ALONSO, Luis M. - Campanadas a media tarde

Campanadas a media tarde

Las tres nuevas campanas, que el párroco bautizó con los nombres de «San Nicolás de Bari», «San Francisco Javier» y «Virgen de Arburrúa»

Angel Garralda, párroco de San Nicolás de Bari y agudo polemista, ha dejado claro que las nuevas campanas de la iglesia tienen que repicar a gloria porque pertenecen al cielo. Y tratándose de esas alturas es sabido que las campanas no pueden desmerecer.

Jesús Uruñuela, fino columnista de estas páginas, pretende, sin embargo, que, al menos, una de las campanas de Garralda repique por el vicario parroquial Valentín Pascual de Miguel, al que no hace mucho se le rindió un homenaje por su jubilación.

Yo tenía pensado desde hace tiempo escribir sobre las nuevas campanas de San Nicolás de Bari, que suenan mucho y bien. Pero fui dejándolo hasta que Garralda y Uruñuela se han puesto a polemizar sobre sus nombres.

Como desconocía que a las campanas se las bautiza igual que a los niños y a otras cosas en la vida, lo que yo quería preguntarle, por ejemplo, al párroco de San Nicolás era eso tan recurrente desde Hemingway de por quién doblan. Pero el párroco de San Nicolás ya, más o menos, lo ha dejado escrito. Ahora espero la réplica de Uruñuela, porque esto de las campanas, sin proponer nombres, que ya los tienen, me suena a aquellas divertidas discusiones entre don Camillo y don Peppone de las inolvidables novelas de Giovanni Guareschi, con la salvedad de que Uruñuela no es alcalde ni mucho menos comunista y que -ahí está la principal pega que se le puede poner a la comparación- don Ángel y don Jesús no siempre disienten, sino que, como escribe el párroco de San Nicolás, el periodista le susurra más ideas bellas para las homilías que cencerradas como la de las campanas.

Ya digo que Avilés no es Brescello, ni estamos en los años 50, y que no hay conflicto ideológico aparente entre el párroco y el columnista, pero puestos a polemizar, tanto don Ángel como don Jesús pueden todavía dar muchas tardes de gloria, así que lo que estoy haciendo es inequívocamente azuzarlos a seguir escribiendo de las campanas y de lo que se tercie. El éxito de audiencia está asegurado incluso en los tiempos que corren.

En el fondo, don Camillo y el honorable Peppone eran dos caras de una misma moneda, italianos a fin de cuentas, que no podían estar el uno sin el otro y que se daban los buenos días empezando por discutir si realmente eran buenos.

Pretendía escribir un episodio local sobre las campanas y me ha salido uno de dos veteranos, el periodista y el cura. No se puede considerar, sin embargo, una digresión, porque el hilo del discurso lo he ido tejiendo a partir de la campanada de Uruñuela y la respuesta de Garralda, que reclama el derecho a bautizar a sus campanas como le viene en gana, lo mismo que don Jesús hizo con sus once hijos.

Y de paso aprovecho, aunque con algo de retraso, para darle la nueva bienvenida a mi compañero, que nos tuvo abandonados durante un tiempo, pero ha vuelto en buena forma, con el ingenio que le caracteriza para escribir de aquello y de lo otro. En fin, campana sobre campana.

Luis M. ALONSO
"La Nueva España" (12/02/2006)
  • AVILÉS: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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