más de 10 jóvenes se acercaron a la cerrada Catedral. Pérez se sorprendió porque tenían tapadas las bocas y les preguntó el motivo del porqué sonar las campanas, a lo que contestaron que alguien tenía que hablar por ellos y no había mejor voz que las campanas.

Así fue que ingresaron a las torres y repicaron una campana, a lo cual el gobierno respondió cerrando el edificio y custodiándolo por el Ejército para que ningún otro joven rebelde ingresara de nuevo.

En recientes años, se han escuchado las campanas para apoyar las manifestaciones en contra de la inseguridad. Estos toques deben ser autorizados por el Cardenal e incluso, a pesar de los medios de comunicación masiva, en caso de algún evento inesperado como una invasión o desastre natural, las campanas pueden ser tocadas, para informar a los ciudadanos, como se hacía en el siglo XIX con las invasiones estadounidense y francesa.

Medio de comunicación

"Los llamados no son como los del teatro; cada uno tiene su significado, referente a la pasión de Cristo. El primero recuerda la ayuda del Cirineo, la segunda el consuelo de Jesús para las mujeres y el tercero, su crucifixión y sus brazos abiertos que lo abracemos".

Cada toque tiene su significado e incluso fueron un medio de comunicación mucho antes de la prensa y los medios tecnológicos. En las torres oriente y poniente hay 30 campanas. Algunas tienen nombres como la mayor, la rogativa, la de plegaria, la del toque de queda, toque de fuego, la de arrebato entre otras. Cada una de éstas llevan nombres de santos y vírgenes.

Como medio de información, allá por los siglos XVII y XVIII, se encargaban de anunciar el arribo de la Nao de China al puerto de Acapulco y su traslado hasta las cercanías con la noble Ciudad, por ejemplo en Milpa Alta. Se tocaban las campanas rogativa y de plegaria con júbilo, cuando arribaban tan preciados bienes a la capital del Reino.

En caso de incendio, ahí estaban la voz de Dios: cuando había fuego, la iglesia más cercana tenía que tocar su campaña en señal de auxilio. Sin embargo se prestaba a la confusión, ya que le seguían tanto la catedral como las demás iglesias.

En el siglo XVIII, tras la aprehensión de un obispo por parte del celoso alcalde de la ciudad, los esclavos decidieron rebelarse y protestar en contra del arresto del jerarca. Subieron a las torres e hicieron sonar las campanas. Algunos otros quemaron parte del Palacio Virreinal. Con esto informaban del suceso y las autoridades decidieron liberar al obispo.

Con toques mexicanos

San Carlos Borromeo, obispo de Milán en el siglo XVI estableció las normas para el toque de campanas. Posteriormente fueron aprobadas por el Vaticano para que así fuese en cada templo del mundo. Pero en México ya se tenían toques propios, que tenían gran importancia para la sociedad novohispana: la nona y el Ángelus.

La hora nona (tres de la tarde) se tocaba la campana mayor, para recordar la muerte de Cristo. Las personas se detenían un momento a rezar de rodillas, para luego seguir con sus actividades. Lo mismo ocurría con el Ángelus al medio día, donde todo se paralizaba y así escuchar el musical repique de las campanas.

Al día, 8 veces se escuchaba a la Catedral: el alba, a las 6 a.m. (eliminada por decreto gubernamental), los laudes de 8:20 a 9:00 a.m., ángelus, la nona, la víspera, las completas (antes de dormir), las ánimas a medianoche y los maitines a las 3 a.m.

El diácono lamenta que las personas solo admiren lo "bonito" que suenan las campanas, pero que no se interesen por lo que de verdad significa cada llamado. Antes de sonarlas, hace una breve oración y eso les aconseja a los demás campaneros, pues de lo contrario sentirán molestias corporales o el repique no será correctamente dado.

El estado de ánimo también se refleja al sonar una campana. Si estas triste, el toque será sin energía y quienes conocen al padre Rafael, le preguntan si estaba triste o que le sucedía, ya que los toques fueron tristes o lentos.

Conocer y ayudar

El motivo de los recorridos por las torres y campanas, iniciado hace casi diez años, tiene como propósito, en palabras del campanero mayor, que las personas conozcan la historia de la estructura arquitectónica, así como la de las campanas. Además de que los donativos reunidos, son destinados a la restauración de las antiquísimas campanas.

Se destina únicamente a las campanas, ya que el edificio y su cuidado corre a cargo del INAH, CONACULTA y el Gobierno Federal, por estar inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El costo de restaurar una campana, oscila entre los 450mil pesos hasta un millón, en especial si se necesita una esquila o soporte para hacerla girar, que por lo regular son hechas de maderas finas.

Las personas que explican a los turistas tanto nacionales como extranjeros y que en fines de semana se cuentan por cientos, son los campaneros a quienes se les enseña la historia, además de que para explicar de manera clara, no deben ser tímidos y poseer una gran paciencia.

Para ser campanero de manera auxiliar, se deben presentar con una carta de autorización del sacerdote de su parroquia y un examen médico, pues no cualquiera aguanta las escaleras de caracol ni las alturas.

MORALES ESPINOSA, Hernán

Infórmate (12-12-2010)

  • CIUDAD DE MÉXICO: Campanas, campaneros y toques
  • PARRA, RAFAEL (CIUDAD DE MÉXICO) : Toques y otras actividades
  • Campaneros: Bibliografía

     

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