JAC46 - Campanas

Campanas


Una previa: El hecho se produce con gran agravio en cualquier pueblo de España, y menos en las grandes ciudades: los curas, cuando según la tradición tienen que celebrar eventos, santos patronos y fiestas patronales sueltan amarras campaniles y se lucen que da gusto. No respetan sueños, ideologías ni descansos populares. Los volteos son espectaculares, por no decir que, más bien, son declaradamente obscenos.

Comentario: Es un suponer. Imagínate que a un servidor se le ocurre coger la campana que tiene en su pérgola y de madrugada se pone a tañerla debajo de la casa del señor alcalde, o del juez de paz, o del concejal de la oposición, o del cura. En el caso que fuera en la casa del señor alcalde, por poner un ejemplo, me imagino que saldría al balcón o a la ventana y con buenas o malas palabras diría que no son horas, que dejara de tocar y que me fuera a dormir. Tendría toda la razón del mundo porque no son horas.

Recuerdo que cuando era niño el final de la hora de la siesta lo marcaban las campanas de la ermita. Este uso correcto y social de las campanas con el tiempo dejó de tener vigencia cuando los nuevos tiempos dotaron a todo el mundo de relojes o de despertadores.

Uno quiere ir al cine y las campanas de la iglesia no le dicen que ya son las seis. No. El cinéfilo ya sabe todos los horarios y no necesita que nadie le recuerde con toquecitos de campanario cuándo se tiene que poner en marcha para ir al cine. Sabemos que el autobús llega a la nueve y ningún toque de campanas nos lo recuerda. Salimos de casa y lo esperamos en su parada. Tengo turno a las cinco en la peluquería y nadie me recuerda que ya es la hora. Yo lo sé porque así me lo indica mi preocupación por ser puntual y llegar al turno que me han dado. Y si soy un católico practicante nadie me tiene que recordar que la misa diaria es a las siete de la tarde y la dominical a las, por ejemplo, doce del mediodía. Las horas son esas y yo estoy pendiente de llegar a la iglesia a mi hora. No necesito que nadie me lo recuerde. Es mi necesidad y estoy pendiente por ello.

Todo este largo preámbulo viene a cuento de lo siguiente: Los curas tienen patente de corso para voltear las campanas cuando le viene en gana. Lo mismo les da que sea temprano o entrada la noche. Si hay normativa municipal contra los ruidos o no la hay. Me dirán que cuando voltean las campanas celebran una alegría y un rebato sin límites. Me parece estupendo que la celebren. Pero que lo hagan en su casa y se dejen de chorradas.

Ya estará bien que en los tiempos que corren estas gentes sigan creyendo que son las dueñas del universo. A mí, en absoluto, me representan, y a muchas gentes tampoco. Deberían, pues, de dejar de molestar y de intimidar. Y es que, claro, como nadie les planta cara a los curas, como nadie los sanciona por incumplir las ordenanzas municipales, pasa lo que pasa.

Mi idea es que en estos momentos las campanas deberían estar calladitas en sus campanarios y ejercer de elementos decorativos. Y en caso de utilizarlas tendría que ser en casos muy contados y con fines civiles, faltaría más.

JAC46

El liberal escandalizado (24-05-2015)

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