GORGUES, Vicente - Campanadas de Vida

Campanadas de Vida

Mayoritariamente nuestros pueblos celebran en verano sus fiestas. En todos ellos un denominador común: volteo de campanas. Las poblaciones echan a volar las campanas que, como decía Antonio Machado, nos llaman a la fiesta. Las gentes se arreglan y lucen sus mejores galas. Las campanas simbolizan el alma colectiva de un pueblo que quiere sobrevivir al calor de la traca, al son de la música y al compás de las campanas.

Desde la antigüedad las campanas han marcado el ritmo de la vida y nuestro quehacer diario. Avisaban del peligro y de las guerras. Conjugaban las alegrías y las tristezas. Siempre tuvieron un carácter protector. El repiqueteo de campanillas mantenía alejadas las fuerzas del mal. Se colgaban del cuello de animales como caballos, burros, mulas, vacas y borregos. Gracias a su sonido, los animales estaban localizados.

Recuerdo horas de estudio en mi habitación desde donde se divisaba el Miguelete que, con sus campanadas, señalaba el paso de las horas. Al escucharlas sentía cierto cobijo y relajación, no en balde hay quien dice que las vibraciones de las campanas ayudan a equilibrar las emociones. Desde esta torre, en el siglo XV, la campana del foc sonaba diariamente a determinada hora para advertir a los vecinos de que apagaran los fuegos y reconocieran las casas por si había ladrones. Durante muchísimos años, las campanas parroquiales dieron la señal de alarma en caso de incendio. Mientras la ciudad estuvo amurallada avisaban del cierre de la puerta del Real a las diez de la noche.

Los viejos campanarios han despedido a nuestros seres queridos; en el testamento poético de Vicent Andrés Estellés nos escribe: «A l´hora justa vull a Burjassot, a la parroquia on em batejaren, toquen a mort». Generaciones de valencianos al escuchar el toque de difuntos se preguntaban: «Xe, qui s´ha mort?». Cuando el fallecido era un hombre, al final se realizaban tres toques; si la fallecida era una mujer, se marcaba con dos toques. Carles Salvador asimila fiesta a campanas: «Hi ha festa al poble / i vibra de goig el campanar. / Les campanes són preses de follia / i busquen la clara llibertat». En el Tirant lo Blanch para anunciar acontecimientos se recurre al toque de trompetas, al cuerno y a las campanas: «E fon molt aconsolat de la bona e benaventurada nova, e prestament tramés per totes les esglésies de la ciutat que tocasen totes les campanes».

En el acervo lingüístico, las campanas también se escuchan. Nos salvamos por la campana y nos libramos de una situación muy comprometida. Con demasiada facilidad, echamos las campanas al vuelo. Deberíamos estar alerta pues una campana cascada nunca será sanada. De los malos consejos huyamos pues a consejo malo, campana de palo. Frecuentemente descubrimos gente que oye campanas y no sabe dónde. Algunos políticos debieron aplicar aquello de «campana de plata, batall de segó». Se llevaron a cabo políticas de ostentación cuando faltaba lo básico. Si ustedes ven un suceso de gran repercusión pueden decir tranquilamente que es más sonado que la campana de Huesca. Cuenta la leyenda que Ramiro II hizo venir a sus opositores al castillo con la excusa de oír una campana que se escucharía por todo el reino; a medida que llegaban, les cortaban la cabeza.

Como vemos, las campanas están presentes en la vida colectiva. Meditemos los versos de Rosalía de Castro: 

Si por siempre enmudecieran 
¡Qué tristeza en el aire y en el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!.
GORGUES, Vicente
Levante - El Mercantil Valenciano (07-08-2017)
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  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía

     

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