MOJICA PATIÑO, José Alberto - Saúl Tristancho es el último campanero de Nobsa (Boyacá)

SaÚl Tristancho es el Último campanero de Nobsa (Boyacá)

SaÚl Tristancho hace sus campanas en un viejo horno que tiene en su casa. Foto Rodolfo González

Dicen en Nobsa que cuando doblan las campanas de los Tristancho, lloran las iglesias. De eso está seguro SaÚl.

El oficio que le da de comer a él y a su familia es una tarea ancestral que ya cumple dos siglos en Nobsa, un pueblo boyacense de unos 3.000 habitantes.

Este hombre, de 44 años, casado y padre de tres hijos, sabe que no le puede faltar al legado de sus antepasados. Sus tatarabuelos, abuelos y tíos, al igual que su padre, son los pioneros de la fundición de campanas en Colombia, y SaÚl es el Último de ellos, responsabilidad que no lo deja tranquilo.

Las campanas que hace esta familia de la vereda Icuengá, de Nobsa, despiertan el oído de miles de almas adormecidas en las mañanas y anuncian un sepulcro como si cada campanario también llorara al difunto.

Sus obras de arte engalanan unas 30 iglesias boyacenses, varios templos de Bogotá y de otras regiones del país, e incluso imponentes catedra-les de provincias de Italia y Francia.

Para SaÚl Tristancho, fabricar campanas es más que un trabajo. El reto es hacerlas de manera artesanal en fogones de leña y con materiales rudimentarios. Todas deben quedar con el toque especial de los Tristancho: su cantar o tañir es distinto al de las demás, más claro y agudo segÚn su tamaño.

Y también cuentan que el calibre de la 'voz' de sus creaciones es uno de los secretos mejor guardados en la familia. Al parecer, tiene que ver con un ingrediente que se le adiciona al cobre y al estaño. De eso no habla SaÚl.

Que no callen

Lo cierto es que hoy la tradición está en riesgo. Por eso es que SaÚl no puede dormir tranquilo Últimamente. Y aunque dice que seguirá fundiendo campanas hasta que el calor infernal de los fogones lo dejen tieso por la artritis, confiesa que la saga de los Tristancho podría llegar a su fin.

De sus tres hijos solamente uno es varón, Rigoberto, de 16 años, que no está muy convencido de querer seguirle los pasos a su padre.

"Este es un trabajo rudo y para machos", responde el artesano cuando se le pregunta sobre el interés de sus dos hijas en el arte de hacer campanas.

Rigoberto sueña con salir de la vereda y estudiar, ser todo un profesional, y así sacar adelante a su familia. Aunque se siente orgulloso del trabajo de su padre, anhela un futuro menos esclavizante.

Por ahora, SaÚl, uno de los Últimos fundidores de Nobsa, quiere seguir siendo esclavo del sonido de sus campanas... con eso nació y así morirá. Ese, por lo menos, es su destino.

Trabajo de toda una vida

No hay datos precisos sobre cuántas campanas han elaborado los Tristancho en los Últimos 200 años, pero se presume que son más de 10.000.

La tradición familiar empezó con Juan José Tristancho, quien aprendió a fundir campanas por unos religiosos.

De allí vinieron sus descendientes y otros fundidores célebres como Marcos, Luis Felipe, Hernán y Segundo Tristancho, este Último, padre de SaÚl y Octavio.

Estos dos Últimos y un primo llamado Sergio, son los Últimos tres fundidores de campanas de Nobsa. Ellos conservan la tradición tal cual, como lo hicieron sus antepasados. Elaboran los moldes con barro, estiércol de caballo y tierra arenosa.

El tamaño depende de cómo la quiera el cliente. SaÚl ha hecho campanas desde 500 gramos hasta de 300 kilos. Las funde en un horno de leña que lleva más de 100 años de construido en su humilde casa de adobe, con una aleación de cobre y estaño que produce el ardiente 'jugo' que termina en bronce.

José Alberto MOJICA PATIÑO
"El Tiempo (Colombia)" (23/04/2005)
  • NOBSA: Campanas, campaneros y toques
  • TRISTANCHO, SAÚL (NOBSA): Inventario de campanas
  • Fabricación, fundición de campanas: Bibliografía
  • Fundidores de campanas: Bibliografía

     

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