CERDÁ, P. - El último paseo por su «barrio»

El último paseo por su «barrio»

Una procesión alrededor de la catedral permite a García-Gasco despedirse del bastión de su pontificado - El lleno en la catedral contrasta con el vacío en sus aledaños - A su paso por la Basílica, el féretro fue vuelto hacia la imagen de la Geperudeta

El domingo le sobrevino la muerte en Roma. El lunes llegó el cadáver a Valencia. El martes fue despedido por el pueblo en una tumultuosa capilla ardiente. Y ayer, miércoles, le llegaba la sepultura. Pero antes del funeral, los restos del cardenal Agustín García-Gasco, arzobispo emérito de Valencia, salieron en una procesión que le permitió despedirse, a hombros de seis sacerdotes, del que fue su barrio durante los 17 años que gobernó la diócesis de Valencia.

El desfile salió del Palacio Arzobispal bajo un sol que caía a plomo sobre los más de 150 sacerdotes, obispos, arzobispos y cardenales que abrían una espectacular comitiva fúnebre encabezada por la cruz arzobispal y el evangeliario.

La historia, 107 años después del último enterramiento en Valencia de un cardenal arzobispo (fue Sebastián Herrero en 1903), volvía a inundar los aledaños de la Seo. Y lo hacía entre los tristes compases de la Marcha Fúnebre de Chopin, interpretada por la banda municipal de Valencia, y mientras las campanas del Micalet tocaban a difunto.

La procesión, que cerraban el presidente de la Generalitat Francisco Camps, la alcaldesa Rita Barberá y el presidente provincial Alfonso Rus, dio la vuelta a la catedral. A su paso por la Basílica de la Virgen, la comitiva se detuvo para volver el féretro hacia la imagen de la patrona de Valencia, la Mare de Déu dels Desemparats, mientras la Escolanía de la Virgen cantaba el himno de la Coronación. Era la despedida post mortem de la patrona.

Aunque la catedral estaba llena a rebosar con varios cientos de fieles desde el inicio de la procesión, el recorrido fúnebre no contó con un número destacado de feligreses. Los asistentes eran, más bien, turistas y curiosos que se acercaron para saborear el paso de la historia.

Tras cruzar la plaza de la Virgen y la calle Micalet, el féretro entró por la puerta de los Hierros de la catedral y enfiló por el pasillo de la nave central. Con todo el público en pie y con el rostro vuelto hacia el ataúd que portaban a hombros otro relevo de seis sacerdotes, fue uno de los momentos más emotivos de la ceremonia. La caja fúnebre del cardenal fue ubicada junto al presbiterio mientras el coro de la catedral interpretaba el Réquiem en Re menor de Gabriel Fauré.

Antes de la misa, en el momento de la consagración y al final del funeral, media docena de campaneros interpretaron desde lo alto del Micalet el toque de clamoreo, que data del siglo XV.

Acabado el funeral, Valencia se quedó, definitivamente, sin arzobispo emérito ni cardenal. Pero él tuvo su momento de gloria para despedirse del barrio que dominó a placer durante 17 años.

CERDÁ, P.

Levante-EMV (05-05-2011)

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