CASANOVA, Jorge - Las campanas robadas en Galicia se venden al peso, a menudo en Portugal

Las campanas robadas en Galicia se venden al peso, a menudo en Portugal

El paulatino abandono del medio rural favorece muchas de estas sustracciones

Las campanas robadas en Galicia se venden al peso, a menudo en Portugal - Autor: MEJUTO, Vítor / LA VOZ DE GALICIA
Las campanas robadas en Galicia se venden al peso, a menudo en Portugal - Autor: MEJUTO, Vítor / LA VOZ DE GALICIA

La semana pasada trascendió que la iglesia de San Benito de Seráns, en Porto do Son, había sido objeto de un robo cada vez menos infrecuente: el de las campanas. En este caso fueron dos, ambas de bronce, con un peso aproximado de media tonelada. El dato no es irrelevante porque el valor de las campanas está mucho más relacionado con el peso que con la antigüedad. ¿Para qué se roban las campanas? En la práctica totalidad de los casos para ser vendidas al peso. Son elementos normalmente de bronce, un metal por el que se puede conseguir un buen precio en el mercado negro no inferior a los dos o tres euros por kilo, según las fuentes consultadas. Teniendo en cuenta que una campana convencional pesa entre 150 y 200 kilos, el robo de estos elementos puede parecer algo difícil, pero, como en el caso del cobre, tiene una indudable rentabilidad.

Otra cosa es el mercado en el que colocar las campanas. Algunas fuentes sitúan la receptación de lo robado en Portugal, donde sería más sencillo para los ladrones deshacerse. No es la primera vez que la pista portuguesa permite recuperar alguna campana robada. El último caso conocido se produjo en Ferrol, hace casi tres años, donde recuperaron la campana expoliada en la vieja ermita de Caranza. En realidad, la restitución se produjo de forma casual, al detener una patrulla de la Guardia Civil a un vehículo en la provincia de Badajoz y hallar la campana en el maletero. El conductor era un ciudadano portugués que fue acusado de receptación, juzgado y condenado a un año y tres meses de prisión, aunque no llegó a ir a la cárcel por no tener antecedentes y ser la pena menor a dos años.

La campana de Caranza, de bronce y datada en el año 1669, tenía un cierto valor patrimonial. En un peritaje profesional fue valorada en 9.000 euros. Tal vez por ello fue localizada antes de ser troceada que, según algunas fuentes, es el proceso habitual para colocarlas en el mercado negro para ser vendidas como chatarra.

«El bronce es un material muy caro -confirma José Enrique Ocampo, fabricante artesano de campanas, el único en Galicia- . A nosotros nos cuesta entre ocho y nueve euros el kilo. A los que roban las campanas no les pagarán tanto, pero aún así, con lo que pesan, es un negociazo». Algunas de las campanas robadas han sido restituidas con el trabajo de este taller. Y no es un elemento muy barato: «Una campana media puede tener un coste para el comprador de unos 3.500 euros. Si aprovechamos el bronce de la campana rota para hacer una nueva, puede salir por unos 2.500».

A plena luz

Las campanas robadas en Porto do Son difícilmente serán recuperadas. El arzobispado intenta ahora reclamar al seguro una cantidad que permita al menos aliviar el coste de las nuevas. Lo cierto es que este tipo de robos están muy relacionados con el abandono del medio rural y el hecho de que muchas iglesias en Galicia apenas estén abiertas al culto una vez al mes. Con todo, la audacia de algunos de estos robos demuestra que pueden llevarse a cabo delante de los ojos de los vecinos. Ese fue el caso en Noicela, una parroquia del concello de Carballo, donde los ladrones aparecieron con una furgoneta, descolgaron la campana, la cargaron y se fueron. Días después, varios vecinos admitieron haber visto parte de la operación aunque nadie interpretó que podía tratarse de un robo. El caso es que la campana no volvió a aparecer.

