ALCALÁ MORENO, Ildefonso; BARROSO NAVARRO, Jesús; BARROSO TORRES,Jesús - El lenguaje de las campanas en la ciudad de Jódar (Jaén)

El lenguaje de las campanas en la ciudad de Jódar (Jaén)

1.- INTRODUCCIÓN PARA UN TRABAJO DE CAMPO

En la sociedad tradicional, los toques de campanas eran uno de los medios de comunicación más importantes en nuestros pueblos y ciudades.

Posiblemente, en el medio rural, la campana de la iglesia informaba sobre hechos cotidianos, y en ocasiones extraordinarios, de la vida del pueblo. Los toques emitían mensajes con connotaciones espaciales, temporales y de representación social; en cualquier caso, los habitantes del lugar los entendían perfectamente: el toque de alba (que anunciaba el nuevo día), el de vísperas, el ángelus o el toque de oración tenían una variable horaria que dependía de la estación del año, aunque para estos menesteres sólo se distinguía entre verano e invierno, algo así como el famoso “cambio de la hora” en nuestros días. En las vísperas de grandes solemnidades y en las fiestas religiosas el campanario completo sonaba con alegría, pero el pueblo sabía distinguir, por la cadencia y musicalidad del toque, si “cuando echaban las campanas al vuelo” podían indicar también tragedia, ya que en muchos lugares se hacían sonar todas las campanas que hubiera para anunciar tormentas o incendios, y en estos casos, el arrebato transmitía alerta y peligro. También las escuchábamos lánguidas y llorosas, anunciando el “viático” ( el sacerdote salía de la iglesia a dar la comunión a un enfermo), o cuando sus clamores eran señal cierta de duelo y de muerte.

Pero las campanas no sólo informaban, sino que estaban reforzando, al mismo tiempo, una manera de ver el mundo, de organizar el tiempo y el espacio y de estructurar la sociedad.

El sacristán era el personaje central en el oficio de campanero –como veremos más adelante– y era él el encargado de llevar al pueblo todos los mensajes que antes hemos referido, que, como hemos visto iban desde el horario cotidiano al anuncio de misas, fiestas, óbitos, incendios y otras convocatorias masivas.

Aunque hay variantes comarcales en los toques y su información, hay toques horarios comunes a todo el territorio nacional: alba, medio día y oración, con la variante estacional que antes hemos indicado. (Hay que pensar que hubo un tiempo en que las horas del día, en el medio rural, estaban solamente referenciadas por la luz y por las sombras).

Hoy los toques de campanas han perdido, en la mayoría de los casos, esas funciones informativas, horarias, y en definitiva de coordinación y presencia en la mayor parte de los actos de la población.

Sin embargo todavía viven algunos campaneros que nos podrían ayudar a recoger la mayor parte de los aspectos de este fenómeno de nuestra cultura tradicional que, a nuestro juicio es poco conocido y menos estudiado.

Francesc Llop i Bayo propone un método de investigación, a distintos niveles, que permitiría realizar este trabajo de campo. Se puede resumir en cuatro partes: empezaríamos describiendo la torre contenedora del campanario; seguiríamos con una entrevista al campanero, en el mejor de los casos y siempre que esto fuera posible; una tercera fase de entrevistas a los habitantes del lugar, para averiguar si entendían los mensajes de los toques de las campanas; por último, sería necesario consultar bibliografía y archivos parroquiales.

En el presente trabajo hemos usado esta metodología, que nos permitirá conocer técnicas y modos de hacer música con estos “instrumentos” tan especiales, recoger y llevar a papel pautado los diferentes toques y, como en todo estudio de la tradición, conocer normas y reglas que nos ayuden a comprender algunas actitudes, comportamientos y creencias populares.

Coincidimos con Llop i Bayo en su resumen final, cuando dice que “todo el material recogido, tanto las formas musicales como las técnicas para producir esas u otras formas, podría ser reinterpretado, llenándolo con nuevos sentidos: raíces, signos de identidad, reencuentros culturales… y nuevas formas de expresión musical”.

