PERNAS, Ramón - Campanas

Campanas

Volví a escuchar las campanas leyendo un articulo de Ramón Loureiro: Aquelas campás anunciando o día. Hacia tiempo que sus tañidos dejaron de serme familiares. Toda mi infancia transcurrió bajo la sombra de un campanario cercano a mi casa. Conocía la letanía de las horas por los distintos toques de las dos campanas; el fin de la tarde le correspondía al campanín de las monjas tocando el piadoso toque de ánimas; cuando había difunto en la parroquia era un lamento el sonido, y si un niño fallecía - morreu un anxeliño - las campanas tocaban una canción infantil, a mí me lo parecía, que los rapaces llamábamos ven vai , como una onomatopeya sonora.

Una noche me sobresaltó el volteo de campanas tocando a rebato. Convocaban a los vecinos para apagar un incendio pavoroso que todavía arde en mi memoria. Un día dejé de escucharlas. Su sonido viajó perdido entre el desorden de recuerdos, y algunas noches, cuando en la distancia el reloj de la torre de Santa María lee indolente la partitura de las horas, yo escucho cómo repican para mí solo las campanas de mi pueblo, compañeras de insomnios y melancolías. Y siento que el toque del Ángelus preludiando el mediodía es un cuadro de Veermer o de Tiépolo, y me veo arando en el ordenador un extraño surco de palabras.

Son las campanas escritas con tañidos de Blanco Amor y Otero Pedrayo, campanas marinas de Manuel Antonio y de todos los poetas que en el mundo han sido, las mismas que oyó Castelao en Buenos Aires desde el Pórtico de la Gloria de un 25 de exilio en julio lejos de Compostela.

Campanas de Bastabales que sonais a todas las nostalgias detenidas en una sola estrofa de un poema rosaliano, campanas aldeanas y campesinas que yo imagino tocando a gloria, a misa mayor y solemne, a día de fiesta cuando es verano por todo el valle y el contracanto lo hacen los foguetes estoupando en mil algarabías.

Mi recordada campana literaria y mindoniense de nombre Paula, campanas anónimas y populares, fachendosas y catedralicias, campanas calladas de las viejas espadañas que sólo las mueve el viento, la brisa que se enreda en lo más alto y acuna el cuerpo de bronce de las campanas silentes.

Hoy, en Madrid, sonarán las campanas de la Almudena, regalo de los gallegos que residimos en esta ciudad al pueblo madrileño; van a tañer a gloria, hacer el contrapunto a una marcha nupcial escrita en el aire, campanas de boda porque se casa un príncipe de España y hay un revuelo de palomas en la mañana. En ese toque galaico y festivo está sonando mi deseo de felicidad, mis parabienes y augurios de bienestar más cordiales y sinceros.

Volví a escuchar las campanas en un artículo de mi amigo Ramón Loureiro, me asaltaron compases antiguos de mÚsicas calladas y primitivas. Hace algÚn tiempo Lugo se convirtió en un poema sinfónico por obra y gracia de un mÚsico catalán, Llorenç Barber, quien hizo que al unísono tocaran una melodía de jÚbilo todas las campanas de iglesias y capillas mientras sonaban con tono de sochantre las de la catedral. La conmoción que quedó prendida del eco, fue como un domingo de mayo. Al evocarlo viene hasta mí un regusto hemingwaiano de campanas que doblan saludando el día y dan la bienvenida a la mañana.

Ramón PERNAS
(25/05/2004)
  • LUGO: Campanas, campaneros y toques
  • MADRID: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía
  • Conciertos de campanas: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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