AGALSA - Campaneros en la Sierra de la Demanda

Campaneros en la Sierra de la Demanda

La fundición de campanas en el norte de la Sierra de la Demanda, concretamente en la localidad de Santa Cruz del Valle Urbión, es un fenómeno curioso de artesanía especializada en la comarca, desarrollada en época contemporánea desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX.

"Las campanas han sido consideradas universalmente como objetos mágicos con poderes de exorcismos y purificación. Además de ello han tenido una gran importancia en la vida cotidiana de los pueblos ya que ellas regulaban la actividad laboral y social de las gentes. Y así, veremos, gracias a su llamada los vecinos sabían cuándo había reunión de concejo, cuándo venían a cobrar los impuestos, si había muerto alguien, etc.

Que han regulado la organización social del pueblo es evidente. Ya en un documento de 1445 podemos leer: "en el portal de la iglesia de Santa María, a nuestro concejo, a campana tañida según lo que habemos de costumbre". Que la función de las campanas era doble, civil y religiosa, también es claro. Abundan las citas de las sesiones municipales de Santa Cruz donde se señala cómo "a son de campana como lo tienen de costumbre para tratar cosas tocantes al servicio de Dios y utilidad común" (1761). Las campanas igual avisaban de los oficios religiosos que de la muerte de un vecino, del comienzo de la jornada de trabajo como de un incendio. Hay que pensar que era el único instrumento que el pueblo tenía para comunicarse y regular su vida.

Una de las funciones más importantes era la regulación de las faenas agrícolas. El primer toque, de maitines o "mitines", señalaba el inicio de la actividad ("tampoco se permita que ninguno marche a los acarreos hasta el toque de maitines" 1881) el toque del Ángelus, a mediodía señalaba el descanso y la comida. A este toque se le conocía popularmente como el "toque de la patata" porque habitualmente era lo que se comía. Y ya al atardecer se oía el toque de oración que señalaba la terminación del trabajo del campo y la vuelta a casa. Esos toques de campana además de regular la actividad laboral tenían también una función de orden público: "asimismo se acordó que durante el acarreo de mieses no se permita a ningún vecino el acarrear de noche tan solamente hasta el toque de oraciones y salida por la mañana hasta el toque de maitines para evitar que en las piezas de los vecinos desaparezcan... pues han faltado haces de las fincas", "y para que no se acarree de noche ninguna clase de granos para evitar perjuicios la entrada y salida de los pagos se hará al toque de maitines y la salida al toque de oración". Como se ve, fuera de los citados toques de campana era sospechoso y, seguramente penalizado, el trabajar.

Las campanas también avisaban, con toques característicos que conocían todos los vecinos, para reunión de concejo, para pagar los tributos, para distribuir el trabajo "a vereda", el temido toque de rebato que señalaba la presencia del fuego y el popular "tente nublo" que solía escucharse periódicamente en los meses de verano (de Cruz a Cruz) y que trataba de ahuyentar a las nubes y tormentas con un toque que la gente interpretaba como si dijera "tente nublo, tente tú, que Dios puede más que tú". Si los vecinos no acudían a los toques podían ser multados, como nos muestra un acuerdo del Ayuntamiento de Santa Cruz de 1873: "También acordaron para que los vecinos concurran a la casa del Ayuntamiento en caso de necesidad. Se ha de tocar la campana y el vecino que no concurra a este llamamiento será multado en 5 reales".

Según la liturgia de la Iglesia, las campanas tocaban con uno u otro sonido. Quizá el periodo más espectacular era en Cuaresma, cuando el toque de oración se adelantaba al mediodía y cuando llegados el Jueves y Sábado Santo las campanas adquirían un papel protagonista. Un día también muy señalado era el Día de Todos los Santos, víspera de los Fieles Difuntos, en el que se tocaban las campanas con un toque especial denominado "tinqui-tanque" desde el rosario hasta la misa del día de los difuntos casi sin parar, por el día y por la noche. Los mozos, espontánea y periódicamente se decían: "vamos a echar un tinqui-tanque" y subían al campanario para recordar a los difuntos. En las funciones con los difuntos las campanas también tenían importancia. Primeramente avisaban de la muerte de un convecino. Si el muerto era un niño se tocaban los campanillos a gloria, si era una mujer se daban dos clamores y si un hombre tres, así el pueblo rápidamente sabía quién era el difunto. Más tarde la campana convocaba al entierro del vecino y mientras el cuerpo estaba sin cubrir la campana tocaba su triste sonido.

