GONZÁLEZ AVELAR, Víctor G. - Intolerancia

Intolerancia

Si alguna lucha ha sido larga y conflictiva durante mas de 400 años, ésta ha sido la protagonizada por el clero católico apostólico y romano frente al poder civil, llámese este virreinato, imperio, gobierno central o república. El clero y sus jerarcas desde siempre han sido factor de primera importancia en la vida política, económica y social de nuestro país.
Jamás se ha resignado a la pérdida de poder y la riqueza que detentaron muy principalmente en el siglo XIX. Fueron Benito Juárez e Ignacio Comonfort los que, acompañados por un grupo de liberales iluminados, lograron poner al clero católico en el lugar que ya Jesucristo hace 2000 años ya les había ordenado: primeramente con el mensaje de que su reino no era de este mundo y, después, con el apotegma de al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Estos elementales principios que pregonó Jesucristo le ha sido al clero de lo más difícil cumplir y cumplir. Quizás hasta el dificilísimo celibato lo han podido llevar más o menos con decoro (aunque con sus excepciones, remember los cardenales de Boston), pero lo que es retirarse de la política terrenal y del poder del gobierno ¡jamás!
Todo esto viene a colación con motivo de la irrupción que una turba de vándalos seguidores de López Obrador hizo al interior de la Catedral Metropolitana el domingo pasado, atropellando a fieles y bienes propiedad de la nación.
Ese domingo la senadora Rosario Ibarra de Piedra se encontraba en pleno Zócalo capitalino haciéndole el caldo gordo a Andrés Manuel López Obrador con motivo de su primero informe del “gobierno legítimo”, frente a miles de paniaguados encabezados por el hoy jefe de Gobierno del Distrito Federal don Marcelo Ebrard y curiosamente ex presidente del PRI en el D.F. y ex secretario de Gobierno Manuel Camacho Solís cuando era regente.
La oratoria de doña Rosario en favor de AMLO estaba en el punto más estridente, cuando al señor campanero de la Catedral se le ocurrió batir al Ángelus y puso en movimiento frenético a todas las campanas de la torre mayor, entre las cuales podríamos recordar como las más antiguas, la de Santiago Apóstol, la campana llamada San Agustín, la de la Purísima Concepción, la Esquila llamada Santo Ángel Custodio, la campana llamada San Pedro y San Pablo, la de San José y hasta quizás la que escuchamos en el noticiario de don Jacobo Zabludovsky de una a tres, solamente por mencionar algunas.
Este hecho encolerizó a doña Rosario y a un grupo de simpatizadores de AMLO, que consideraron el llamado a misa del campanero mayor de Catedral como otro “compló” fraguado por las fuerzas más reaccionarias de este país, con el fin de opacar y restar lucimiento al informe que el “presidente legítimo” de México rendía frente a sus más incondicionales y desorientados seguidores.
La actitud de las turbas perredistas al irrumpir en la Catedral de Metropolitana el domingo pasado es irracional e imperdonable. No porque se haya tratado de un recinto católico, también sería inadmisible si hubiese sido cualquier otro templo de diverso culto, religión o creencia.
La intolerancia de los radicales por ambas bandos asoma nuevamente en la vida nacional. Situaciones que todos creíamos ya haber superado vuelven otra vez a ensombrecer la vida de México. En el caso que nos ocupa, las dos partes perdieron, pero pienso que fue Andrés Manuel López Obrador quien políticamente más perdió, pues agravió el sentimiento religioso de decenas de millones de católicos practicantes. Todo esto nos hace recordar a otro político también tabasqueño, el general Tomás Garrrido Canabal, quien se permitió asaltar el Templo de San Juan Bautista en Coyoacán con resultados lamentables en pérdida de vidas humanas.

GONZÁLEZ AVELAR, Víctor G.
El Siglo de Durango (22-11-2007)

Comentarios: vggavelar@hotmail.com

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