A. P. F. - La torre gótica de Xàbia se cae a pedazos

La torre gótica de Xàbia se cae a pedazos

La madera del suelo del campanario está podrida y los peldaños de tosca de la escalera sufren erosión






«¡Dejad de tirarme piedras!», exclamó ayer una joven mientras bajaba, seguida de varios amigos, por la escalera de caracol de la torre de la iglesia de Sant Bertomeu de Xàbia. Sus amigos le aclararon que ninguno de ellos le había tirado nada. Los trocitos de tosca que a la chica le caían se iban desprendiendo de las paredes.

La iglesia gótica no está, de hecho, para muchos trotes. Su torre, a la que sólo se puede subir un día al año (el de ayer, Viernes Santo), ejemplifica un deterioro que se ha agravado en las últimas décadas. En el campanario, el abandono es más que evidente. Los listones de madera están podridos y algunos ya se han roto. Es mejor no aventurarse por el quebradizo entarimado. El suelo parece que se va a hundir de un momento a otro.

Subir a la torre es un privilegio. Es el techo de Xàbia. Su sobria arquitectura delata el origen fortificado de la iglesia. Ya es tradición que, tras el Via Crucis de las siete de la mañana del Viernes Santo, el párroco de Sant Bertomeu, Vicent Gilabert, deje que los vecinos descubran el campanario. Así pueden admirar los peculiares muntons (semiesferas que coronan la bóveda de crucería) de la cubierta del templo.

Quien subió ayer al campanario ya iba advertido. El sacerdote había avisado de que mejor quedarse en los muntons y no seguir más arriba.

El campanario, ni pisarlo. Su suelo es una trampa. La madera está hecha trizas. Los sillares de tosca también se ven aquí muy desgastados. De los arcos que alojan las cuatro campanas, se van desgajando piedrecitas. Además, el óxido hace estragos en los engranajes. La instalación eléctrica tampoco da mucha seguridad. Algunas cajas están abiertas y con los cables a la vista. En un rincón, entre trocitos de tosca, hay una aceitera herrumbrosa que hace décadas se debió utilizar para engrasar las campanas.

Se puede llegar hasta lo más alto de la torre. Ningún edificio está en Xàbia más cerca del cielo. Pero ese último tramo de la escalera elíptica es el más castigado por la erosión. El eje de tosca (hace de pasamanos puesto que no hay barandilla) está incluso roto. La iglesia de Sant Bertomeu, que es una de las joyas del gótico valenciano, pide a gritos una restauración que ya ni se contempla. En 2006, la conselleria de Cultura y la Fundación Caja Madrid anunciaron un proyecto de 2,4 millones de euros. Las obras ya se hacían entonces urgentes. El templo sufría goteras y la gran campana, conocida como la Grossa o la Bertomeua, no podía voltear por el deterioro del campanario. Pero, con la crisis, el proyecto quedó aparcado sine die. Se planteaba hacer visitable la cubierta y la torre. El interés turístico era indudable. Ahora se puede subir un día al año. Y de milagro.

A. P. F.

Levante - El Mercantil Valenciano (04-04-2015)

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