LIBERACIÓN DIGITAL - El doblar de las campanas de Jönköping

El doblar de las campanas de Jönköping

Sofiakyrkan, Jönköping Maj 2006 - Autor: BY-SA 3.0
Sofiakyrkan, Jönköping Maj 2006 - Autor: BY-SA 3.0

El 1ero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, se celebró como de costumbre con manifestaciones en todo el país. En Estocolmo, el presidente del Partido de Izquierda pronunció su discurso en el Jardín del Rey, mientras que el líder de la Socialdemocracia lo hacía en Norra Bantorget.

Pero la noticia que trascendió las fronteras no fue lo que dijeron los líderes políticos, sino el doblar de las campanas de las iglesias de Jönköping. «Las campanas no han tañido así desde 1939, al estallar la Segunda Guerra Mundial», explicó el sacerdote Fredrik Hollertz a la prensa.

A medida que se acercan las elecciones es imposible dejar de apreciar un clima más tenso entre los grupos antagónicos en la sociedad sueca.

Los habitantes de Jönköping se han visto más afectados que otros, desde que Svenskarnas Parti (El Partido de los Suecos, agrupación neonazi) decidiera llevar a cabo su manifestación del 1ero de mayo en esta ciudad.

El que los nazis se manifiesten para el Día de los Trabajadores no es algo nuevo, en Suecia lo vienen haciendo desde 1939. Aunque vale decir que nunca habían estado tan activos como ahora, desde que el partido xenófobo Demócratas de Suecia (Sverigede-mokraterna) ganara escaños en el Parlamento, las agrupaciones de extrema derecha y fascistas han salido de sus escondites.

Desde el parlamento, los Sverigedemo-kraterna han contribuido a hacer parecer normales las tendencias racistas y xenófobas en la sociedad sueca. Oscuras fuerzas que antes se refugiaban en el anonimato ahora se han atrevido a ser públicas. Y no pierden la oportunidad de difundir su mensaje de odio en nombre de la democracia y la libertad de expresión.

Por segundo año consecutivo, el Partido de los Suecos se manifestó en las calles de Jönköping, y el hecho de que la policía les concediera el permiso necesario ha sido fuertemente criticado.

La policía ha tenido un rol bastante peculiar, en todo este último acrecentamiento de la violencia en Suecia.

El año pasado envió a seis –sí, seis– policías, que luego pidieron refuerzos, a vigilar una manifestación en contra del racismo, en la comuna de Kärrtorp. Y a Jönköping envió 450 uniformados, a vigilar una manifestación nazi en la cual participaron no más de 150 personas.

La jefatura de la policía de Jönköping se ha defendido diciendo que la democracia implica el derecho de todos a manifestarse.

Aunque la «democracia» que defienden los nazis es la democracia en la cual los trabajadores se deben adaptar desinteresadamente a un sistema donde sus intereses se subordinen a la dictadura de la raza pura.

Y escoltados por la policía se atrevieron a marchar por las calles de la ciudad, ante el descontento de la gran mayoría de los habitantes de Jönkö-ping; y, por supuesto, de las contra manifestaciones, que, según testigos oculares, convocaron a unas siete mil personas, que con vuvuzelas, pitos y pancartas manifestaron su repudio a los nazis. Algunas bloquearon las calles con el fin de retrasar la marcha, otras se sentaron en la calle, en una protesta silenciosa, otras obligaron a los nazis a cambiar su ruta.

Como siempre se produjeron tumultos y como siempre la policía apresó a una veintena de personas.

Pero esta vez los anti nazis y las fuerzas democráticas de la ciudad tuvieron un poderoso aliado: La Iglesia. (Otro articulista lo llamaría «el poder divino»).

Porque en circunstancias que la policía no solo extendió el permiso para la manifestación nazi, sino que al mismo tiempo aconsejó a la población quedarse en sus casas, la iglesia de Sofia (Sofiakyrkan) convocó a un servicio religioso bajo la consigna de «manifestar humanidad, amor y caridad».

Según los sacerdotes de las iglesias de Jönköping, Jesús ama a todos sus hijos. No les gusta el mensaje de odio de los neonazis, de que se hagan diferencias entre los seres humanos.