Los robos de campanas se han producido durante los últimos años de forma puntual pero continuada en las cuatro provincias y con elementos de mayor o menor valor patrimonial. Hace ya algunos años que el bronce se ha convertido en un elemento codiciado por los enemigos de lo ajeno, estimulando el robo de estos elementos, uno de los escasos efectos de valor que atesoran aún los centenares de iglesias desperdigadas por Galicia.

«Es muy infrecuente -considera el vicario provincial de A Coruña , José Luis Veira- porque yo diría que hacen falta muchos medios para robar una campana. Están muy altas y pesan mucho». Sin embargo, los ladrones no se andan con muchos miramientos. Las campanas son frágiles; no es tan difícil que se rompan, aunque a quienes intentan venderlas al peso no les importa demasiado que lleguen enteras. Así, solo tienen que acceder al campanario y luego arrojarlas al suelo desde la altura, cargarlas y desaparecer. Quien le compre el bronce no se va a preocupar de si el tañido de la campana es el adecuado, solo de que la aleación (el bronce está formado con cobre y estaño) sea de la mejor calidad.

La mayoría de los servicios están ya dotados de martillos eléctricos

La mayor parte de las campanas gallegas las toca ahora un martillo eléctrico que el sacristán, el párroco o simplemente un encargado, activa sin tener que subir al campanario: «Cada vez se extiende más este sistema -admite el vicario provincial de A Coruña, José Luis Veira-, porque es mucho más cómodo. Piense que los sacristanes también están mayores y subir al campanario a una edad ya puede ser peligroso». Un servicio eléctrico permite la programación del sonido que, normalmente se ejecuta para avisar de la celebración de la misa, de la fiesta de la parroquia y de la defunción de algún vecino. Cada uno de los toques tiene su propia cadencia que es posible programar con estos sistemas eléctricos.

José Enrique Ocampo, el fabricante artesanal de campanas de Caldas de Reis, ha ido un poco más allá y hace años ya que ofrece la posibilidad de gestionar el uso de las campanas que él instala con una aplicación destinada al teléfono móvil y que permite que el párroco o el encargado pueda manejar las campanas de las iglesias a su cargo con un smartphone y ejecutar el toque que sea necesario en cada momento. Ocampo explica que, de su taller, salen unas doce campanas cada año. No solo las fabrica, también las restaura porque las campanas se suelen romper después de un siglo o siglo y medio en función de su uso.

Tocar una jota con dos campanas

Cada vez quedan menos campaneros en Galicia, pero muchas iglesias todavía se hacen oír a través de la constancia de vecinos que tocan a misa, a difuntos o el día de la fiesta. Algunos de ellos son capaces de ejecutar verdaderas melodías con dos campanas. Así lo hace José Antonio Caamaño, un vecino de A Laracha de 72 años que interpreta jotas con las campanas del monasterio de San Pedro de Soandres. Él habla del «repenique» que ejecuta solo en las fiestas. Concretamente tres veces al año. Lo aprendió por su cuenta y no se lo ha transmitido a nadie. Así que es el último. Y dice que pronto ya no podrá hacerlo porque cada vez le cuesta más trabajo subir al campanario. Viendo la escalera de acceso no es de extrañar. De momento, sin embargo, aún es capaz de sacar música de las campanas.

CASANOVA, Jorge

La Voz de Galicia (07-01-2017)

  • CARBALLO: Campanas, campaneros y toques
  • FERROL: Campanas, campaneros y toques
  • PORTO DO SON: Campanas, campaneros y toques
  • CAAMAÑO, JOSÉ ANTONIO (A LARACHA) : Toques y otras actividades
  • OCAMPO ARTESANOS CAMPANEROS (ARCOS DA CONDESA) (CALDAS DE REIS) : Inventario de campanas
  • OCAMPO ARTESANOS CAMPANEROS (ARCOS DA CONDESA) (CALDAS DE REIS) : Intervenciones
  • Electrificación, mecanización sin restaurar: Bibliografía
  • Robo de campanas: Bibliografía

     

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