BARTOLOMÉ PÉREZ, Nicolás - La leyenda del Lago de Sanabria: Villalverde de Lucena

La leyenda del Lago de Sanabria: Villalverde de Lucena

La leyenda que narra como una inundación catastrófica destruye una ciudad, una región o incluso el mundo entero constituye un tema mitológico recurrente en todo el mundo desde tiempos remotos

La leyenda del Lago de Sanabria: Villalverde de Lucena - Autor: BARTOLOMÉ PÉREZ, Nicolás
La leyenda del Lago de Sanabria: Villalverde de Lucena - Autor: BARTOLOMÉ PÉREZ, Nicolás

La leyenda del lago de Sanabria, en Zamora, quizá sea la narración mitológica más significativa, compleja y hermosa de las que conforman el rico legado oral de la región leonesa. El Padre César Morán fue el primer etnógrafo que dio cuenta de esta leyenda, sin embargo fue otro gran investigador de la cultura popular del Reino de León, el zamorano Luis Cortés Vázquez, quien recogió las versiones más destacadas de esta relato popular, unas en lengua leonesa y otras en gallego, y quien dedicó a este tema sugestivos estudios.

Ninguna de las versiones de la leyenda la recoge íntegramente, aunque en esencia estas vienen a contar que antiguamente, en el lugar en el que podemos contemplar el lago de Sanabria, había una ciudad llamada Villalverde Lucerna. Un día se presentó en la localidad un pobre pidiendo limosna, que no era otro que Jesucristo, pero solo le socorrieron dos mujeres que estaban cociendo pan en un horno. Las mujeres metieron un cacho muy pequeño de masa en el horno que creció tanto que casi no pudieron sacar el bollo por la boca del horno; a continuación metieron a cocer un segundo trozo de masa más pequeño que el anterior del que resultó un pan mucho mayor que el primero, por lo que terminaron probando a introducir una masa mayor de la que resultó un bollo normal que le dieron al pobre.

El pobre decidió castigar a la ciudad por su falta de caridad, pero advirtió a las dos mujeres que se marcharan y se subieran a un alto pues iba a inundar el lugar. Pronunció estas palabras: Eiquí finco mi estacón, / eiquí salga un gargallón, / eiquí finco mi estaquete, / eiquí salga un gargallete, y de la tierra brotó una surtidor de agua que anegó la población menos la zona donde estaban las mujeres y que se identifica con la pequeña islita que se ve en el lago. Quien está en gracia de Dios puede oír las campanas del lugar en la mañana del día de San Juan.

La segunda parte de la leyenda

Tiempo después, el pobre que había inundado la ciudad volvió por allí y señaló a un labrador que vivía junto al lago (o a una mujer, según otra versión) que dos vacas preñadas que tenía parirían dos terneros que estaban destinados a una gran empresa, pero para que la pudieran realizar no podría ordeñar las vacas y debería dar toda la leche que produjeran a los xatos, y así se hizo. Con todo, viendo que las vacas tenían unas ubres inmensas y producían una cantidad enorme de leche, la mujer del labrador un día que este se ausentó decidió ordeñar una de las vacas.

Mientras realizaba esta labor llegó su marido, la detuvo e intentó dar de beber al ternero la leche recogida en el caldero del ordeño, aunque se le derramó una parte por el lomo de la cría que no pudo así beber toda la leche.

Los terneros se convirtieron en bueyes llamados respectivamente Redondu y Bragáu, y un día que estaban arando cerca del lago les picaron las moscas y se metieron corriendo en el lago hasta llegar a lo más profundo, allí vieron las campanas de la antigua iglesia del lugar y comprendieron que tenían que recuperarlas. Cuando estaban sacando las campanas sobre sus cuernos uno se fue para lo más hondo, y su compañero le animó así: -Tira, buei Bragáu, respondiendo el otro: -Tira tu, que you estou ordeñáu, contestando a su vez su pareja: -O que t’ordeñoren, pola cabeza baixo te o tiroren, dando a entender de esta forma que el buey que no había mamado toda la leche de su madre, pues había sido ordeñada incumpliendo el mandato del pobre, no tenía fuerza para completar la labor para la que había sido destinado.

Finalmente, Redondu consiguió sacar su campana del lago, pero Bragáu se hundió en lo más profundo. La campana que quedó en el lago le decía a la otra mientras se hundía: Tu te vas, Verdosa, / you me quedo Bamba, / y ena vida del mundu / seréi you sacada.

BARTOLOMÉ PÉREZ, Nicolás

Diario de León (15-05-2016)

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