2.- LOS CAMPANEROS DE JÓDAR

En mi pueblo, a mi familia nos llaman los “sacristanes”, y no es casual ese apodo. Mi abuelo desempeñó durante muchos años ese oficio. También fue campanero, como luego mi padre (que además era organista de la parroquia) al igual que sus hermanos y algún familiar más, todos tocaron las campanas durante un tiempo. Hoy, los dos oficios mencionados, el de sacristán y el de campanero, están desaparecidos; el primero sin personal que lo atienda, sólo en algunos pueblos pequeños algún paisano oficia de ayudante ocasional del cura y se ocupa del mantenimiento de la sacristía; y el segundo ha sido sustituido (en el mejor de los casos) por una máquina automática que tañe clamores sin vida. Pero antes de que eso sucediera, ambos trabajos tuvieron su importancia, sobre todo en las comunidades rurales.

Hagamos un poco de memoria para situarnos a finales de los años 20: Estamos en la Parroquia de la Asunción, en Jódar (Jaén). Mi abuelo paterno, José Barroso Jiménez vive con su familia (mujer, hijos, nueras, algunos nietos) en una minúscula estancia adosada a la Iglesia. Hay un patio fresquísimo en verano, tiene un estanque con peces y una escalera exterior que comunica con la Sacristía. Es una época de más “duelos y quebrantos” que otra cosa y días de muchas estrecheces. Allí jugábamos mi hermano mayor y yo a decir misa y a tocar el armonio, antes de ser monaguillos. Casi todos mis tíos ayudaban a mi abuelo en lo de tocar las campanas, que se convirtió así en un oficio familiar. Eso, compaginado con otros menesteres (sochantres, organistas, cantores, monaguillos y sacristanes) que completaban las ocupaciones diarias, que se veían acrecentadas cuando las fiestas y cultos religiosos, que eran un día si y otro también. Recuerdo que el calendario litúrgico era llevado a rajatabla en la parroquia y no salíamos de un triduo, o un setenario, cuando ya estábamos en novenas, rosarios y celebraciones propias de la localidad, Fiestas de Mayo, Septiembre, Cristo de la Misericordia, la Asunción, por citar algunas, sin nombrar las habituales de Pascuas a Ramos y resto del año. La cuestión es que todo el mundo tenía que arrimar el hombro.

Mi tío Guillermo Barroso Navarro fue el primero en tocar el viejo armonio de pedales que había en el coro, al que se accedía por unas escaleras situadas más arriba del rellano donde estaban las cuerdas de las campanas, antes de la oscura subida a la torre. Más tarde ingresaría como funcionario en el Ayuntamiento. Mi tío Juan Francisco también tocó, aunque destacó más como cantor y campanero. Tuvo que “coger su hembra y su arreo” y marchar a Madrid en busca de mejores horizontes. Mi tío Hilario también fue campanero, antes de ingresar en la Guardia Civil. El primero en dejar aquél lugar fue el mayor de todos los hermanos, mi tío Antonio, que se fue al Regimiento de la Corona, con base en Almería; tocó el trombón en bandas militares y en la municipal de esa ciudad. Mi padre, Jesús, el menor de todos, fue el que más tiempo estuvo como “campanero en ejercicio”. Fue también organista y director del coro durante más de cuarenta años. A los doce ya alcanzaba a los pedales del armonio, al tiempo que aprendía los primeros toques en el campanario. Aun hoy, aunque jubilado pero no retirado, sigue tocando el órgano en la Catedral de Almería y en las Iglesias de San Sebastián y Los Ángeles, además de ejercer como Profesor de Música en el Seminario Diocesano. Ha sido mi padre el que ha recordado los 18 toques que aquí se recogen y quien ha realizado las transcripciones musicales. En muchas conversaciones han ido saliendo algunos de los datos que estamos anotando en este trabajo.

El primer campanero del que tengo memoria propia era mi Chacho “El Pelotón”, Antonio Gámez Laserna, (que seguía viviendo “en la sacristía”), al que sucedió su hijo Antonio Gámez Barroso (que también fue sacristán y sastre) y, ocasionalmente, su hermano Andrés. Creo que el único campanero (también ocasional) que no era de mi familia fue el ciego Rosendo Cazorla, al que se ha referido mi padre como otro de los que ejercieron este oficio.

Como curiosidad y rasgo común a todos los que tocaron las campanas en Jódar, hay que decir que todos han sido buenos músicos y excelentes cantores.

