Hoy en día el sonido de las campanas ha pasado a ser un sonido (cuando no ruido) más que acompaña nuestras vidas. Su uso se ha visto disminuido por muchos motivos, relegando las campanas y los campanarios casi al ostracismo. Hoy en día, las toques con motores y martillos automáticos han sustituido los antiguos toques tradicionales, reduciendo su expresión a los límite físicos de la tecnología. El campanero que tocaba diariamente las campanas ha desaparecido completamente. En algunos lugares todavía se siguen tocando manualmente y en las fiestas importantes “volean”(1) o repican las campanas.
El toque de campanas en España es posiblemente uno de los más ricos de Europa, por su variedad técnica y originalidad. Podemos decir, en líneas generales, que había tantas formas de tocar las campanas como Diócesis. La catedral era el referente para todas las iglesias que dependían de ella.
Este hecho conlleva una gran riqueza en todo el repertorio nacional. Incluso se da el caso de que un mismo toque interpretado en uno u otro lugar pueda tener significados opuestos. Por ejemplo en Cataluña el toque de fiesta por excelencia es el medio volteo (la campana oscila sin llegar a dar una vuelta entera), sin embargo este mismo toque en la Comunidad Valenciana es un toque fúnebre.
Pero sin lugar a dudas una de las principales peculiaridades técnicas de la península ibérica (difundido por iberoamérica) es el volteo, giro de 360º de la campana. Dentro de toda esta variedad, una peculiaridad propia de Castilla y la franja norte de la península son las campanas de perfil romano. Campanas abombadas que producen un sonido peculiar, incluso desagradable para nuestra sensibilidad musical actual
Los campanarios y espadañas son imprescindibles en el “skyline” de todos los pueblos y siempre destacan por encima de todas las construcciones. Siempre se ha estudiado las torres campanario desde el punto de vista arquitectónico, sin embargo nos olvidamos de una de sus principales funciones, la acústica. Antiguamente se usaban diferentes recursos para potenciar(2) el sonido de las campanas como tapar vanos y troneras vacías o tapar la parte inferior de la tronera. Podemos observar como en fotografías antiguas (y no tan antiguas) torres como Santa María, San Miguel o la desaparecida torre de San Juan tenían troneras completa o parcialmente cegadas. Por ejemplo, en San Miguel, iglesia que está en el perímetro de Brihuega, la tronera cegada daba a la zona exterior del pueblo. De esta forma es posible controlar la dirección del sonido hacia el interior del pueblo.
Similar caso observamos en la antigua espadaña de la Vera Cruz construida sobre una torre del castillo, cerrada y orientada al interior del pueblo. En intervenciones posteriores este factor no se ha tenido en cuenta, eliminando los muros que cerraban la tronera o sustituyendo los antepechos de piedra o adobe por rejas de hierro.
Hasta la guerra civil, Brihuega tuvo 18(3) campanas repartidas por las cuatro parroquias y conventos.
Su desaparición conllevó la desaparición de todos los toques. En un principio las campanas fueron sustituidos por dos discos, uno de coche y otro de camión en la torre de Santa María hasta la llegada de la primera campana en el año 1942. Con el paso de los años se fueron reponiendo las campanas perdidas en Santa María y en San Felipe. A partir de los años 60 se generaliza por toda España la mecanización de campanas como un elemento de modernidad en contraposición al toque manual, menospreciado por las propias empresas de campanas como algo arcaico y sin sentido frente a la comodidad que ofrecía la tecnología. Esta revolucionaria novedad, unido a la simplificación de la liturgia posterior al Concilio Vaticano II, la desaparición de la figura del campanero, provocaron la desaparición absoluta de los toques tradicionales. Este hecho no sólo ocurrió en Brihuega, sino en toda España.
A pesar de la pérdida de las 18 campanas que poblaban las espadañas y torres de Brihuega durante la guerra civil, actualmente existen dos ejemplares interesantes por su sonido y antigüedad. En el campanario de Santa María se subió en el año 1942 una campana donada por el obispo auxiliar de Toledo. Esta campana no fue fundida ex profeso, sino que, proveniente de otra población, se le borró la anterior inscripción y se grabó una nueva haciendo alusión al año, al donante y al nuevo nombre que ostentaría desde entonces. Es una campana grande, cuyo peso ronda los 600 kilos, con un perfil peculiar, con una amplia boca que expande su sonido. Ostenta la siguiente inscripción en el medio:
SANTA MARÍA DE LA PEÑA 1942 / DONADA A LA PARROQUIA / DE BRIHUEGA POR EL ILLMO / SR. OBISPO AUXILIAR DE / TOLEDO D. GREGORIO MODREGO / 5 DE FEBRERO CARABANCHEL BAJO (MADRID).
En el medio pie aparece
SIENDO ARCIPRESTE DON GREGORIO GÓMEZ.
