GARCÉS, Laura - El cardenal Carles descansa ya ante el altar de la Virgen de los Desamparados

El cardenal Carles descansa ya ante el altar de la Virgen de los Desamparados

Martínez Sistach destaca en su homilía la dedicación del purpurado valenciano a la Iglesia universal

Monseñor Ricard María Carles Gordó ya descansa para siempre en la «tierra que le vio nacer a la vida y a la fe». El cardenal valenciano, arzobispo emérito de Barcelona, fue enterrado ayer en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, ante el altar de la Mare de Déu, como era su voluntad. El féretro del purpurado, que falleció el martes en Tortosa a los 87 años de edad, llegó alrededor de las cinco de la tarde a Valencia, donde tuvo lugar una misa exequial en la catedral y el entierro en la Basílica. Por la mañana s celebró un funeral en Barcelona.

El himno de la Coronación de la patrona de Valencia, entonado por las voces de la Escolanía, sonó en el momento en el que los restos mortales de monseñor Carles fueron depositados en el sepulcro de dos metros y medio de profundidad excavado hace seis años en el lado derecho del altar de la basílica. Junto al féretro se introdujo un cilindro de poliuretano que contenía ejemplares de periódicos del día, varias monedas en curso, una copia del documento de su designación como cardenal y otra de su escudo cardenalicio.

La celebración exequial, que contó con numerosos fieles, con amplia representación de la Iglesia y de las instituciones valencianas, comenzó alrededor de las cinco y media con la salida del cortejo fúnebre desde la sacristía hasta la puerta románica de la catedral. Allí se encontraba el coche fúnebre que había trasladado los restos mortales del purpurado desde Barcelona.

Los cirios, la cruz y el evangeliario abrieron el cortejo. A continuación, el cabildo de la catedral de Valencia y también el de la Seo barcelonesa. Les seguían los nueve obispos que llegaron a la ciudad desde sus respectivas sedes episcopales. Jesús Murgui, de Alicante; Casimiro López, de Castellón; Vicente Juan, de Ibiza; Enrique Benavent, de Tortosa; Juan Piris, de Lérida; José Gea, emérito de Mondoñedo-Ferrol; el obispo auxiliar de Barcelona, monseñor Sebastiá Taltavull y el secretario de la Conferencia Episopal Española, monseñor José María Gil Tamayo.

Cerraban la procesión el cardenal Arzobispo Emérito de Sevilla, monseñor Carlos Amigo; el Arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro y el cardenal Arzobispo de Barcelona, monseñor Lluís Martínez Sistach, quien portaba el báculo y presidió la misa y el posterior entierro. Bajo el arco románico del templo el féretro fue bendecido y desde allí trasladado a hombros de sacerdotes hasta el altar mayor de la catedral donde fue depositado en el suelo.

En el interior del templo ya se encontraban los familiares del purpurado, así como la amplia representación de autoridades valencianas y de distintas instancias sociales. A todos ellos se unieron numerosos fieles que quisieron dar su último adiós al cardenal valenciano. La representación institucional contó con la delegada del Gobierno, paula Sánchez de León; el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra; el presidente de Les Corts, Juan Cotino y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. También asistieron autoridades militares.

La homilía

La homilía la pronunció el cardenal Martínez Sistach quien recordó el deseo de Carles de ser enterrado junto a la Virgen de los Desamparados en el mismo lugar, «donde sus padres contrajeron matrimonio». El Arzobispo de Barcelona, que pronunció algunas palabras en catalán, recordó la trayectoria de monseñor Carles al señalar que hacía el bien «no sólo en esta querida archidiócesis de Valencia, en la de Tortosa y la de Barcelona, sino también en el conjunto de las diócesis de España, y en la Iglesia universal como colaborador del Santo Padre».

Sistach elogió la profunda devoción a la Mare de Déu dels Desamparats del cardenal Ricard María Carles, y también por la Virgen de la Merced y la de Montserrat. Destacó que «vivía la fe de sus padres. Fue su madre la primera inspiradora de su amor a Cristo, a la Iglesia y a María, sobre todo, a la Virgen de los Desamparados».

Martínez Sistach llamó la atención sobre el hecho de que monseñor Carles llevará el nombre de María, junto al de Ricard «por haber nacido el 24 de septiembre», día que se celebra una fiesta mariana como es la de la Virgen de la Merced. Las últimas palabras de la homilía las pronunció en catalán para desear al cardenal valenciano que fue arzobispo de Barcelona durante 14 años que «al cel sigui el nostre germà i intercedeixca per totes les diòcesis que ha servit: València, Tortosa i Barcelona».

También monseñor Osoro glosó algunos aspectos de la vidadel cardenal fallecido, a quien definió como «un valenciano hombre de Dios». El arzobispo pronunció estas palabras al finalizar la misa, antes de la bendición. En su intervención hizo hincapié en la voluntad de monseñor Carles de «regresar a la tierra que le vio nacer a la vida y a la fe». A estas palabras añadió el agradecimiento de la Iglesia valenciana a los sacerdotes y prelados llegados desde otras diócesis. También trasladó su gratitud a las autoridades.

La amplia representación de fieles llegados desde Tavernes de Valldigna, así como de una representación del Consistorio de la localidad de La Safor, también recibió palabras de agradecimiento del prelado. Monseñor Carles fue párroco de esta localidad valenciana en los primeros años de sacerdocio y muchos de aquellos fieles se acercaron a Valencia para despedirle.

En esa localidad, como recordó Josefa Arlandis, vecina de Tavernes de la Valldigna, «se le recuerda mucho» porque era «una persona familiar, muy cercana». Esta fiel que no quiso faltar en el último adiós al purpurado puso el acento en que eran muy frecuentes «las visitas que havía a los enfermos».

Tras la alocuciónde Osoro la misa exequial llegó a su fin. Llegó el momento de la inhumación de los restos mortales del cardenal, que fueron llevados a hombros desde la catedral a la Basílica de la Virgen.

El mismo cortejo, al que se unió la familia del falecido, que había conducido el féretro hasta el Altar Mayor de la catedral fue el que acompañó los restos mortales hasta el sepulcro donde se enterraron. Monseñor Carles es el segundo purupurado que recibe sepultura en la Basílica. El anterior fue el purpurado valenciano Juan Bautista Benlloch, falecido en 1931.

Entierro

La procesión abandonó la catedral por la salida románica. A través de la plaza de la Almoina discurrió, bajo la lluvia y acompañada por el toque de difuntos de las campanas del Miguelete, hasta llegar al pasaje Aparicio Olmos, donde se encuentra la puerta de bronce de la Basílica. Este acceso, de frente a la imagen de la patrona de los valencianos, fie el escogido para la entrada del féretro. En el interior del templo ya esperaba la Escolanía acompañada por su director, Luis Garrido. Estas voces blancas entonaron un cántico dedicado a la Virgen a la llegada de la procesión. El féretro se colocó en la parte izquierda del altar. A continuación monseñor Osoro bendijo la sepultura.

Tras la bendición, los sacerdotes que habían trasladado los restos mortales de moseñor Carles hasta la Basílica volvieron a cargarlos sobre sus hombros para acercarlos hasta el sepulcro donde, cuando pasaban algunos minutos de la siete de la tarde, quedaron sepultados. Al mismo tiempo, en un momento cargado de emoción, las voces de la Escolanía entonaban el Himno de la Coronación dedicado a la Virgen de los Desamparados.

GARCÉS, Laura

Las Provincias (20-12-2013)

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