Después de estos últimos nombres de campaneros conocidos, el oficio desapareció y con él la mayor parte de los toques. Los últimos campaneros fueron los monaguillos “de reemplazo” que iban llegando a la parroquia, hasta que también a estos los sustituyó un sistema eléctrico que, si bien ha hecho que se sigan escuchando las campanas, estas ya han perdido la “impronta” de quién las hacía sonar y, sobre todo, la función de servir como excelente medio de comunicación popular.

El grupo ANDARAJE, dedicado desde hace más de treinta años al estudio de la cultura de tradición oral en nuestra tierra, tiene una nueva tarea, la de recuperar, estudiar y catalogar las campanas en Sierra Mágina. Hemos empezado por lo que tenemos más cerca físicamente, pero también por lo que nos es más cercano en el sentimiento y en el recuerdo. Es el primer paso.

3.- LA TORRE DE LAS CAMPANAS (1.613- 1.661). Parroquia de La Asunción.

La torre es cuadrada y de elegante construcción: mide 7.50 m. en cada uno de sus lados, 37 m. de altura y 1.50 m. en el grueso o espesor de sus muros. En lo antiguo hubo una pequeña torre, la cual se hallaba desplomada, teniendo que derribarse en el año 1.613 siendo párroco el Dr. Lorenzo Muñoz, comenzándose la construcción de la actual torre según los planos de Juan de Aranda y Salazar, Maestro Mayor de la Catedral de Jaén. Comenzaron las obras el 23 de Julio de 1.613, estando encargado de su dirección el Maestro Juan Pulido de Carvajal, así hasta el 17 de octubre de ese año en que quedaron interrumpidas, construyéndose hasta la altura del primer escudo episcopal, el del Obispo Sancho Dávila y Toledo (1.600-1.619), escudo dotado de una finísima labra y complicado diseño.

El profesor Galera Andreu aporta a la historia de la construcción de esta torre nuevos datos, cuando encuentra una breve anotación en el libro de los registros de la secretaría del Obispo Fray Rodrigo Marín en el S. XVIII, aunque esta no corresponde a su mandato, sino al del obispo Moscoso y Sandoval (1.616-1.649), en la misma se le encarga al maestro cantero, Alonso Galán, que trabajaba en la iglesia de Mancha Real, “la obra de la torre de las campanas de la iglesia parroquial de la villa de Jódar, para que prosigais y acabeis conforme a la planta y traça que con este os será entregada, firmada del ynfraiscrito nuestro secretario y de Juan de Aranda y Salaçar”, dado que el albañil Francisco de Carmona había incumplido los plazos. Dice el profesor Galera “que pese a la sobriedad de los elementos decorativos, los elementos fundamentales son arcos y pilastras y algunas molduras de oreja, el contraste de la luz que se origina en la superficie, por efecto de los festones resaltados en las pilastras y el juego de las simples placas recortadas, produce esa animación que arrastra irremisiblemente a la vista de los fieles hacia esos efectos ilusorios, cambiantes, de la luz, recursos propios del Barroco”.

No se tienen noticias hasta el 15 de noviembre de 1.638 de obras en la misma, siendo párroco o prior Antonio Godoy y Chica, quien otorga escritura de fianza con los vecinos de la villa Pedro Calatrava, Luis de Quesada y Bartolomé Ruiz, a favor de la Fábrica Parroquial, para garantizar a Miguel Prieto y Martín Romero –pedreros– el que hiciesen la postura de sacar piedra de la cantera, a real cada pié, para poder continuar las obras, las cuales se volvieron a interrumpir a la altura del segundo escudo, el correspondiente al Obispo Baltasar de Osorio, Moscoso, Sandoval y Rojas (1.619-1.646).

De nuevo se reanudan las obras el 17 de marzo de 1.651, otorgándose escritura de remate a favor de los hermanos Andrés y Diego Guerrero, maestros canteros de la ciudad de Baeza, según autorización del Obispo Fernando Andrade y Castro (1.648-1.664) dada en Baeza el 28 de agosto de 1.649, siendo prior Nicolás Jordán de Fuenmayor, debiendo estar construida en el plazo de dos años en la cantidad de unos 28.000 reales, siendo por cuenta de la Fábrica Parroquial la provisión y arrimo de los materiales; las condiciones de pago eran las siguientes: 700 reales en el acto de otorgar la escritura y 2.000 reales más al empezar la obra, dándose después cantidades proporcionales hasta su conclusión. Pero las obras duraron más de dos años, siendo preciso hacer unas requisitorias mandando buscar a los hermanos Guerrero para obligarles a cumplir su contrato.

