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Historia de la campana

No es extraño oír sonar las campanas cada hora o en las ocasiones especiales en cualquier pueblo o ciudad que tenga alguna iglesias ¿verdad?. Pero lo que tal vez no sepas es que su origen es realmente curioso. ¿Te gustaría conocerlo? ¿Sabes quién la inventó? Algo que siempre ha estado ahí pero que pasamos por alto. En CurioSfera.com nos gustaría explicarte la historia de la campana. ¡Comenzamos!

Quién inventó la campana

Aunque hoy en día es un instrumento antonomástico del mundo cristiano, la campana es un invento anterior al cristianismo. Tanto es así, que como sucede con muchos otros descubrimientos del hombre, que lamentablemente se ignora quién, cuándo y dónde se inventó.

Pero sí que se tiene constancia de sus primeros hace varios siglos gracias a documentación que ha llegado hasta nuestros días y a investigaciones realizadas por historiadores y antropólogos. Vamos a verlo a continuación:

Origen de la campana

De la región italiana de Campania, donde primeramente se utilizó, deriva el nombre de este objeto, forma abreviada del sintagma italiano vasa campanao (recipientes de Campania), de donde antiguamente procedía un bronce de excelente calidad.

Es una palabra o voz alusiva al instrumento que la Iglesia comenzó a utilizar hacia el siglo VI para convocar a los actos litúrgicos y oficios divinos. Al principio tuvo que competir con términos como nola, signum, clocca, voces que en España solo tuvo uso en el catalán seny o el asturiano chueca.

Sobre el 2.500 a. C., la cultura china poseía doce campanas cuyos sonidos graduados expresaban los doce tonos musicales existentes en aquella cultura. Puedes ver nuestro artículo historia de las notas musicales. En el Antiguo Egipto se anunciaba con campana la venta del pescado.

Como adorno, la campanilla aparece en vestiduras sacerdotales en el ámbito hebreo hacia el año 1500 a. C. Eran pequeñas campanas doradas que adornaban el atuendo del sumo sacerdote.

En el mundo antiguo romano, la hora de los baños (ver historia del baño) se anunciaba a son de campana, y se repicaban cuando los oráculos producían la respuesta a enigmas o preguntas que le habían sido confiadas.

Con la campana se advertía al pueblo de cualquier acontecimiento importante. Se sabe que los eclipses eran anunciados de esa manera, también el paso de los criminales hacia el patíbulo. Cuándo comenzó a emplearse en los templos cristianos es asunto todavía por dilucidar.

No es posible fijar la época en que se introdujeron, pero debió de ser uso derivado del que ya tenía en Roma, unos creen que fue san Paulino de Nola, muerto en el 430, y se apoyan en el hecho de que las campanas fueron llamadas primero “nolanas”; de hecho, Nola se encuentra en la región de Campania y se sabe que en tiempos de san Paulino se utilizaba una serie de pequeñas campanas para reunir a los fieles. Las campanillas se llamaban por esta causa nolae, y las grandes recibían el nombre de campanae. Otros atribuyen la iniciativa al papa Sabiniano I, sucesor de san Gregorio en el 504.

Sea como fuere, las campanas se encontraban ya en Francia en el siglo VII, dos siglos antes de que comenzaran a utilizarse en Bizancio. Había campanas en Inglaterra en el siglo X y según la documentación las primeras campanas suizas datan del año 1002.

A España parece que no llegaron antes del reinado de Alfonso II el Casto, rey de Asturias muerto en el 842, nieto de Alfonso I el Católico. En aquella época eran de tamaño reducido, tanto que asombraba verlas de peso superior a las dos o tres mil libras.

Evolución de la campana

Fue en el siglo XVI cuando comenzaron a adquirir tamaños exagerados: la campana mayor de Toledo pesaba cerca de cuarenta mil libras, y si hasta un siglo antes apenas tenían adorno en su copa, a partir de los siglos áureos éstos proliferaron en forma de molduras, hojas, bajorrelieves, las armas de la Iglesia o del noble oferente, e inscripciones que revelaban el nombre del fundidor y de la iglesia a que era destinada, así como el año de su fundición.

Tuvo sus enemigos: los moriscos la odiaban y la profanaban, según cuenta Daniel Fonseca en su Expulsión de los moriscos, del siglo XVII. En el Islam estaban prohibidas, y ninguna mezquita hubiera cometido la insensatez de utilizarla.

En el Islam norteafricano se cree que las almas de los justos andan volando de flor en flor como las abejas que chupan el néctar, y que el zumbido de la campana las espanta y hace caer huyendo despavoridas.

Como es sabido, la voz sustituye a cualquier instrumento: es el almuédano quien llama a la oración o zalah siete veces al día desde el alminar o minarete. No obstante esto, en el Islam en general, sobre todo en el Islam primitivo, la resonancia de la campana recuerda la revelación del Corán a Mahoma.

También ha tenido vinculación religiosa con el budismo: en el Canon búdico palise asimila la voz divina al sonido de una campana de oro, de modo que las campanillas de los techos de las pagodas tienen como fin que los fieles perciban el sonido de la ley búdica.

Desde el principio se habla de la bendición de las campanas y del nombre que se les asignaba en esta especie de bautismo, costumbre consolidada durante el papado de Juan XXII, hacia el 972.

La bendición se hacía con gran solemnidad, se cantaba el Salterio y se imploraba la bendición divina; el obispo o el presbítero procedía a su lavado con agua bendita, tras lo cual eran ungidas con el crisma, y perfumadas con incienso y mirra entre cánticos y rezos.

Pero también hubo casos en que se castigó severamente a una campana: el campanero de la parroquia del Divino Salvador de Sevilla contaba en 1950 que a una de las campanas de la Giralda se le castigó a permanecer con la copa hacia arriba durante un año y se le dio una tanda de latigazos porque en su volteo despidió al campanero, que salió volando por la ventana.

Las campanas clásicas se componen de un vaso de bronce que forma la parte vibrante; el badajo en forma de pera alargada, productor del sonido, cuyo peso no excede normalmente el 1/20 del total; y las orejas o asas mediante las cuales se sujeta o suspende de los armazones especiales.

En España causó sensación la campana de Toledo refundida en 1753, con sus diecisiete mil ochocientos kilogramos, peso ridículo si se compara con la del Kremlin, fundida en Moscú en 1733, cuya altura supera los seis metros, y cuyo peso se acerca al cuarto de millón de kilogramos.

También es muy conocida en los Estados Unidos la historia de la campana de la libertad, que puede visitarse en su museo de la ciudad de Filadelfia.

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CurioSfera (31-10-2017)

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