PÁRAMO, Arturo - Cobra nueva vida un símbolo de Tlatelolco

Cobra nueva vida un símbolo de Tlatelolco

Abandonada desde los sismos de 1985, la Torre Banobras está siendo remodelada, aunque no se sabe para quién


Tras veinte años de abandono, el edificio Insignia de Banobras está en fase de remodelación para volver a ser ocupado por oficinas.

Trabajadores que laboran en el edificio informaron que el inmueble que fue desocupado por el Banco Nacional de Obras Públicas (Banobras) tras el sismo de 1985, debe estar de nuevo funcionando en cuatro meses.

En este momento se trabaja en el retiro de los paneles de vidrio instalados en los años sesenta para ser sustituidos por estructuras de aluminio más ligeras. Otra cuadrilla repara los cimientos, a varios metros por debajo del nivel de la superficie.

Prácticamente en todo el edificio hay trabajos de desmantelamiento de instalaciones eléctricas, alfombras, muros interiores y de la maquinaria de los elevadores.

Se introducirán, además, comentaron los trabajadores, mejoras para que el inmueble tenga conectividad, y se remozará el estacionamiento anexo, de más de 600 espacios. En ese estacionamiento hay cientos de cajas con pisos de cerámica para ser instalados en la torre.

Revitalizar la zona

La Torre Insignia o Banobras, reconocible por su silueta triangular, albergó las oficinas de administración de la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, lo que brindaba una importante actividad a esa zona.

Los inquilinos de los 102 edificios del conjunto habitacional acudían ahí a realizar el pago de sus mensualidades y de servicios públicos. Desde ahí se administraba el funcionamiento de seis estacionamientos cubiertos, 22 escuelas, tres centros deportivos, y 12 edificios de oficinas.

“Van a ser oficinas, dicen que se va a venir la SEP (Secretaría de Educación Pública) o la PFP (Policía Federal Preventiva), pero nadie sabe”, comentaron quienes trabajan en la remodelación.

En el inmueble, sin embargo, no se ha colocado la mampara con la información sobre quién realiza los trabajos, el fin al que se destinará, el responsable de la obra, ni a qué empresa pertenecen los trabajadores de la construcción que laboran ahí.

“Que se venga quien sea, no importa, lo que necesitamos es que esta zona se recupere porque ha estado abandonada muchos años”, aseguró Carolina Romero, habitante de Tlatelolco desde hace 40 años.

“Por esta zona ya ni pasamos, siempre hay malvivientes que terminaron metiéndose al edificio, lo hicieron su casa, lo grafitearon todo por dentro”, comentó Rodolfo Cisneros, otro vecino de la unidad.

Corporativo Tlatelolco


La Torre Insignia fue adquirida en 2007 a Banobras por la empresa estadunidense de bienes raíces Cushman & Wakefield, que la puso en renta a partir de 2008 con el nombre de Corporativo Tlatelolco y se presumía que estaba en perfectas condiciones, aunque en los hechos era inoperante.

La inmobiliaria lo rentaba a razón de 170 pesos el metro cuadrado, o bien, el edificio en venta por 24 millones de dólares.

Su superficie total es de 16 mil 339 metros cuadrados de pisos para oficinas que van desde los mil 400 metros en los pisos inferiores, a los 440 en el piso 22.

En el año 2000, la Policía Judicial intentó ocupar el edificio como sus oficinas, sin embargo, la oposición vecinal impidió que esa corporación se instalará en la torre.

El Corporativo Tlatelolco se encuentra en una zona que ha sido transformada en los últimos años. A unas cuadras de distancia están la Biblioteca José Vasconcelos, la terminal del Tren Suburbano Buenavista, y la estación Manuel González del Metrobús. Además se construyó la Plaza Forum que sigue en obras de ampliación. Y, por supuesto, la estación Tlatelolco del Metro que lleva la silueta del edificio como símbolo.

