PARRILLA, José - "Con las campanas sonando, aquí no se podía vivir"

"Con las campanas sonando, aquí no se podía vivir"

La denunciante de San José de la Montaña agradece el apagado del reloj mientras las monjas aguardan la resolución de su recurso

Una de las tres iglesias a las que el Ayuntamiento de Valencia ha obligado a detener sus campanas es la de San José de la Montaña, donde tampoco se ha intentado un acuerdo para resolver el problema. La vecina denunciante asegura respetar la tradición, pero asegura que en este caso el sonido era «tremendo». Y las monjas esperan la resolución de su recurso «con la mejor voluntad»

Después del acuerdo alcanzado en la Iglesia de San Nicolas para reducir el toque de campanas y las medidas aplicadas en Escolapios para amortiguar el sonido hasta los límites permitidos, queda abierto el conflicto de San José de la Montaña, que desde el pasado mes de diciembre tiene paralizado su reloj también por la denuncia de una vecina. En la actualidad, el ayuntamiento estudia las alegaciones presentadas por las monjas y Levante-EMV ha hablado con las dos partes para verificar en la práctica cuál es la realidad del problema.

Por primera vez hacen declaraciones a un medio de comunicación unos denunciantes, aunque prefieren ocultar su identidad para no ser señalados en el barrio. Delante de una ventana desde la que se contempla en primer plano el reloj de la Iglesia y sus campanas, admiten que llegaron a esta vivienda hace apenas 8 meses, aunque antes habían estado en el barrio de Nazaret y en Santa Cruz de Tenerife, donde también tenían campanas cerca, y «nunca hubo ninguna molestia».

Al llegar a San José de la Montaña, sin embargo, la cosa «era tremenda». «Llegué a enloquecer, no se podía vivir, cogí hasta un tic nervioso, los fines de semana me tenía que ir a la calle», asegura.

Según cuenta, la campana del reloj «tocaba a todas las horas, daba las medias y además hubo un tiempo que estuvo averiado y sonaban dos veces, así que a las 12 de la noche, que es cuando estabas cogiendo el sueño, daba 24 campanadas y bien fuertes». En días normales contabilizó hasta 426 tañidos, un número «excesivo» que los domingos se disparaba hasta 642 campanadas.

Así pues, decidió hacer un informe detallado y en septiembre presentó una denuncia ante el Ayuntamiento de Valencia por contaminación acústica.

Un mes después, acudieron los técnicos municipales e hicieron las mediciones oportuna. Y en el mes de diciembre remitieron una resolución a las monjas ordenando el cese de los toques hasta que se rebajara el sonido. En su resolución, los técnicos constataban que el sonido superaba «ocho veces» el permitido durante el día y «16 veces» el permitido durante la noche.

A raíz de aquella resolución el reloj dejó de tocar y «ya sólo se oye una campana que llama a misa desde allá al fondo, que no molesta en absoluto», por lo que estos vecinos aseguran estar muy satisfechos con el ayuntamiento.

«Decir que estas denuncias son cosa de comunistas es una simplificación. En realidad son ellos (se refiere a la Iglesia) los que hacen propaganda con sus toques, es un acto de poder, decir aquí estoy yo», explican. Su posición, por tanto,es «respetar las tradiciones, las bodas, los bautizos, las fallas, etc., porque forman parte de las tradiciones». «Lo que no aceptamos es que nos machaquen con las campanas, porque también tenemos derecho al descanso. Nosotros no vamos a la iglesia con unos mariachis cuando están en misa, pues igual queremos que nos respeten a nosotros», afirman.

Desde el otro lado, las monjas encajan esta situación con firmeza pero con una sonrisa y «la mejor voluntad» para arreglar las cosas. Reunidas la madre superiora y las dos compañeras con las que gestiona la iglesia y el reloj, explican que en la actualidad están a la espera de una alegación que presentaron el pasado 3 de enero.

«El reloj es un Bien de Interés Cultural (BIC) que lleva funcionando desde el año 1925. Es el único manual que queda en la ciudad y nosotros lo único que queremos es volver a la normalidad, porque la gente del barrio nos lo está pidiendo. Para ellos es una guía», afirman.

Sobre la posibilidad de abrir un diálogo con el Ayuntamiento de Valencia para alcanzar un acuerdo similar al alcanzado con la iglesia de San Nicolás, prefieren esperar a ver la respuesta a su recurso. Pero en cualquier caso, aseguran tener «la mejor voluntad» para que todas las partes queden contentas, incluyendo la posibilidad de rebajar el sonido «si no hay otra salida».

