GUEVARA CASCO, Salvador - Por quién doblan las campanas

Por quién doblan las campanas

En algunos municipios de nuestro país aún persiste la costumbre ya casi pasada de moda, de hacer doblar y repicar las campanas de la iglesia principal, para llamar la atención de la población sobre el deceso de alguna persona conocida de la localidad o para anunciar una ceremonia religiosa, como por ejemplo una celebración litúrgica.

Desde luego, que el repicar de las campanas el 5 de noviembre de 1811 en San Salvador en la iglesia de La Merced, tuvo otra connotación: se anunciaba un acontecimiento político: el Primer Grito de Independencia.

En algunos lugares de nuestro país continúa practicándose esta costumbre. Cuando la gente oye que doblan las campanas, se pregunta: ¿Quién se habrá muerto?

En nuestro país, debido a la ola de criminalidad que enluta a las familias salvadoreñas, hemos ido perdiendo hasta el asombro ante la crueldad de los antisociales para quitar la vida a otras personas por causas que solo ellos conocen. Infortunadamente, ninguna institución pública o privada se preocupa por ayudar económicamente a las mujeres viudas y a los niños huérfanos, que solo tenían el apoyo del padre o la madre que fue asesinado. La reciente expresión “El Salvador está a punto de ser un Estado fallido”, usada en la homilía de la misa oficiada por el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, el 6 de agosto, podría decirse que en parte es acertada, porque pone el dedo en la llaga sobre la situación calamitosa que experimenta el país por el auge de la delincuencia y otros problemas que nos afectan desde hace décadas, sin que se vea la luz al final del túnel que nos permita afirmar que la situación mejorará con las medidas que el actual Gobierno está implementando.

Sin embargo, a la Iglesia católica y otras sectas religiosas, les hace falta más protagonismo para contribuir a la erradicación del flagelo de la delincuencia. No basta rezar. Al Gobierno por sí solo, no le es nada factible la solución de esta grave crisis que nos puede conducir a una debacle total, porque carece de los recursos suficientes para afrontar esta situación. Es imperativo lograr un pacto social en el que se involucre la empresa privada, universidades, iglesias, tanques de pensamiento, medios de comunicación y otros sectores, para encontrarle una solución viable a esta grave situación.

“Por quién doblan las campanas” es una obra literaria escrita por el novelista estadounidense Ernest Hemingway, publicada en 1940 con el título en inglés “For Whom the Bells Tolls”, donde el famoso escritor narra la participación de Roberto Jordán –protagonista de la obra— en la voladura de un puente durante la Guerra Civil de España. El autor de esta obra vivió en carne propia muchos episodios de este conflicto como corresponsal de guerra en ese país, experiencia que le sirvió para la redacción de esta interesante novela.

Sin embargo, el título de la novela de Hemingway que hoy comentamos proviene de la Meditación XVII, “Devotions Upon Emergent Occasions”, que data de 1624, atribuida a John Done –poeta y teólogo Inglés– la cual expresa: “Nadie es una isla, completo en sí mismo, cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio o la casa de uno de tus amigos o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad y, por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

GUEVARA CASCO, Salvador

La Prensa Gráfica (16-08-2014)

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