ESQUIVEL, Eloy Japhet - José Loreto hace cantar a las campanas de catedral

José Loreto hace cantar a las campanas de catedral

El día de José Loreto empieza a las siete, se levanta muy temprano, antes del alba, espera que el velador, quien cuida por la noche la Catedral Basílica de León abra sus enormes puertas para dejarlo entrar, luego, hunde sus manos sobre el agua para limpiar el paso de cientos de leoneses que entran con su suciedad, misma que se enmarca sobre el suelo de madera, así como el clérigo hunde sus manos sobre el agua pura y bendita y expiar el pecado original, él da lustre a este templo antiguo y hace cantar a las campanas.

Un caballero

“Es un privilegio para mí estar aquí en mi trabajo, tocar campanas es la dicha que tenemos”, un bonito oficio, un trabajador de mantenimiento” lo dice haciendo un cóncavo entre sus manos que descansan sobre su trapeador como si fuese la empuñadura de una espada, como un caballero de antaño.

“Viejas y señoras” cantan en coro al unísono

Barre, trapea, mientras la luz empieza a iluminar el atrio y solo después despierta a las dulces señoras que yacen en los dos torreones de la catedral, pero tienen un horario, dice José: “la primera es 8:30 a.m. y luego 12:00 p.m. y al velador le toca 6:30 p.m., 7:00 p.m. y 8:00 p.m., “viejas y señoras emiten su poderoso canto para anunciar la misa y con un sonido, un eco muy sólido y tenso”.

Cuando entra el Arzobispo, los diáconos y los canónigos, las cinco campanas, las chicas y las grandes, se ponen a cantar a capela y en coro “como si fuera parejo pero diferente, es una escala” dice Loreto que las despierta. También cuando se festeja a la Santa Señora de la Virgen de la Luz.

Un mundo allá arriba

Así como en la novela de Víctor Hugo, Nuestra señora de París, en el campanario de Notre Dame se escondía el joven deforme Quasimodo, encargado del campanario, aquí en las alturas de la Catedral basílica de Nuestra Señora de la Luz solo hay fauna: lechuzas, palomos, un halcón, un reloj y espectros.

José Loreto por orden de los clérigos tiene que cazar a la lechuzas: “me ha tocado matarlas, no las quieren aquí porque hacen un ‘cagadero’, es muy feo, es mucho óxido -¿Y el halcón no lo mata?- No ese es muy vivo, ese no baja-, respondió José.

José Loreto: “las que bajan son las lechuzas, bajan a la sacristía, a un ladito de los padres, nos dicen que las matemos para evitar criadero. Es por el motivo de que no hagan tanto ‘cagadero’”.

Sombras nada más

En sus quince años de experiencia José Loreto dice haber tenido encuentros paranormales, pero normales para él; dice que las ánimas son como sombras, como bultos que atraviesan las puertas, dice José, “son personas que ya no existen, son personas como yo, se esconden, de repente voy y no veo a nadie ahí, yo nomás les digo, ya te vi”. Es su estilo de andar vagando porque quieren que uno les ayude”. “Al sacristán le agarraron la cabeza, hasta se enfermó y sintió un escalofrío, tuvo que ir a terapia con un padre”.

ESQUIVEL, Eloy Japhet

El Sol de León (08-03-2018)

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