ASENSIO, Agustín - Don Remigio el Campanero

Don Remigio el Campanero

Don Remigio era el campanero de un viejo pueblo. El buen hombre no era muy agraciado: su nariz parecía un matacandiles y sus orejas un par de soplillos.

Pero tenía unas manos de ángel. Nadie sabía tañer como el las campanas de la iglesia.

Su indumentaria de viejo artista y sus bolsillos repletos de caramelos entusiasmaban a los chiquillos, que se arremolinaban a su lado para verle tocar.

Las campanas repiqueteaban y sus sonidos explotaban como fuegos artificiales bajo el atardecer.

La gente del pueblo decía que cuando tañía las campanas los pájaros enmudecían para no molestar.

Todos estaban muy contentos por tener a don Remigio como campanero.

Pero una noche una gran desgracia cayó sobre el pueblo. EL cielo se abrió arrojando agua, rayos y truenos. Las cosechas se inundaron y lo que es peor, un rayo destrozo la cuerda de las campanas, que cayeron con gran estruendo.

El golpe las abollo, ya no era posible arrancar de ellas ni un solo sonido melodioso.

Don Remigio, al conocer la noticia se puso muy triste. “Que voy a hacer! Si no conozco otro oficio”

Todos los vecinos se apresuraron a ofrecerle un nuevo trabajo, pero don Remigio rehusó todos aquellos ofrecimientos con gran amabilidad, y dijo que el debía seguir practicando con las campanas.

Al día siguiente, muy de mañana, nuestro protagonista se puso en marcha.

Llego a un pueblo en el que encontró un pastor y le pregunto si tenían campanas, el viejo pastor le contesto que campanas no tenían, pero que hallaría unas vacas con cencerro. Don Remigio quedo muy extrañad pensó en lo difícil que sería obtener un sonido melodioso de un cencerro. Entonces le explico al pastor lo que el iba buscando y este le dijo que tendría que irse más lejos.

Caminando, caminando, encontró un campesino, que le ofreció alojamiento y un trabajo. El campesino lo condujo hasta un campo muy grande con mucho trigo crecido. En el centro plantado en una estaca, un viejo espantapájaros cobijaba, en sus viejas ropas un gran número de pequeñas aves.

El campesino, le ofreció trabajar como espantapájaros, pero don Remigio tubo una idea mejor.

Ato varios cordeles al espantapájaros y luego se sentó a lo lejos, justo al borde del campo, y tiro de los hilos. Entonces el muñeco y su ropa empezó a danzar, como si siguiera el compas de una extraña melodía.

Al poco rato empezó a circular la noticia por el pueblo y fueron muchos los que acudieron al campo para poder ver dicha maravilla.

Los días pasaban velozmente, nuestro protagonista estaba tan feliz con su nuevo trabajo que ya no se acordaba de las campanas, hasta que un día llego el hijo del alcalde para decirle que las campanas ya estaban arregladas.

Con tristeza le despidieron en el pueblo, pero prometió volver a enseñar al todo el que quisiera aprender a mover a un espantapájaros.

A las pocas horas las campanas de su pueblo esparcían su melodioso y agradable sonido por todo el valle.

Los unos a los otros se preguntaban cuanto debía de haber practicado don Remigio porque ahora tañía mejor las campanas, si cabía, que cuando se fue.

ASENSIO, Agustín

Tormenta Sideral (1984)

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