De esta forma algo muy peculiar se desarrolló en la ciudad de Jönköping este primero de mayo. En tanto que las fuerzas policiales hacían estallar un objeto explosivo que alguien había colocado en un punto de la ciudad, las campanas de las iglesias Sofia y Kristine se escuchaban desde todas partes. Y cuando los nazis desfilaron con sus banderas suecas y su redoble de tambores, el repicar de las campanas de las iglesias ahogó sus consignas.

Como explicó a la Radio Sueca el pastor Fredrik Hollertz: «Ellos tienen derecho a manifestar pero nosotros también tenemos derecho a manifestar que no estamos de acuerdo».

Sabias palabras que deberían ser escuchadas por todos quienes defienden el derecho democrático de una manifestación nazi un 1ero de mayo.

«Quienes estábamos a cargo del servicio religioso habíamos conversado previamente de hacer sonar las campanas, y ayer se decidió que íbamos a hacer lo que se hacía antiguamente para advertir de un peligro. No es un tañido especial, pero en un servicio religioso las campanas se escuchan durante algún minuto, ahora lo hicieron por un espacio de dos horas, y cuando el Partido de los Suecos estaba muy cerca, hicimos sonar todas las campanas, para silenciar sus consignas», dijo Fredrik Hollertz.

El servicio religioso se llevó a cabo en colaboración con la Iglesia Sueca, la Iglesia Pentecostal, la Iglesia Católica y el Ejército de Salvación, congregando a unas mil doscientas personas. Y el doblar de las campanas fue noticia en todo el país, trascendiendo las fronteras.

«La gente está contenta y emocionada de que la Iglesia le haga frente al nazismo y al racismo», dijo Fredrik Hollertz al matutino Dagens Nyheter.

Según el sacerdote, se trata de defender la dignidad humana.

«Queríamos advertir acerca de lo que provoca que nuestra sociedad se cierre, cuando se trata de la democracia y la libertad de expresión. Queremos que aquellos que necesitan venir aquí lo puedan hacer, y que a cada persona que llegue a este país se le reciba con una mano extendida en lugar de un puño cerrado».

El doblar de las campanas llamó también a la calma, en medio de un clima bastante exaltado, y muchos se acercaron a elogiar la iniciativa de la Iglesia.

«Muchos nos dijeron que siguiéramos haciendo sonar las campanas, les pareció genial y nos dieron las gracias por ello. Quienes están familiarizados con la historia de Jönköping mejor que yo han dicho que las campanas no han repicado así desde 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. El pueblo de Dios en Jönköping ha estado unido en esto. Es algo que no ocurre todos los días», dijo Fredrik Hollertz.

Y otro sacerdote, Martin Ahlqvist, explicó al canal árabe de noticias, al-Jazira:

«En tiempos pasados, hacíamos sonar las campanas de la iglesia si había algún tipo de peligro… Queremos una sociedad abierta en Suecia. En la Iglesia decimos que toda persona es bienvenida. En este contexto el Partido de los Suecos constituye una amenaza».

Por supuesto que el acontecimiento fue ampliamente comentado en las redes sociales. El ex presidente del Partido de Izquierda, Lars Ohly, escribió en Twitter: «Pero lo mejor de todo fue el doblar de las campanas contra el racismo, en Jönköping».

Según Dagens Nyheter, Jan-Olof Johansson, Obispo de la Diócesis de Växjö, se encontraba en Turquía el 1ero de mayo y escribió en Twitter que «hasta en Estambul había escuchado las campanas de la Iglesia de Sofia».

Y entre los numerosos comentarios en las redes sociales al respecto, destacó el del escritor Dan Israel, quien tuiteó: «No preguntes por quién doblan las campanas. Las campanas doblan por ti –y por mí y por todos los demás…».

Por lo demás, no solo la Iglesia se movilizó en contra del racismo en Jönköping. El municipio cambió el letrero de bienvenida, al ingresar en auto a la ciudad y saludó a los automovilistas con un: «Jönköping contra el racismo».

De esta manera, la apacible localidad de Jönköping se transformó, a los ojos de una gran mayoría, en «una valiente ciudad».

El Partido de los Suecos se mostró muy indignado con todas estas iniciativas, y declaró que seguramente el próximo año nuevamente llevará a cabo su manifestación.

Pero en otra ciudad.

Más datos:

Dan Israel hizo referencia al poema de John Donne: «Las campanas doblan por ti».

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?

¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?

¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

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Liberación Digital (10-05-2014)

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