Campana de Santa María
La otra campana de interés es una campana de tamaño mediano de perfil romano proveniente de la iglesia de Valdelagua. Esta campana hacía pareja con otra campana del siglo XV conservada lustración actualmente en el Museo Diocesano de Sigüenza. Conserva dos inscripciones, la primera aparece en el hombro de la campana:
ECCE SIGNUM CRUCIS FUGITE PARTES ADEBERSA VINCIT LEO DE TRIBU JUDA RADIX DAVID(4).
Esta frase, propia de un exorcismo, era habitual en las campanas. Debemos entender que son objetos bendecidos y su voz, hecha oración, protege a los miembros de una comunidad del mal. Esta función que hoy nos puede parecer tan extraña no lo debió ser hace ya años. Por ejemplo, en Valdesaz la gente mayor recuerda de oidas la existencia de un toque contra las tormentas de pedrisco. La otra inscripción aparece en el medio:
SE HIZO SIENDO ALCALDE ROMÁN CANALEJAS Y SRIO DE AYUNTAMINTO VICENTE CERRADA AÑO DE 1855.
Es por tanto la campana más antigua conservada actualmente en Brihuega. Esta campana anónima está emparentada con la campana del reloj de Valdesaz, hecha con seguridad por el mismo autor en el año 1859. Ambas campanas, de perfil romano, muestran la misma distribución de cordones en su perfil, el mismo tipo de letra en su inscripción y similar composición en la cruz del exterior.
Campana proveniente de Valdelagua. Hoy en San Felipe.
Aparte de estas dos campanas, existen otras 6 más (3 en Santa María y otras tres en San Felipe) fundidas después de la guerra, siendo las más modernas las dos fundidas por Campanas Quintana en 1996, una para la torre de Santa María y otra para la torre de San Felipe.
Para saber como se tocaban las campanas antes de la electrificación preguntamos a personas que fueron monaguillos desde 1939 a 1943. Durante esos cuatro años tocaron los discos improvisados que en 1942 fueron sustituidos por la primera campana. Según la información dada no existía como tal el oficio de campanero y aunque fueron los cuatro monaguillos los que ejercían tal oficio, era el Sacristán menor(5) el encargado de tocar cuando ellos no podían. Este testimonio nos hace sospechar que, al igual que en otras latitudes, el sacristán menor era el encargado de tocar las campanas.
Los toques que tocaban eran sencillos. Después de la guerra tuvieron casi que reinventarse, tocando con una campana toques que antes se realizaban con varias. Los toques recogidos son:
El repertorio de toque es una breve muestra de los que pudieron existir en un momento anterior. Las fuentes consultadas reconocen que antes de la guerra el repertorio era todavía más rico. Aparte del testimonio oral, podemos observar ciertas peculiaridades técnicas que pudieron existir gracias al yugo de madera existente en la torre de San Miguel, uno de los tres conservados en la actualidad. Es un yugo que sigue las líneas generales de los yugos toledanos, brazos anchos, ejes acodados para aprovechar parte del peso de la campana como contrapeso, cabezal pequeño y con poco desarrollo en altura. En la parte baja del cabezal, aparece una hoquedad tapada que posiblemente contenga metal para aumentar la densidad y peso del yugo y facilitar asi su movilidad.
El brazo derecho cuenta con una palanca de hierro que serviría para mover la campana. Esta palanca de hierro aparece también en los otros dos yugos de madera conservados en San Felipe y debió ser normal en todas las campanas de la zona a tenor de las descripciones dadas en otros pueblos cercanos. Esta palanca serviría para voltear la campana, enrollando y desenrollando la cuerda en su brazo derecho o bien, y siguiendo la costumbre de la archidiócesis de Toledo a la que pertenecíamos hasta 1955, no voltearla. Es decir, oscilar la campana hasta dejarla invertida frenándola con la cuerda en un suplemento añadido en una esquina de cabezal.
Yugo conservado en San Miguel
Actualmente el toque de campanas en Brihuega se ha visto reducido a tres o cuatro toques. En Santa María el repertorio actual es volteo de la campana mediana en misas diarias, volteo de las tres mayores los domingos y fiestas y clamor con la mediana y el campanillo en los entierros. Como podemos comprobar las campanas y todo lo relacionado con ella es un mundo tan apasionante como desonocido y olvidado. La voz de las campanas es el sonido que transmite un mensaje o un acontecimiento, el sentimiento general de la comunidad y la voz que protege los intereses de la comunidad. Hoy en día afortunadamente se están recuperando toques, se están restaurando campanarios con un criterio respetable con la tradición a la par que se recuperan yugos de madera siguiendo el diseño de la tradición local.
Hoy en día la tecnología no entra en colisión con la tradición. Los antiguos motores de volteo continuo se están sustituyendo por otros que permiten el volteo manual. En zonas donde todavía hay afición a tocar las campanas, motores y martillos eléctricos sólo se usan en toques diarios.
Aunque la figura del campanero ha desaparecido del mapa se está sustituyendo por grupos de campaneros que elaboran calendarios de toques en determinadas festividades.
En la zona el volteo es llamado generalmente “voleo”.
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