SANDOVAL ALDANA, Juan Alberto - Campanas de Nochebuena en la nueva Guatemala de la Asunción

Campanas de Nochebuena en la nueva Guatemala de la Asunción

La Ermita del Cerro del Carmen resguarda las campanas más antiguas del valle de las Vacas o de la Virgen desde 1620. Se tañían a rebato y con gran alegría la Nochebuena de todos los años. (Fotografía de 1875: Edward Muybridghe).

Heraldos de la Navidad, los instrumentos musicales que ocupan estas divagantes notas que se abordan, sin pretender ser el estudio etnomusicológico que se merecen, llegan a ser no más que pincelazos de floridos recuerdos, que se unen a datos históricos y monográficos, acerca de lo cotidiano en estas fechas, sobre los valores patrimoniales artísticos y arquitectónicos que aÚn ostenta nuestra ciudad. Recuerdos asomados en momentos en que se siente la madurez que sólo da la experiencia y que nos hace experimentar el deseo de satisfacer el anhelo abrigado de volver a ser niños a la vera del pesebre junto al Niño Dios, colocado en el nacimiento durante la verbena, en la celebración de la Nochebuena guatemalteca despertando las más tiernas y sublimes emociones en la convivencia familiar, enmarcada en las percepciones auditivas y visuales del tañido y forma de campanas navideñas echadas al vuelo en parabienes que anuncian al recién nacido, al Emannuel.

La Nueva Guatemala de la Asunción, ciudad donde venimos a luz, con sus campanas, en llegando el mes de diciembre, se torna en trasunta Belén bendita, bronces tocados por campaneros acólitos, especie de Cardenal en potencia sin recibir las sacras órdenes, y en algunos casos campanas de barro de Chinautla o de San Luis Jilotepeque, Jalapa, confundiéndose como adornos silenciosos entre las hojas, flores y frutos de nuestras campiñas tropicales, entre fogarones, rezados y novenas de posadas trastocando sus ecos repicantes entre el estallido de petardos y fallas de vara de castilla, convites de gigantes y encamisados morunos que en romerías pasan zurciendo plegarias en las asfaltadas calles con las imágenes de la Inmaculada o los señores peregrinos en nochebuenas de imborrable remembranza.

“Coro Belén” bajo la dirección del Maestro D. Adrián Orantes Dorantes, que durante la época de los cincuenta y sesenta del siglo XX, interpretó alabados, villancicos y mÚsica guatemalteca de Nochebuena en distintas casas e iglesias de la Nueva Guatemala de la Asunción (Fotografía de 1950).

Las campanas en la historia

Las campanas, definidas como instrumentos musicales idiófonos, fueron fundidas en bronce por los maestros campaneros criollos y sus ayudantes de oficio, indios y negros encomendados a la protección de San Blas, su patrono, al desarrollarse la empresa de colonización española en América.

Muestra de sincretismo religioso, fabricadas en forma de copa, cada una de las campanas guatemaltecas tiene su propio nombre, fecha y sonido particular. Las hay graves, agudas, sonoras y débiles, pendientes y volteadoras. Las campanas indohispánicas e hispanoamericanas hoy penden desde las espadañas y campanarios neoclásicos que se alzan en el límpido firmamento decembrino, propio del valle de la Virgen, extrañando las glorias cuasi extintas y lejanas del majestuoso esplendor barroco en la antigua ciudad del Señor Santiago, en la planicie del Panchoy. Llegadas al continente americano como parte de un proceso lógico de ocupación, resabio de la reconquista española que conserva como parte del influjo musulmán las campanas de los minaretes o alminares que los árabes construyeron en cada una de sus mezquitas para llamar a los seguidores de Mahoma a dirigir su mirada y oración al punto que asoma hacia la Meca. Las piezas arquitectónicas que las sostienen y guardan fueron transformadas en Sevilla y Córdoba en el siglo XVI llamándoles campanarios. Estos fueron traídos por el español a América, fortaleciendo, particularmente en Guatemala, el diseño frontal de los templos.

Sus campanadas convertidas en sonidos trepidantes durante las fiestas de fin de año, resuenan al recibir el golpe percutor del badajo, esparciendo su sonido en el éter novoguatemalense desde el primigenio 1 de enero de 1776, al haber conformado con sus tañidos el marco auditivo de la ceremonia, en la que el Ayuntamiento de Guatemala invocó al Espíritu Santo pidiendo la protección de JesÚs, María y José, reuniéndose formalmente en el emplazamiento de la Ermita, señalando bajo el patrocinio de La Sagrada Familia, principales protagonistas de la natividad, la traslación oficial de la ciudad a este valle, habiendo jurado el Bando los Señores Capitulares en nombre de su Majestad el Rey Don Carlos III, encabezando la Ceremonia el Capitán General y Presidente de la Audiencia, don Martín de Mayorga.

