ÁLVAREZ VELASCO, Francisco - Campanas de Covadonga

Campanas de Covadonga

CUANDO Mosén Millán bautizaba un niño, las campanas decían: «No és nena / que és nen»; y, si el nuevo cristiano era hembra, sonaban: «No es nén / que es nena». Los toques de campana tuvieron su razón de ser en la vieja cultura campesina. Entonces había tañedores de campanas y los bronces sonaban en directo, y no en 'playback' como hoy: había toques y repiques y tañidos y doblar de campanas y campanas al vuelo; toques a rebato, a fuego, a hacendera, a vecera, a concejo, a muerto adulto o a muerto niño, a procesión, a ángelus, a rosario, a benditas ánimas del purgatorio...

Algunos campaneros, como el del pueblo aragonés de 'Réquiem por un campesino español', hacían hablar a las campanas. Sé de una campana que decía, en la muerte de un niño: «Bien vas, vas bien, pa la glo-ria vas»; y de otra que, en el toque de tentenublo, conjuraba: «Ten-te nu-be, ten-te nu-be que Dios pue-de más que tú». Pero, en esto de interpretar la lengua de los dim-dam-dom, la tradicional malicia anticlerical creía también oír cantos como «pe-rras pal cu-ra pal sa-cris-tán nin-gu-na».

Todo este campaneo viene a cuento del entusiasmo campanil y cimbalero del arzobispo Osoro. Diez campanas ha fundido en su Cantabria (de donde se deduce la decadencia de los viejos oficios de ferreros y fundidores de este lado de los Picos). La Santina, pues, tiene ya su campanona, de una tonelada; otro tanto pesa el campanón dedicado a San Pedro Poveda. Dicen que marcarán las horas interpretando el himno de Covadonga. Ha olvidado el arzobispo que los calonges de la basílica y las monjitas y los escolanos suelen tener relojes digitales y no necesitan que les señalen las horas a golpes de badajos.

Así que adiós silencio. Bien se podía haber traído un almuédano (en este tiempo de encuentro de religiones sería un bonito gesto para con los musulmanes, sobre todo en las peñas de Covadonga). No sé qué dirán los ecologistas ni qué gritarán las criaturas irracionales de Dios: el oso que mató a Favila, el hermano lobo, las avecicas del cielo, el urogallo, la mirgüeya. Cantarán, tal vez, al modo de Rosalía cuando escuchaba las campanas de Bastabales, aunque en bable: «Campanes de Cuadonga / cuando óigovos tocar / mórrome de decibelios / y téngome de marchar... / Cuando óigovos tocar, / campanones, campanines, / sin querer torno a llorar».

ÁLVAREZ VELASCO, Francisco
"El Comercio digital" (15/07/2003)
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