POR VALENCIA - Un burro en el Miguelete

Un burro en el Miguelete


La torre de El Miguelete, “El Micalet”, es probablemente el edificio más famoso de la ciudad, y constituye todo un símbolo de la misma, para muchos el más genuino. Campanario de la catedral, su edificación se inició en 1381 y se acabó en 1425, aunque quedó sin rematarse, lo que se hizo entre 1660 y 1736 con la construcción de la espadaña.

Con sus 51 metros de altura hasta la terraza y los 207 escalones que hay que subir para llegar a ella, los que han ascendido por esa estrecha escalera saben el esfuerzo que hay que realizar para disfrutar de sus espléndidas vistas. Quienes hayan hecho ese esfuerzo Torre del Migueletecomprenderán mejor la magnitud de la broma que vamos a relatar, muy famosa en su época.

Originalmente, el Miguelete se hallaba exento y separado del edificio de la catedral. En 1459 se iniciaron las obras de ampliación de la misma, que incluían entre otras reformas la unión de la torre y el aula capitular. El Cabildo encargó estas obras al maestro cantero Francisco Baldomar, reconocido profesional y por lo visto excelente persona de carácter confiado y pacífico. De ello se aprovechaban sus trabajadores y obreros, que a menudo le martirizaban con chanzas y bromas más o menos pesadas.

En una ocasión, sin embargo, las cosas llegaron demasiado lejos. El maestro Baldomar guardaba en un cobertizo cercano un borrico de su propiedad, al que al parecer guardaba un gran cariño. Sabedores de ello, un grupo de bromistas sacaron al animal de allí y, al amparo de la noche, consiguieron –después de grandes esfuerzos, suponemos- subirlo hasta lo alto del Miguelete, donde lo dejaron sin que nadie en la ciudad se apercibiera de la maniobra.

Al día siguiente, la sorpresa de los sacristanes que subieron a la torre para hacer sonar las campanas fue mayúscula cuando se encontraron al pobre animal en la terraza. Aterrorizados corrieron escaleras abajo para comunicar la noticia, y como solía ocurrir en esa época se atribuyó el suceso a la intervención del diablo. Lo mismo pensó al enterarse el bueno de Baldomar, quien no podía explicarse cómo su burro había podido aparecer en lo alto del Miguelete, salvo por magia y brujería.

Pero pronto se descubrió que todo había sido una broma pesada y aunque Baldomar protestó ante el Cabildo, no obtuvo otra cosa que la orden de retirar inmediatamente al animal del lugar sagrado. Si difícil había sido subir al burro a lo alto del Miguelete, bajarlo resultó ser una tarea imposible, porque el animalito se negaba a bajar por las escaleras. Al pobre Baldomar no le quedó más remedio que contratar a unos marineros expertos en el traslado de grandes pesos mediante poleas, y de esa forma se pudo bajar al infortunado pollino, que llegó a tierra asustado y mareado, pero sano y salvo.

Naturalmente, el suceso ya se conocía en toda la ciudad y fue una multitud la que se congregó en torno a la catedral para ser testigos del insólito rescate, del que se siguió hablando durante mucho tiempo. Es evidente que si los valencianos tenemos fama de bromistas y despreocupados, ya nuestros antepasados hacían buen honor a ello.

Por Valencia (2014)

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    : 23-06-2017
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