SÁNCHEZ, Luis - Una campana grande y ruidosa

Una campana grande y ruidosa

Las campanas son instrumentos que producen sonidos muy variados y que dependiendo de su tamaño o su material de construcción pueden generar una honda magnética que en muchas personas no suele ser muy agradable al oído. La más grande del mundo es la TsarKolokol, que significa campana del zar, la cual se exhibe en el Kremlin de Moscú, Rusia. Su hechura fue encargada por la emperatriz Ana de Rusia, sobrina de Pedro El Grande, llegando a pesar 216 toneladas, con una altura de 6,4 metros y un diámetro de 6,6 metros.

En su tiempo de uso su sonido era impresionante y casi nadie podía soportar por mucho tiempo aquello, estando cerca de esa campana. Esto nos permite visualizar lo atormentado que se sentían algunas personas al escuchar lo estruendoso del sonido e imaginar que se tapaban sus oídos, como diciendo ya basta de eso o tal vez, decían que no soportaban la repetición del golpeteo tan profundo y consecutivo.

Hoy día, ya son pocas las campanas que producen tal sonido, pero existen personas que se comportan como si lo fueran, ya que su única manera de comunicarse es tratar por todos los medios de imponer sus ideas con ruidos estruendosos, aunque no sean las más convenientes y en medio de un dialogo comienzan a señalar defectos, a traer a colación situaciones que se creían olvidadas, solo para poder justificar su actuar recurriendo incesantemente a estos argumentos que no tienen relación lógica.

No podemos andar por lo corto y excelente de la vida haciendo que la vida de nuestros seres más apreciados como lo son nuestros padres, hijos o hijas, hermanos o nuestra pareja, sufran los embates de esa persona que haciendo el papel de campana, tal vez con buena intención se transforman en ese instrumento que nadie quiere escuchar y una y otra vez nos sacan de quicio cuando sentimos las palabras insultantes o las expresiones de autoridad que sin ningún tipo de apacibilidad o sensatez llegan hasta nosotros para herirnos.

Las palabras apacibles y cortas logran un efecto sanador, ya que nos hacemos todo oído para aceptar un sabio consejo, una palabra de aliento en el momento en que más lo necesitamos, como agua refrescante en medio del desierto de las desilusiones que nos abaten muy a menudo, así suelen ser las palabras tiernas que se asemejan a una dulce melodía que deseamos seguir escuchando por lo placentero del sonido tan agradable y por la fuerza positiva que nos imprimen.

El consejo es que no seamos nosotros campanas que atormentan y que tal vez nuestro interlocutor nos repita mentalmente o audiblemente que nos callemos por lo brusco e inconsulto de quien cree tener razón, pero que no lo sabe direccionar para producir apacibilidad, alegría o quietud. Si se nos hace difícil llegar a tomar en serio lo escabroso de ser una gran campana para otros, solo meditemos que es mucho mejor ser una nota musical que se encuentre en sintonía con los razonamientos claros que permitan la sensación de tranquilidad y beneplácito. Que nuestros más allegados no nos vean como una gran campana. Correo: luismaestrosanch_@hotmail.com (Educador y Comunicador Social)

SÁNCHEZ, Luis

Las Noticias de Cojedes (23-08-2011)

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