Ensayo de vida ideal en la ciudad

Cuando fue inaugurada, en noviembre de 1964, la Torre Insignia de Tlatelolco era el segundo edificio más alto de México, sólo superado por la Torre Latinoamericana.

Fue diseñada por el arquitecto Mario Pani, quien concibió a la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, como un ensayo de la vida ideal en la ciudad, con apartamentos, comercios en plantas bajas y todos los servicios públicos necesarios desde el día en que se entregó el primer juego de llaves de los 11 mil departamentos con que contaba.

Tiene forma de prisma triangular y fue construido con concreto reforzado, aluminio, acero y vidrios con una cubierta que le permitía reflejar los rayos solares.

El inmueble se comenzó a edificar en 1960, y se concluyó en 1962, dos años antes de que se inaugurara la Unidad Habitacional, pues era necesario que las oficinas de la administración del conjunto residencial se habilitaran ahí.

La empresa constructora que la edificó fue CYR Construcciones S.A. de C.V. y su dueño más reciente es la empresa inmobiliaria estadunidense Cushman & Wakefield.

Tiene una altura de 127 metros, con 25 pisos de oficinas y un espacio en su cúspide para albergar el carrillón de 26 toneladas de peso.

Contaba con 10 elevadores y una superficie total construida de 22 mil metros cuadrados.

En años recientes, el contorno del edificio fue tapiado, con tablones y láminas de zinc, pero el cerco fue violentado. El deterioro era evidente por el desprendimiento de trozos de la película de plástico que cubría las ventanas.

Los pasillos en torno lucen abandonados, pues los inquilinos del edificio más cercano, el Guadalupe Victoria, sólo utilizan las salidas hacia la calle Flores Magón.

Actualmente en Tlatelolco, 70 por ciento de sus 40 mil habitantes son adultos mayores.

Una joya en la cúspide

En 1993, el carillón que está en la parte alta de la Torre Insignia de Tlatelolco, mejor conocido como Banobras, dejó de funcionar.

El enorme instrumento, soportado por un entramado de vigas de concreto, pesa 26 toneladas y consta de 47 campanas. Las más grandes fueron bautizadas con los nombres de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Cuauhtémoc, Francisco I. Madero, y Adolfo López Mateos, quien era presidente de la República cuando se inauguró el edificio.

El carillón fue un obsequio del gobierno de Bélgica, y fue fabricado por la empresa Verdin, uno de los más importantes constructores de campanas y relojes de torre del mundo.

Las campanas de un carillón cuelgan fijas; sólo se mueven los badajos. El badajo de cada campana está unido por cables y otros sistemas de articulación al mecanismo donde se ejecuta.

Se acciona desde una cabina, donde hay un control, similar a un órgano. En este caso, las teclas son de madera y hay que golpearlas con fuerza para accionar el mecanismo que hace sonar cada una de las campanas.

Pero además, funcionaba también como una pianola, que se accionaba automáticamente tocando melodías preseleccionadas, pero ese mecanismo se estropeó.

Yolanda Fernández fue la encargada de tocar el carillón con regularidad hasta 1985, cuando el terremoto hizo que la actividad en Tlatelolco decreciera y el edificio de Banobras cerrara.

A partir de entonces, llegaba una vez por semana al inmueble. Los vigilantes le acompañaban hasta la cúspide para permitirle entrar a la cabina y que pudiera tocar melodías que inundaban la Unidad Tlatelolco, lo que lo mantenía afinado y prevenía que el óxido hiciera inservible su funcionamiento.

“Le toco a Dios”, decía Yolanda mientras el suave repicar de las campanas emanaba del edificio.

La torre

Ésta es su tercera remodelación desde su construcción

En 2007 fue adquirida por Cushman & Wakefield.

La Unidad Tlatelolco cuenta con once mil departamentos.

PÁRAMO, Arturo

Excelsior (29-04-2011)

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