VARO, Antonio - Campanas

Campanas

«Comprendí que una Misa de Pastores sólo puede terminar en la Catedral con un villancico de la tierra»

El día de Navidad asistí, como cada año, a la Misa de Pastores en la Catedral. La mañana de luz limpia y fresca invitaba a celebrar con calma y alegría el Nacimiento del Señor. Y, como cada año, esperé a que el coro –esta vez el del Seminario bajo la dirección de Antonio Murillo– entonara el villancico que cada año espero escuchar en ese lugar y a esa hora: las «Campanas de la Catedral», de Ramón Medina. Es imposible que no oiga esa composición sin que se me ponga un nudo en la garganta y me empiecen a brillar los ojos más de la cuenta: era el villancico favorito de mi madre, y eso es imposible de olvidar. A cierta edad, hay cosas —músicas, olores, sabores, lugares, situaciones— que han ido dejando en la vida de uno huellas, quizá cicatrices, a las que es imposible en ocasiones impedirles que nos revivan de nuevo lo que el tiempo de llevó. El villancico de Ramón Medina es, al menos para el que suscribe, una de esas magdalenas de Proust cuyo sabor no se pasa con el avance de los años. Es más, como el buen vino o el brandy de solera, mejora cada vez que se saborea.

Se hizo de esperar el coro para interpretarla, y de hecho fue la última composición que sonó cuando los últimos fieles se acercaban a besar el pie de la imagen del Niño; sólo al final comprendí que una Misa de Pastores sólo puede terminar en la Catedral de Córdoba con un villancico de la tierra, que tal vez no sea un clásico ni pase a la historia de la música, que no tiene ni la devota solemnidad del «Adeste Fideles» ni la alegría veloz del menos conocido «Gaudete, gaudete» ni mucho menos la superficial universalidad del «Jingle Bells».

Llevando las cosas al extremo, sería capaz de concebir una Navidad sin árbol ni alumbrado especial en las calles, una Navidad sin Papá Noel e incluso sin Cabalgata de los Reyes Magos (sobre todo vista la deriva que lleva en Córdoba desde hace décadas). Pero que no me quiten el villancico de Ramón Medina. Eso sí, el bueno de don Ramón cometió un error en el título, aunque no en la letra: el título oficial de «Campanas de la Mezquita». Debería ser «Campanas de la Catedral», porque no hay en el mundo ni una sola mezquita con campanas.

VARO, Antonio

Abc de Sevilla (27-12-2014)

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