Presentados de nuevo, se reanudaron las obras, pero el 11 de noviembre de 1.660 caen mortalmente de la torre Diego Guerrero y Alonso de la Peña, teniendo que encargarse de la finalización de la misma el maestro de obras de la diócesis, Eufrasio López de Rojas –autor de la fachada de la Catedral– que la entregó terminada en 1.661, estando labrado en el cuerpo de campanas el escudo del Obispo Fernando Andrade y Castro, siendo párroco Nicolás Jordán de Fuenmayor.

4.- LAS CAMPANAS

La tercera planta es ya el campanario, el cual cuenta en la actualidad con cuatro campanas: Al Sur, “Santa María de la Asunción” del año 1.794, de 450 kgs. de peso, es la campana principal llamada también “La del Reloj” o “La María”. “San José”, que es un esquilón del año 1.961 y 60 Kgs. de peso, está situado al Oeste. “Nuestra Señora de la Esperanza”, de 212 Kgs. de peso del año 1.985, está situada al Este. Y la campana situada al Norte llamada “San Mateo” que es refundida de una anterior campana de 1.942, en el año 1.986 y con un peso de 310 Kgs. Las tres últimas campanas fueron realizadas o refundidas en los talleres de “Hijo de Manuel Rosas Serrano” de Torredonjimeno (Jaén). Las cuatro campanas están electrificadas, trabajo realizado por la anterior firma. Las antiguas campanas se denominaban (desmontadas para su fundición en la Guerra civil el 6 de marzo de 1.938): Al Sur, Santa María de la Asunción, “la María”, que hoy existe. Al Oeste, “Santa Bárbara” o “La Bárbara”. Al Este “Santa Isabel” o “la Isabel”, y al Norte “Santa Segunda”. Se dice que tras la Guerra Civil Española una de las campanas que sobrevivieron fue llevada a la torre de la Catedral de Baeza.

El 13 de julio de 1.774 el Clero pide al Marqués “que la campana que ay en el Castillo sin uso del tiempo en que havia oratorio en el q se halla (…) les concediese el uso de dha. campana para completar uno de los cuatro arcos de la torre”. La campana era un esquilón llamado “Santa Isabel” y se colocó en el arco de poniente en 1.774. En 1.863 son reparadas las campanas de la torre. En 1.881 se acuerda el código de señales en caso de incendio en la Villa: Del Ejido a la Calle Corralejo, una campanada; desde esta a la Cava Baja con Vistalegre, dos campanadas; y de esta a la Calle Barrionuevo, tres campanadas.

En 1.893 se quiebra la campana de once arrobas, siendo fundida nuevamente por José Mares Plans, ascendiendo su costo a 550 reales. En 1.914 se bendice una nueva campana en la torre, fundiéndose en ella el escudo de la ciudad.

Hasta 1.789 existieron las casas capitulares junto a la Iglesia de la Asunción, las mismas tenían una sólida torre de mampostería y cantería en sus esquinas, llamada “la torre del reloj”, por estar en ella el reloj de la Villa, se coronaba con una campana, la cual, además de dar la hora, tocaba a cabildo, reuniéndose los Capitulares a su toque.

También existen campanas en la Iglesia del Santo Cristo de la Misericordia, llamada “la Misericordia” que es de 1.893, en la Ermita de Nuestra Señora de Fátima, sin uso y de los años 50, y en la Ermita de San Isidro, de 1.955, hoy desaparecida. En la Capilla u Oratorio de la Fábrica de Harinas “El Patrocinio” en la Estación de Jódar también existe un esquilón. Por último destacar, como curiosidad, que en la Ermita de San Antonio de Padua, capilla semipública y hoy desaparecida, construida en 1.941 por Antonio Serrano, en vez de campana tenía una sirena. También tenía esquilón la antigua Ermita de la Humildad, ubicada en el Paseo.

5.- TRANSCRIPCIONES MUSICALES DE LOS TOQUES DE CAMPANAS

6.- FUENTES DOCUMENTALES

ALCALÁ MORENO, Ildefonso; BARROSO NAVARRO, Jesús; BARROSO TORRES,Jesús
Revista de Folklore nº 275 (2003)

  • JÓDAR: Campanas, campaneros y toques
  • ROSAS, HIJO DE MANUEL (TORREDONJIMENO): Inventario de campanas
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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