LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (21) - Las matracas en la Semana Santa

Nuestras campanas (21)

Las matracas en la Semana Santa

Afortunadamente cada vez se escuchan más las matracas, sustituyendo a las campanas, durante el Triduo Sacro. En los años de las electrificaciones, que coincidieron con una lectura extremadamente rígida de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se pensó que estos instrumentos sonoros eran innecesarios y se destruyeron por cientos en la diócesis y en el resto de la Comunidad Valenciana. En la misma Catedral, aprovechando que se quitaban las antiguas ventanas de madera y se ponían los primeros motores eléctricos, las matracas, como las "truges" de madera se emplearon como leña, pensando que su utilidad había finalizado.

En los primeros años del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS tocamos unas carracas, procedentes de Burriana, y que se utilizaban en el interior del templo durante los Oficios de Jueves y Viernes Santo; por eso su sonido, producido por unas láminas de madera, era más apagado. Desde hace unos años tenemos unas grandes matracas, de más de metro y medio de alzada, que suenan, de manera desapacible y ruidosa, desde el Jueves Santo hasta los avisos de la Vigilia Pascual. Están ubicadas en el interior del campanario, ya que las actuales rejillas, puestas para impedir la entrada de las palomas, imposibilitaban su colocación original encima de la "Bàrbera", en el ventanal recayente a la "Porta dels Ferros". Incluso vamos más lejos y desconectamos esos dos días el reloj electrónico, para que el "Micalet", la campana de las horas, permanezca en silencio, durante esas horas santas.

Sabemos que en algunos lugares, como Ademuz, a pesar de la electrificación, el sacristán subía a tocarlas manualmente, pero hay muchos otros lugares que las han restaurado y vuelven a utilizarlas. Estos instrumentos en nuestras tierras pueden llamarse "matraques", "barxoles", "batzoles" o parecidos, cuando tienen martillos, y "carraques", "carracles" o similares cuando llevan láminas de madera. Su utilización es característica de la Iglesia en España, durante la Semana Santa, lo que motiva y justifica su conservación como un hecho singular.

Se dice que las primeras comunidades cristianas se avisaban mediante la voz, y luego con láminas de metal o de madera, hasta la invención, muy tardía, de la campana (siglos IX y X, llegando a las formas actuales no antes del siglo XII). Algunos monasterios de las Iglesias de Oriente siguen empleando estas láminas, de dos o tres metros y uno u otro material, golpeadas con martillos, y que penden horizontalmente de cuerdas. Les llaman "simandras" o "simantron", y las utilizan en todo el año litÚrgico, para los distintos toques de coro, de oración, u otros avisos.

La Iglesia Ortodoxa Rusa no conoce el silencio de las campanas en el Triduo Santo. Es más, tiene toques especiales, como el "Perezwon", en el que se repican todas las campanas durante ciertos momentos del oficio del Viernes Santo.

La Iglesia Anglicana, que tiene una liturgia más cercana a la nuestra, tampoco cesa los toques en la Semana Santa, sino que emplea los avisos usuales para los oficios de las grandes festividades.

La Iglesia Católica mantiene el silencio absoluto de las campanas desde el Gloria del Jueves Santo hasta el Gloria de la Vigilia Pascual. En Francia, donde las campanas no se ven, por encontrarse dentro de las torres, se dice que "se han ido a Roma", y el Domingo de Pascua, cuando vuelven a sonar, los niños buscan entre la hierba y las flores de la renovada primavera huevos de pascua y campanas de chocolate que las verdaderas han dejado caer cuando volvían de la Ciudad Santa.

Sólo nosotros empleamos las matracas, de una u otra manera, sustituyendo las campanas que dejaron de sonar de repente el Jueves Santo. Por cierto que este toque, en nuestra diócesis, era sólo de repique (como seguimos practicando en la Catedral), que llamaban "seco", porque paraba de repente, reservando el volteo exclusivamente para el "Gloria" de la Resurrección. Otra característica de estos toques era que se producían al unísono en toda la ciudad, como sigue mandando la "Epacta Valentina": en ambos cánticos solemnes del "Gloria" se tocaba cuando lo hacía la Catedral, iglesia madre de las otras, y nadie osaba tocar antes o después, aunque sus oficios tuviesen lugar a otra hora. De esta coordinación, que quiere mostrar una unidad de campanas en una diversidad de templos, hablaremos otra vez.

Para nosotros, campaneros, lo importante es recuperar ese sonido dramático de las matracas, que vuelven a sonar en unas ciudades nuevamente silenciosas, posiblemente porque están vacías ya que muchos de sus habitantes aprovechan el "puente" para conocer otras ciudades, otros lugares.

Francesc LLOP i BAYO
(Publicado en "Iglesia en Valencia" - València)
  • Matracas: Bibliografía

     

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