REDACCIÓN EL TIEMPO - Para lanzar las campanas al vuelo

Para lanzar las campanas al vuelo

Permanecen colgadas a pesar del paso de los años. Descansan sostenidas en el aire como si estuvieran esperando despertar de un profundo sueño.

Sus sonidos aún permanecen en el viento, en el aire del recuerdo de aquellos que las alcanzaron a escuchar.

Aún se pueden contemplar coqueteándole al cielo desde lo alto del campanario de alguna iglesia. Son las campanas que ya no levantan vuelo. Están mudas y quieren salir de su estado ornamental. Parece que ya nadie las toca.

Y las que suenan parecen estar jugando a la fonomímica. Ese toque de campanas se llama carillón , que consiste sencillamente en tocar un timbre y el sonido sale por un parlante .

Palabras de Luis Adriano Forigua, el sacristán de la Parroquia de Santa Bárbara, palabras que brotan a ritmo de campana. Nació en Guachetá en 1936, después del 9 de abril de 1948 vive en Bogotá y desde 1953 es el campanero de la iglesia.

Su primer contacto con las campanas fue al día siguiente de su llegada. En esos años y para toda misa había que dar los toques correspondientes, inclusive había que anunciar con las campanas el alba a las cinco de la mañana. Para la misa del mediodía se tenía su técnica: se hacía un toque con la campana grande, con la segunda se hacían dos golpes y en total se daban doce campanadas. Inmediatamente después se tocaban las tres, lo que se llama el deje que es la puntuación final de la campanada .

Para Luis Adriano lo más extraordinario que le pudo ocurrir en su vida fue el tener algún contacto con la iglesia. Y lo tuvo en esa época en que cuando Roma hablaba el mundo temblaba. Aprendió a ser campanero gracias a los monaguillos. Y fue un alumno tan aventajado que en un solo día aprendió la magia de las campanas. Fue alimentado su sabiduría cada vez que aferraba con sus dos manos el rejo de las campanas y de ellas hacía brotar sus llamados.

El sonido de la campana, el verdadero, el natural, tiene la significación de ser la voz de Dios llamando a los fieles para el oficio divino , explica Luis Adriano y agrega que el catolicismo ha tenido dos tiempos: antes y después del Vaticano II. En la actualidad la iglesia se está silenciando, está asumiendo una posición discreta. Esto tiene que ver con el silencio de la campana .

Luis Adriano es un campanero solitario que vive con sus tres campanas. En estos momentos la iglesia se está restaurando y sus campanas se escuchan regularmente cuando hay misa los domingos. Por la incomodidad del espacio del campanario ya no se puede dar, como antes, el auge del campanario. Por ejemplo, todos los sábados al mediodía se acostumbraba a dar las doce campanadas y se hacían tres repiques al vuelo para significar que al día siguiente era el especial. Hoy esto casi ha desaparecido .

El sacristán mira sus campanas y lanza al vuelo sus palabras: el sonido de las campanatiene que renacer. En la antigedad las campanas servían para alertar a las personas si había algún incendio, algún peligro o un ladrón. Antes no había teléfono, ahora estamos en la época del me llamas por el celular o ponme un fax . Desafortunadamente ya no se necesita tocar la campana. El campanario tenía una importancia pública. Ahora el llamamiento se hace con un altoparlante .

El actual repique de campana Es un sonido elegante, frío y seco. Parece extraído de una banda sonora, de un disco, de un efecto sonoro. Así es el cantar de las campanas electrónicas, aquellas que con pulsar cobran vida, pero vida artificial. Así están sonando desde 1980 en la Catedral Primada. Ya nadie las toca y para que suenen solo hay que apretar un botón y el repique sale grabado por un altavoz. Las de la Parroquia de San Diego hace dos años entraron en la era de la modernidad. El sonido de las campanas es el de una grabación y sale por unos altavoces. El encargado de hacerlas repicar era Monseñor Castro pero al morirse se llevó sus cantares.

El campanario de la Parroquia de la Anunciación es nuevo pero solo tiene las campanas de adorno. Nadie las toca. En la Parroquia de las Cruces de la Señora del Carmen ya no se tocan con la técnica tradicional pero cobran vida natural para las celebraciones de la Eucaristía. Su campanario está a cargo del sacristán que tiene 22 años.

Luis Adriano Forigua, un campanero de oficio, recuerda que el único requisito para serlo en la Catedral Mayor de Roma es ser sordo porque allí las campanas hablan muy duro. En Bogotá en cambio, para serlo hay que tener campanas. Solo eso.

REDACCIÓN EL TIEMPO

El Tiempo (23-11-1996)

  • BOGOTÁ: Campanas, campaneros y toques
  • FORIGUA, LUIS ADRIANO (BOGOTÁ) : Toques y otras actividades
  • Campaneros: Bibliografía

     

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