«Lo que no queremos „dicen„ es apagar el reloj. Desde 1925 nunca se ha parado y tanto nosotras como el barrio quieren que sea así. Esto ha sido una sorpresa, así que, respetado a todo el mundo, intentaremos luchar par que vuelva la normalidad», concluyen.

Protección para los toques históricos y derecho al descanso en la nueva ordenanza

Mientras los conflictos siguen abiertos, el Ayuntamiento de Valencia avanza en su postura dialogante con las partes afectadas, opción que siempre ha defendido Joan Ribó, declarado defensor de las campanas y su ajuste a los límites permitidos. Según fuentes de la Concejalía de Contaminación Acústica, lo mismo que se ha negociado con la iglesia de San Nicolás, están dispuestos a hacer de mediadores en los caos que se presenten, incluido el de San José de la Montaña. «Si se consigue un acuerdo para reducir los toques, perfecto, y si eso no es posible, se buscarán mecanismos para amortiguar el sonido», explicaron. Su punto de partida es que este conflicto es una «cuestión administrativa y no política», por tanto, «siempre se intentará». Están dispuestos, incluso, a revisar caso por caso y «contemplar todas las especifidades» .

«Lo importante es llegar a una solución, también en San José de la Montaña».

El Ayuntamiento tendrá lista la nueva ordenanza de la contaminación acústica en seis meses, según anunciaba ayer la concejala de Medio Ambiente, Pilar Soriano. Cuestionada por el problema que ha afectado al toque de campanas de San Nicolás y otros campanarios del centro, Soriano ha asegurado que la nueva norma protegerá los toques históricos o patrimoniales, pero garantizará el derecho de descanso de los vecinos. «Quiero destacar la labor de colaboración entre el vecino que había hecho la denuncia y la iglesia. No queríamos que se viera menospreciada la labor del toque de campanas ni tampoco el derecho al descanso. El ayuntamiento lo que ha hecho es mediar», aseguraba Soriano sobre San Nicolás. Sobre el campanario de San José de la Montaña, Soriano señalaba que han pedido un informe a Patrimonio «para ver su grado de protección». «Todos los temas se estudiarán atendiéndose a sus características», señalaba. Para Soriano, lo que ha reflejado todo el problema de las campanas es que la anterior ordenanza «era totalmente insuficiente para resolver este tipo de situaciones». «Tenemos la redacción bastante avanzada y desde el punto de vista técnico prácticamente finalizada. En seis meses ya podríamos tener una nueva», incidía.

PARRILLA, José

Levante - El Mercantil Valenciano (10-02-2017)

Nota del editor

El reloj de Sant Josep de la Muntanya es importante porque se trata del único reloj mecánico, de remontaje manual, en funcionamiento, existente en la ciudad de València y 50 kilómetros a la redonda, un territorio donde había, hace unos años, más de 300 relojes mecánicos funcionando, ahora sustituidos por ordenadores.

Bien es cierto que el reloj se encuentra en un convento religioso, y que por esa causa no sólo es remontado semanalmente sino mantenido en un estado de limpieza más propio de un museo que de un mecanismo activo. Pero no es menos cierto que cuando toca está dando la hora, desde hace casi cien años, sin la menor connotación religiosa, reservada precisamente a las cuatro campanas litúrgicas, que cada vez tocan menos. La campana del reloj, ubicada en la parte superior de la sala de campanas, solamente se utiliza para esa información horaria.

El reloj no repite las horas por error: es una característica propia del mecanismo, llamado de repetición. Sin embargo, al contrario de la inmensa mayoría de los relojes mecánicos, toca al modo francés, es decir un sólo golpe a la media, sin señalar los cuartos, limitando por tanto su sonoridad y su repetición.

Sorprende que cuando cambian de zona, los denunciantes no se percatan antes de comprar o alquilar el piso, que eso no importa, que hay un reloj en activo, aceptado por los vecinos desde toda su vida. Sorprende que les vuelva loco el reloj. Pero sorprende aún más que no les afecte vivir al lado de la calle con más tráfico de la ciudad, de día y de noche, con unos niveles sonoros que a menudo, y de manera continua, superan el volumen sonoro del reloj, con mucha menos armonía. Hubiéramos entendido que hubiesen pedido, con la misma lógica, que el tráfico cese por Pérez Galdós, no sólo de noche sino también de día, para que no estuviesen atacados de los nervios. Pero se ve que lo único que les importa es la música de mariachis. Menos celestial, menos valenciana, y en este caso mucho menos patrimonial que un reloj de tanto valor histórico como industrial que debe seguir funcionando y sonando para mantener la calidad de vida de su vecindario.

Nota del Dr. Francesc LLOP i BAYO (12-02-2017)

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