EL ESPECTADOR - El día en que replicaron 1.250 campanas con la llegada de Juan Pablo II

El día en que replicaron 1.250 campanas con la llegada de Juan Pablo II

Esta nota fue publicada el 1 de julio de 1986 por la visita del papa Juan Pablo II al país.

Se realizó en templos tan tradicionales como el del barrio Egipto, con sus tres campanas de bronce que datan de 1918. O en la iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves, que batió sus 8 campanas fabricadas hace más de 400 años.

Archivo El Espectador Si Víctor Hugo hubiera vivido en 19686, quizás El jorobado de Nuestra Señora de París, no se habría escrito nunca. O se habría escrito pero en vez de esas dramáticas escenas en que Quasimodo toca al vuelo las campanas colgado de grandes lazos, la narración hablaría de un campanero resionado por botones y moviendo interruptores eléctricos.

Los campanarios, como los tiempos, cambian. Y de campanero, como muchos oficios antiguos, está desapareciendo, reemplazado por el de operador de una consola electrónica.

En la tarde del 1 de julio de 1986, a las 3:00 p.m., las 1.250 campanas de las iglesias de Bogotá replicaron sin cesar en señal de la bienvenida a Juan Pablo II.

Algunos de manera tradicional, otros con métodos electrónicos, pero todos los templos, por pequeños o recientes que sean, hicieron su aporte a este homenaje papal. Es el caso de la iglesia del Divino Verbo (una campana) o la del Corpus Christi (dos campanas), que son sus pequeños bronces transmitieron un mensaje de fervor y acogida al máximo representante de los católicos.

Campanarios electrónicos La era electrónica ha llegado también a las iglesias. Muchas contaban con modernos sistemas de interruptores que accionan las campanas dejando para la historia el antiguo método de tirar las gruesas cuerdas que hacen golpear el badajo contra el bronce y que producen el metálico y melancólico sonido.

El templo de La Capuchina, por ejemplo, tiene además del campanario tradicional, uno electrónico, que evita al sacristán o al campanero de turno el gran trabajo de dar vida a los cuatro enormes carillones.

Sin embargo, pese al actual adelanto, hay tradiciones que se mantienen. En muchas iglesias todavía se acostumbra dar nombres a las campanas, como en el Divino Salvador, bautizadas desde 1961 como Salvador del Mundo, Ave María Gratia Plena, San José Obrero y San Gabriel Arcángel.

Como los diapasones, las campanas deben estar afinadas en La, y aunque el material en que usualmente se fabrican es el bronce, algunas tienen partes en oro, metal que mejora notablemente resonancia.

De todas formas, al promediar la tarde de aquel 1 de julio de 1986 en Bogotá se escuchó el sonido melódico de los viejos carillones de bronce o la reproducción electrónica de su repicar grabado quién sabe dónde. Bien por un botón o bien por una cuerda, las 1.250 campanas de Bogotá resonaron a las 3:00 p.m. y todo porque Juan Pablo II, catorce minutos después, inició una visita anunciada por el sonido de todas las campanas al vuelo.

EL ESPECTADOR

Entorno Inteligente (28-08-2017)

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