CRESPO, José - (IV) Esclavos blancos. El retorno de las campanas, piratas y tártaros

(IV) Esclavos blancos. El retorno de las campanas, piratas y tártaros


Se ordenó fundir unas magníficas campanas utilizando el bronce de las puertas de la Mezquita - Autor: CRESPO, José

Tras la reconquista de la ciudad de Córdoba por parte del Rey Fernando III El Santo en 1236, en un intento de recompensar el expolio de la Catedral de Santiago, se ordenó fundir unas magníficas campanas utilizando el bronce de las puertas de la Mezquita y de las campanas reconvertidas en lámparas. Así iniciaban nuevamente su regreso hacia la tumba del Apóstol, esta vez serían esclavos musulmanes los que cargarían con tal pesada y azarosa carga hasta la que sería su definitiva morada.

La piratería berberisca, entre 1500 a 1650, llevó más europeos a los mercados de esclavos del Magreb que africanos por los europeos a América durante la misma época. Tal fue su impacto que el antaño lucrativo comercio mediterráneo quedó estrangulado pues la mayoría de los esclavos los obtenían atacando barcos, y la psicosis llegó a tal grado que amplias fajas costeras quedaron despobladas al huir sus habitantes a zonas del interior, para estar a salvo de los piratas traficantes de esclavos.

En otros casos, quedaron despobladas al ser capturados y esclavizados todos sus pobladores, algo que sucedió en la península itálica, la región que más sufrió la piratería berberisca por no ser un estado unificado que pudiera ofrecer resistencia.


Cosacos atacan una columna de tártaros que vuelven cargados de esclavos después de saquear la ciudad incendiada al fondo

En la pintura, cosacos atacan una columna de tártaros que vuelven cargados de esclavos después de saquear la ciudad incendiada al fondo. La zona sujeta a los saqueos de tártaros se llamaban Campos Salvajes, y los únicos que continuaban viviendo allí eran los cosacos, establecidos a lo largo de varias fortalezas militares. Y una vez más, si este tráfico de esclavos acabó no fue por humanismo ni por falta de rentabilidad, sino porque el Ducado de Moscú, origen de Rusia, conquistó Crimea en el XVIII, poniendo fin a este genocidio que despobló un área prácticamente del tamaño de España. Esta zona de gran riqueza agrícola y actualmente conocida como el granero de Europa, a pesar de considerarse parte del Viejo Mundo se abrió al poblamiento y cultivo en la misma época que zonas del Nuevo Mundo como las llanuras de EEUU o de Canadá.

Una vez capturados, lo más duro comenzaba con la marcha hacia Crimea. Encadenados y siempre a pie, muchos de los cautivos morían en el camino. Dado que en muchas ocasiones las partidas de tártaros temían ataques de cosacos para liberar a los cautivos, se apresuraban más en las marchas. A los cautivos enfermos o heridos se les mataba para no entorpecer la macabra procesión. Los hombres viejos y enfermos que se vendían por poco valor, se daban a los tártaros jóvenes para que los apedrearan o los arrojaran al mar por diversión.

Las condiciones de los esclavos que sobrevivían al camino y eran comprados eran pésimas. Algunos esclavos podían pasar el resto de sus días haciendo trabajos agotadores, tal y como el visir de Crimea Sefer Gazi Aga menciona en una de sus cartas, los esclavos eran simples herramientas, “arados y guadañas” de sus dueños. Peor fue el destino de aquellos que se convirtieron en esclavos de galera, cuyos sufrimientos son relatados en muchas canciones tradicionales ucranianas. Y tanto esclavos como esclavas a menudo se utilizaban con fines sexuales.

CRESPO, José

La Paseata (11-01-2018)

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