PARISE, Eduardo - La campana que llama al Año Nuevo

La campana que llama al Año Nuevo

La tradicional ceremonia se realizó ayer. Es uno de los tantos atractivos del Jardín Japonés.

Tsuri-Gane. La campana no tiene un badajo dentro y suena por los golpes del madero. Tal como ésta, hay sólo otras 15 en el mundo. - Autor: GENLOTE, Marcelo
Tsuri-Gane. La campana no tiene un badajo dentro y suena por los golpes del madero. Tal como ésta, hay sólo otras 15 en el mundo. - Autor: GENLOTE, Marcelo

La fiesta forma parte de una tradición budista que sirve para marcar el paso del año viejo hacia el nuevo. En japonés se la conoce como Joya no Kane, lo que equivale a decir “el toque de la campana”. La historia revela que esa acción surge cuando se hace sonar el Tsuri-Gane, una gran campana que, a diferencia de las que conocemos, no tiene badajo adentro: su sonido se logra golpeándola con un gran madero que está atado con sogas y colgando a uno de sus lados. Esa ceremonia es la que ayer se cumplió en el Jardín Japonés, en Palermo.

Según un viejo proverbio japonés, el Año Nuevo es la llave para abrir el año. Por eso el toque de la campana sirve para llamar la atención y pensar cuáles serán las pautas para los doce meses siguientes. Dicen que el tañido deber escucharse 108 veces. ¿La razón? En el budismo se piensa que cada hombre tiene 108 pecados y que, al escuchar esos sonidos, puede reflexionar y así desecharlos.

La que está en Buenos Aires es una de las 16 campanas de la Paz Mundial que hay en el mundo. Fue donada por la Asociación que lleva ese nombre y su sonido también se hace escuchar el tercer martes de septiembre de cada año, cuando se realiza la conmemoración del Día Internacional de la Paz. El campanario, al igual que el madero que se usa para el tañido está hecho con un duro quebracho colorado traído desde Santiago del Estero. El diseño del recinto sigue, obviamente, una línea japonesa. En cuanto a la campana, que es de hierro, fue hecha con monedas acuñadas en todo el mundo. Se la instaló el 3 de febrero de 1998.

Por supuesto que este elemento especial es parte de toda la escenografía armónica que tiene el Jardín Japonés, que se inscribe en un estilo denominado Kai-Ro-En; es decir: “de paseo y recreación”. El Jardín, con sus asimetrías y sus líneas curvas se diferencia así, claramente, de los jardines europeos al estilo Versalles. Aquí, todo está hecho con materiales rústicos y se lo considera uno de los más importantes del mundo, fuera de Japón. Su superficie totalmente irregular tiene 150 metros en el frente y 70 en el fondo. Pero sus laterales miden 200 y 250 metros.

Todos los elementos que están en el lugar tienen su importancia. Un detalle: las cascadas, que representan “el fluir de la vida”, corren de Este a Oeste. Esto es así porque se supone que en oriente está el bien y en occidente el mal. Entonces, con esa circulación el agua va alejando lo malo de lo bueno. También las piedras son fundamentales ya que se las considera obras de arte de la naturaleza, creadas por Dios. Se las asocia simbólicamente con la eternidad. Cuando se las agrupa de a tres, se forma lo que llaman el Ishi-Gumi, un conjunto donde la más alta representa al cielo, la intermedia simboliza la tierra y la más chica, alude al hombre.

El Jardín Japonés de Buenos Aires fue inaugurado el 17 de mayo de 1967 durante la visita que hicieron el entonces príncipe heredero Akihito y su esposa, la princesa Michiko. Lo habían instalado en un terreno que pertenecía a la Plaza Japón. El 10 de junio de 1997, después de treinta años y ya ambos como emperadores, volvieron otra vez. Es probable que en esta nueva visita hayan visto el Shishiodoshi, un elemento que sirve para ahuyentar a los jabalíes. Este “aparato” está formado por una caña de bambú por donde fluye agua, lo que permite mover un contrapeso de piedra que genera un ruido especial. Dicen que ese sonido es el que aleja a los jabalíes, aunque en Palermo estos animales no abunden. Pero esa es otra historia.

PARISE, Eduardo

Clarín (30-12-2013)

  • BUENOS AIRES: Campanas, campaneros y toques
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