Las campanas: de campanarios a santos. Las campanas: desde el punto de vista iconográfico, son mÚsica, su sonoridad casi viviente se constituye en la materia misma que canta la liturgia al mundo. De lo "fanus" a lo "profanus". Las campanas son el sonido metálico que anuncia al mundo la oración, son un acontecimiento musical que inunda el espacio y que llega al corazón del hombre. Son también un suceso urbanístico porque se proyectan a lo más íntimo del "profanus". Una ciudad en donde no se puede percibir el sonido de las campanas está muerta a la sed sonora del infinito amor. Hasta los más escépticos perciben la mística de su sonido y la bella armonía de su ritmo sonoro. Audición celeste, con mensaje "urbi et orbi". Como atributo aparece en las imágenes de los santos Antonio Abad, Paulino de Nola, Pedro Nolasco, Hermano Pedro de San José de Betancur. Infaltable en las representaciones de Belenes o pesebres. Son mencionadas constantemente en las variadas formas literarias del Adviento y Navidad. Conforman temas musicales de Navidad, villancicos y parabienes al Niño Dios.

Voces de bronce en la Nueva Guatemala de la Asunción

Después del asentamiento oficial se decide el trazo de la ciudad. Realiza los planos el ingeniero militar y arquitecto Luis Diez de Navarro, modificados por el arquitecto Francisco Sebastián son finalmente ejecutados por don Marcos Ibáñez en 1778, obedeciendo a tratados eminentemente renacentistas, copia de los patrones urbanos citadinos españoles, conforme a la Ordenanza Real. La Nueva Guatemala se construye en forma ajedrezada o de parilla, demarcada entre dos cerros: Hacia el sur el del Calvario (demolido junto con su iglesia en la primera mitad del siglo XX para dar paso a la continuación de la Calle Real, hoy 6ta. avenida). El templo actual se concluyó en 1932 acogiendo el Patrocinio de la Virgen de la "O", Nuestra Señora de los Remedios. En su Única torre resuena la Campana de la Expectación del parto de Ntra. Sra., proveniente de la antigua parroquia de Los Remedios en Santiago de Guatemala, misterio por demás ligado íntimamente con la Natividad de Cristo y el rezo del Angelus.

El segundo cerro es el laberíntico de la Ermita del Carmen, con su iglesia construida a principios del siglo XVII por el religioso ermitaño Juan de Corz, natural de Juirán, en Génova, Italia, quien vivió y murió en el torreón ubicado en la plazuela frente a la iglesia, mismo que ha llegado intacto hasta nuestros días, conservando el nicho que representa el Misterio de la Encarnación, aÚn a pesar de la depredación humana y sísmica. Se conserva en el mencionado torreón la Campana de la Encarnación, fabricada en 1726, repitiendo el saludo del ángel Gabriel a María, con la oración del "Angelus", al alba, al mediodía y en el crepÚsculo al atardecer. De rodillas, los habitantes de la Guatemala decimonónica recitaron: "y el ángel del Señor anunció a María...". Con el sonido de esta campana se encomendaron los caminantes y viajeros al salir o entrar a la ciudad en dirección norponiente y viceversa.

Constituida la ciudad por solares y manzanas de doce bloques llamados por el término castellano de "calles" en dirección poniente a oriente y dieciocho de norte a sur, acoge en su seno numerosas construcciones religiosas.

La primera iglesia construida después del traslado y tercera existente, antecediéndole las ermitas del Cerro del Carmen y de la Asunción, se concluye e inaugura en 1783, dedicándose al Señor San José (actualmente se le llama Santuario Arquidiocesano del Señor San José), para auxilio espiritual de los carpinteros que levantaban a fuerza de trabajo y oficio la nueva ciudad,. Cabe anotar que en su interior se venera en alto trono, la imagen de San José, coronada por bula pontificia. Con el tiempo se agregan a la Capellanía de San José los bienes del Oratorio de Espinoza de los Monteros, trasladándose entre sus bienes a la hermosa imagen de Nuestra Señora del Patrocinio y las modestas campanas de su antiguo Oratorio dedicadas a esta advocación terrenal mariana en su maternidad.

Sin embargo, la campana más significativa dedicada al misterio de la paternidad putativa de San José en la Natividad de Jesucristo es la llamada San José que alza su voz al viento, en fiestas especiales de dos cruces, El Jueves de Corpus, la Inmaculada Concepción, la Navidad y el día de Santiago Apóstol.

La Catedral Metropolitana se terminó sin torres ni campanarios en 1815. Sus campanas fueron colocadas en la parte de atrás, sobre las bóvedas mientras se construian los campanarios que finalmente se inauguraron en 1867. La piedad popular y por ser esta la campana más grande en Guatemala, con un peso total de 5,000 libras, la rebautizó con el apelativo de Chepona. Fue fundida por don Julio Vassaux, a pedido del cabildo metropolitano a través del presbítero Francisco Espinoza de los Monteros con la intención de conmemorar el concilio que en 1870 celebró el Vaticano nombrando al Santo, Patriarca de la Iglesia Universal. Se colocó en el campanario sur y su sonido es inconfundible.

