MÉRIDA COÍMBRA, Luis - Campanas de alborozo

Campanas de alborozo


Esteban Arce, luego de la primera victoria de los patriotas contra el colonialismo español en los campos de Aruma, el 8 de noviembre de 1810; en pleno altiplano y ya de regreso a la Villa de Oropeza, hoy Cochabamba, donde monjes oraban dando gracias, los claros clarines los esperaban y las campanas repicaban de alborozo.

Entonces el vulgo en asonada atacaba, los fieles se persignaban, atestiguaban la rebelión victoriosa en Aroma. Las campanas con su tañer anunciaban la llegada del héroe después de la batalla con sones de cansancio. Las campanas estaban enamoradas de la libertad y se confesaban ser hijas de la eternidad.

—Algo decían, algo llamaban, algo gemían— eran señal de fiesta y regocijo, sus proclamas anunciaban independencias patrias, victorias revolucionarias. Las gestas se tañían con bronce, sus badajos repicaban las glorias despertando a los dioses inclementes. Repicaron tan fuerte que rompieron su estructura.

Pablo Neruda escribe de estos bronces del tañer: “Esta campana rota /quiere sin embargo cantar: / el metal ahora es verde, color de selva tiene la campana, / color de agua de estanques en el bosque, / color del día en las hojas.” Ácratas, libertarias son las campanas. ¿Quién las hizo, como nacieron?, son signos evocadores, trasnochan, despiertan antes del alba, siempre prestas al noble oficio de repicar. Dicen que ya la conocían los egipcios, los asiáticos; los romanos las llamaban tintinábula y los cristianos signum en la edad media. Alan Poe, con aliento sofocante después de un sábado pleno y lleno, glosó un poema con son campanero: “¡Escuchad el tintineo! /…Escuchar el almo coro /Sonoro / Que hacen las campanas todas: / ¡Son las campanadas de oro / De las bodas! / ¡Oh, qué dicha tan profunda nos inunda al escuchar / La errabunda melodía de su claro repicar!”

En albo sonar, las campanas golpean la historia y la tormenta, hay certidumbre de que no son ciegas y sueñan perturbadoras vigilias, durante las noches los invasores murciélagos copulan en sus elegantes oquedades de percusión, estos quirópteros insectívoros se besan, se abrazan y se van. En el día las palomas tienen escolástica devoción al campanario, se sospecha que debaten peculiares temas intelectuales como el eterno retorno del jorobado. Los vecinos del campanario dicen haber visto el anterior domingo a Quasimodo tocar las campanas con entusiasmo y frenesí.

Las campanas tienen un lenguaje claro: largos repiques al amanecer que se prolongan de prima a completa, repiques para la misa mayor, diferentes tañidos según sea entierro, boda o bautizo; “repiques que se entremezclaban en el aire como un bordado hecho con los sonidos más encantadores”. Federico García Lorca loa al campanario: “Sobre el viento / amarillo, / se abren las campanadas. / En la torre amarilla, / cesa la campana. / El viento con el polvo, / hace proras de plata.” Las campanas y los campanarios evocan nuestra historia patria, “…Cochabamba nuevamente cantó con lenguas de bronce su nombre: hasta rajar la campana mayor de San Francisco, la hazaña de sus huestes que contrajeron un compromiso con la esperanza popular y dieron cuenta victoriosa de su actuación”. Se refiere la Gaceta de Buenos Aires al recibimiento que tributaron a los vencedores de aroma en la ciudad bucólica de Cochabamba de 1810, señalado también por Nataniel Aguirre en el libro Juan de la Rosa.

(*) Cineasta y escritor

MÉRIDA COÍMBRA, Luis

CAMBIO - PERIÓDICO DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA (17-11-2016)

  • COCHABAMBA: Campanas, campaneros y toques
  • Toques extraordinarios de campanas: Bibliografía

     

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