Á. S. - La ciudad vuelve a rendirse a su fiesta con más solera

La ciudad vuelve a rendirse a su fiesta con más solera

Miles de pequeños entran en Cabillers tras la «Degollà» y transforman la calle en una estampa veraniega

Si algo tiene el Corpus es que sorprende. Al vecino da Valencia, que cada año responde a la llamada del Micalet el único día en el que voltean todas sus campanas „menos el «Jaume», este año„ y que siempre encuentra algo nuevo. A quien lo ve por primera vez, siendo de Valencia, que descubre un mundo nuevo y una fiesta nueva. Y por supuesto al turista, tanto extranjero como nacional, que no entiende nada. Un grupo de turistas británicos en chanclas y camiseta de manga corta se preguntaban ayer en la plaza de la Virgen si la «moma», la figura que representa la virtud apaleada por los siete pecados capitales „los «momos»„, era un fantasma mientras a su lado varias señoras recién salidas de misa observaban con devoción las «dansaes». Así es el Corpus Christi, la fiesta más antigua de la ciudad y que año tras año congrega a miles de espectadores que presencian en primera persona la versión actualizada de una celebración que en la Edad Media se utilizaba para evangelizar a las clases populares.

Poco queda de eso. Aunque la base del Corpus Christi sigue siendo una fecha en el calendario litúrgico, en realidad es un acto lúdico y festivo en la que ya no hay adoctrinamiento ni evangelización. Sí, los personajes del Convite siguen siendo religiosos, pero cada año son menos los que ven el Corpus Christi como un acto católico y más como una fiesta con raíces católicas. Como las Fallas. No es casualidad, pues son las comisiones falleras las que más alimentan de participantes los eventos del Corpus, algo que no es tan marcado en otras fiestas de la ciudad como la Semana Santa Marinera.

En cualquier caso, ayer los valencianos no faltaron a su cita con el Convite y con la «Moma», el personaje más querido de la cabalgata. Lo hicieron bajo un sol de justicia, que volvieron a sufrir, un año más, sin el toldo que solía cubrir en este tipo de eventos la plaza de la Virgen. Eran muchos los que buscaban la sombra para presenciar las «dansaes», características de esta fiesta.

Pero aún eran más quienes rondaban por la calle del Mar, epicentro de uno de los episodios más celebrados: la «poalà», que ayer vino muy bien para aliviar el calor. También fue un foco de atención porque en la memoria de todos, y sobre todo en la de los organizadores, estaba lo ocurrido el año pasdo, cunado una de las «dansaes» se demoró más de la cuenta en la calle Cabillers, donde, según explicó ayer el presidente de Amics del Corpus, Francisco Esteve, «no hay espectadores y nadie los ve». Ello provocó un retraso considerable, de más de media hora, en la entrada de la «Degollà», el grupo que representa a los soldados que Herodes mandó a asesinar a los primogénitos judíos según la Biblia, en la calle del Mar. La entrada de la «Degollà» provoca la «poalà», el episodio más celebrado del recorrido, lo que en 2014 provocó sonoras quejas por parte de Amics del Corpus al ayuntamiento. Fue todo un malentendido entre la «dansa» que se explayó más de la cuenta y el funcionario municipal que no permitió la entrada de la «Degollà» al momento. Pero esa situación este año no se dio y el grupo de jóvenes entró con normalidad a la calle del Mar. No se recuperó la normalidad en el Micalet, donde el «Jaume», roto desde Navidad, no volteó con las otras campanas como es tradición.

Á. S.

Levante - El Mercantil Valenciano (08-06-2015)

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