Paulatinamente se concluyeron los trabajos de construcción en distintos templos. El beaterio de Santa Rosa se terminó en 1786, Nuestra Señora del Pilar de Capuchinas en 1789, ambos templos guardaron en su arquitectura, especialmente en los campaniles y campanarios formas barrocas, resabios de su anterior abolengo santiaguino. Santo Domingo concluye en 1808, la iglesia de la Merced con la Campana de JesÚs que posee el privilegio de "escucharse hasta en el Vaticano" el día Viernes Santo se concluye en 1813, la iglesia de Nuestra Señora del Carmen en 1817, Santa Teresa en 1816, La Recolección en 1842, San Francisco en 1851, con la salvedad de que, por haberse cancelado el permiso de construcción el templo está desprovisto de campanarios al frente por lo que se construyó una torre al costado, viendo hacia el lado norte. Posee cinco campanas entre las que se encuentra la de la Virgen de Loreto, y la de San Francisco, otro de los grandes protagonistas ligado a la celebración de la Navidad. La iglesia de Candelaria se completó en 1867 y la parroquia de la Santa Cruz en 1884 en donde resuenan las viejas campanas del antiguo oratorio Filipense, la Escuela de Cristo, fechadas en 1695 y dedicadas a San Felipe Neri.

Las campanas novoguatemalenses se conjugan con la arquitectura que las sostiene con orgullo, señorío y elegancia. En este sentido cabe mencionar el Santuaro de Ntra. Sra. de Guadalupe, concluido en 1931 con sus campanas programadas que significaron la novedad por aquellos días. La arquitectura civil no dejó nada que desear en la Capilla del Palacio de la Familia Yurrita, concluida en 1910.

A manera de recuerdo

En la Nueva Guatemala de la Asunción puede afirmarse que cada fiesta de guardar ofrece un verdadero concierto de bronce, recordando épocas pretéritas en que la ciudad amanecía regularmente con el repique de campanas, quema de cohetillos y petardos en las celebraciones diarias del santoral romano, demás está imaginar cuanto más sería en los repiques de la víspera de la Navidad, en la Nochebuena con sus Misas de Gallo y la celebración Eucarística del 25 de diciembre al mediodía. Las campanas están y estarán ligadas eternamente a la extraordinaria riqueza de la vida musical religiosa y profana como parte del patrimonio musical vivo, parte de la herencia musical iberoamericana.

Son patrimonio cultural tangible en las maravillosas creaciones de los maestros campaneros ya referidos. Coros de grata recordación como el de Señoritas Belén, fundado por el insigne maestro de mÚsica, don Adrián Orantes Dorantes, después de cincuenta años siguen reuniéndose para cantarle al Niño Dios su misa del 25 y del 1º acompañadas de hijos nietos y bisnietos. Coros integrados por caballeros y niños también las han cantado y las cantarán desde los primeros días de diciembre hasta el 2 de febrero día de Candelaria.

Se ha dejado como colofón la referencia respectiva a la iglesia de Belén, que guarda en su interior el misterio completo que perteneció al Santo Hermano Pedro de San José de Betancur, obras maestras de imaginería surgidas del buril del escultor Mateo de ZÚñiga que presidieron el más grande e importante de los nacimientos realizados en Guatemala por el San Francisco de Asís americano. Utilizó en él toda la escala angelical representada a tamaño natural en imágenes de vestir talladas en madera. Sus campanas traídas de Santiago pertenecieron a la iglesia de Belén, mismas que resonaron en los oídos del santo de Guatemala, haciéndole perder el juicio, después de terminado el crepÚsculo y apagadas las Últimas luminarias atrás de los volcanes de Fuego y Acatenango, cuando la oscuridad de la noche tendía su manto sobre la ciudad de Santiago la cual era interrumpida por la tenue luz de los faroles que alumbraban el paso de los peregrinos en el Último día del ejercicio piadoso de las posadas, al compás del sonido de caparazón de tortuga, pitos de agua, chinchines, panderetas y tambores incorporados al culto externo.

Era la Nochebuena de algÚn diciembre de finales del siglo XVII, hasta hoy día se saborea la esencia misma del cristianismo en cada una de las celebraciones de la natividad que en Guatemala fueron acompañadas por el eco de la celestial campana del Santo Hermano Pedro que acompañara una vez más los cientos de campanas del país para celebrar lo que siempre es nuevo: El nacimiento de quien nos da la vida.

SANDOVAL ALDANA, Juan Alberto(Universidad de San Carlos)
"Diario La Hora" (21/12/2002)
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