WINES, Michael - Exilio y retorno de las campanas

Exilio y retorno de las campanas

The New York Times

Hemos llegado al final de la estrecha escalera de caracol. Estamos bajo los arcos que sostienen la cúpula bulbosa. Sopla un gélido viento del Norte. El joven Andrei Mikhailovich Dorokhin se muestra preocupado: "Con este frío, hay que tener mucho cuidado y tocar con suavidad. Las campanas podrían quebrarse". Es uno de los dos campaneros de la iglesia de la Natividad de la Madre de Dios; en todo Moscú hay varias decenas, en su mayoría voluntarios bisoños en un arte que nació con Rusia. Sube a una plataforma de tablones, planta un pie sobre un pedal de madera, alza los brazos, toma las cuerdas y empieza a tañer. Eso no es música, es un milagro.

No hay nada comparable al tañido manual de las campanas rusas. Inmutable en el tiempo, preservado por la tradición ortodoxa rusa, es una salmodia fúnebre, el traqueteo de un tren, una copa de cristal que se hace añicos, todo entremezclado en compás de cuatro por cuatro con una dulzura inarmónica que hiere los oídos y llega al corazón.

Silencio forzoso

"Es una cacofonía hipnótica", dice el historiador James Billington en El icono y el hacha . "Es la paz en el alma", dice Dorokhin, que lleva tres años tocando las catorce campanas de bronce de su iglesia. Es una reafirmación, la celebración religiosa de la muerte y la resurrección. El verdadero milagro de las campanas de todas las iglesias rusas es que suenen, tras siete décadas largas de silencio forzoso.

Una de las primeras medidas de la revolución de 1917 fue confiscarlas y destruirlas; después, prohibió tañer las que aún quedaban. En 1989, Gorbachov levantó la veda; fue uno de sus primeros actos de tolerancia religiosa.

Hoy han inundado Moscú. Hasta ha habido quejas, aunque, en verdad, los campaneros se refrenan bastante en los días hábiles: sólo dan la hora y marcan discretamente el comienzo y el fin de los oficios. Los domingos y festividades religiosas es otro cantar. Al terminar el culto, se lucen con solos de 10 a 15 minutos. En Pascua y otras fechas especiales, repican el día entero.

Dorokhin tañe unos 10 minutos. Lleva el compás con un pie, apoyado en pedales conectados a dos campanas grandes. Con manos y codos, maneja las cuerdas de las más pequeñas. Mantiene la boca entreabierta para aliviar la presión de las ondas sonoras sobre sus tímpanos. "El sonido depende de muchos factores, por ejemplo, la forma de la campana y el badajo, la aleación -explica más tarde-. La humedad ambiente lo asordina. Tañéndolas puedo expresarme igual que un músico. Es como un arte."

Relación ambigua

En las iglesias de Occidente, las campanas, en su vaivén, golpean contra el badajo; en Rusia, son fijas y el campanero las tañe tirando del badajo con una cuerda. Aquéllas suelen armonizarse y tocan melodías; éstas se afinan meticulosamente, pero su armonía es casual y en su música el ritmo lo es todo. Desde luego, tienen nombre y personalidad.

Los rusos mantienen con ellas una relación ambigua, de amor y odio, que se remonta al siglo VIII, cuando llegó de Bizancio la primera campana. Esto se debe, en parte, al papel central que desempeñó la Iglesia Ortodoxa en su vida social. El único instrumento musical permitido en los templos es la campana. Hay todo un código de toques, prescrito por la doctrina y los popes locales. Dentro de estos límites, el campanero es libre de improvisar con los ritmos y el número de tañidos.

Si alguien dudase de esta relación apasionada, bastaría recordarle una anécdota: cuando Demetrio, hijo y heredero de Iván el Terrible, murió degollado en 1591, se oyó una campana tañendo por sí sola; de inmediato, le aplicaron cien azotes, le amputaron las asas, la enviaron a un monasterio y allí la encerraron en un cuarto sin ventanas.

"Para nosotros, los rusos, toda campana tiene alma", afirma Dorokhin.

Traducción de Zoraida J. Valcárcel

WINES, Michael

La Nación (20-02-2011)

  • MOSCOU: Campanas, campaneros y toques
  • Campaneros: Bibliografía
  • Destrucciones de campanarios y campanas: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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