Sobre las campanas del pueblo se conoce a través del Libro de Fábrica de la Ermita de San Pedro, que en el año 1624 traen fundidas desde Fresneda las campanas para dicha ermita, campanas que muchos años más tarde son llevadas a la iglesia de San Pedro de Soto conservándose aún una de ellas, que muestra la inscripción "María Iosephe 1630". La otra campana de la iglesia de Soto fue refundida en Saldaña (Palencia) en 1981. De las campanas de la iglesia parroquial de Santa Cruz se conoce que en mayo de 1893 un campanero vecino de Cortes funde en el mismo Santa Cruz la campana a la que se le coloca una leyenda que decía "Dedicada a las benditas ánimas del purgatorio. Año de 1893". Al descubrirse una rotura entre las palabras "purgatorio" y "año" se le obliga al campanero a garantizar su buen sonido. Como se puede comprobar por la factura de 1912 se refunden las dos campanas de la iglesia parroquial de Santa Cruz, colocándose el 16 de septiembre del citado año, presumiblemente en las fiestas de Gracias. Una de esas campanas vuelve a ser refundida en 1950 y actualmente se encuentra rota. La otra campana, llamada "Asunción de Nuestra Señora" se refunde en octubre de 1971 y posteriormente en febrero de 1981 siendo su peso de 430 kilos.

Hasta hace pocos años Santa Cruz tuvo un campanero, que a veces fue mujer, encargado de tocar las campanas. Los vecinos distinguían por la forma de tocar quién estaba en ese momento en el campanario y se reconocía la calidad de unos y otros. Hubo una época en que el encargado de tocar las campanas era el maestro, por lo que se le pagaba una cantidad. Las cuentas del Ayuntamiento registran múltiples gastos ocasionados por tocar las campanas: "un real costó de un azumbre de vino de tocar las campanas el día de Santa Águeda", "medio real que se dio a los que tocaron las campanas el día de la Letanía". Últimamente el pago que se daba por el Ayuntamiento era de una fanega de trigo y 20 pesetas al trimestre.

También las campanas ocasionaban problemas entre los pueblos, como un pleito que entabló el Ayuntamiento de Garganchón contra el de Santa Cruz y que resolvió la Real Chancillería porque aquellos contribuían al pago de las campanas de Santa Cruz "y pueden tocar a nublado mientras que las de Garganchón tienen que quedar en silencio".

Santa Cruz del Valle poseyó durante cincuenta años una fundición de campanas. En el año 1855 Ginés Peña, vecino de Santa Cruz, inició una industria de fabricación y reparación de relojes que trabajó con muchos pueblos de la comarca: Cerezo, Santovenia, Valmala, Barbadillo, Ibeas, etc. Durante cuarenta años fabricó y reparó más de 80 relojes. Parece ser que la relación del reloj del campanario con las campanas le animó a introducirse en la fundición de campanas, aunque serían sus hijos Francisco y Julián los verdaderos fundidores de campanas, registrándose la primera fundición en agosto de 1898 y llegando su producción hasta finales de los años 40, fundiendo campanas de las iglesias de todo el entorno e incluso las de la parroquia de San Cosme y San Damián de Burgos.

La fundición de campanas era un acontecimiento en el pueblo. Todos los vecinos seguían con interés los preparativos de la fundición y en el momento decisivo, cuando se echaba la aleación dentro del molde, todo el pueblo estaba a la espera de si la campana salía bien o con algún defecto. Los niños de la cercana escuela acudían a rezar por el éxito de la operación. Todos expectantes, a la voz de un conjuro o invocación se iniciaba la fundición. Si esta salía bien -el taponazo- todo era alegría y contento, si no se conseguía una perfecta fundición, maldiciones y tristeza y vuelta a empezar".

(Texto extraído del libro, "Santa Cruz del Valle Urbión").

AGALSA

Sierra de la Demanda (2010)

  • SANTA CRUZ DEL VALLE URBIÓN: Campanas, campaneros y toques
  • PEÑA, GINÉS (SANTA CRUZ DEL VALLE URBIÓN): Inventario de campanas
  • PEÑA, GINÉS (SANTA CRUZ DEL VALLE URBIÓN): Inventario de relojes
  • Fabricación, fundición de campanas: Bibliografía

     

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