TELLAETXE ISUSI, José - Las campanas en Maranello

Las campanas en Maranello

Nos acercamos al Gran Premio de Australia a ritmo de crucero y son tantas las cosas sobre las que me habría gustado escribir antes de esta cita, que no sé si me dará tiempo a volcarlas todas en palabras.

Sea como fuere, y aún desconociendo cómo ha calado tanto en el personal la bobada ésa de que se es mejor aficionado amando apasionadamente el deporte sin pringarse en mostrar inclinación alguna por una escudería o un piloto, quiero abrir el mediodía de este martes haciendo la misma pregunta que recupero de cuándo en cuándo: ¿en qué términos consideraríais a alguien que afirme que es mejor que vosotros porque ama apasionadamente a todos los hombres, o todas las mujeres, sin sentir necesidad de decantarse por una persona en concreto?

Sé lo que estáis pensando e imagino lo que podríais llegar a sentir ante este personaje imaginario, Of course!

Salvando algunas elecciones personales que van por estos mismos derroteros y son tan entendibles como respetables, lo cierto es que este tipo de equidistancias ni son la regla general ni mucho menos se pueden catalogar como una aspiración a la que debe sumarse todo pichichi. Lo normal es precisamente lo otro: mostrar afinidades, ser más feliz con éste o con aquél, con ésta o con aquélla, y obviamente, mirar de reojo lo que no nos gusta y jamás habríamos elegido ni borrachos como cubas...

Todo esto va en nuestro paquete de serie como seres humanos, el resto es postureo más o menos consciente, lisa y llana necesidad de socializar más y mejor proponiendo un escenario a tu alrededor impermeable a las perturbaciones de la fuerza, no sea que en un desliz alguien te pille vociferando de alegría por un triunfo, por un adelantamiento, por la doblada de rodilla de un rival, etcétera.

Ya os he comentado alguna vez que veo las carreras a través de Sky Sport, y al hilo espero que comprendáis perfectamente cómo me siento de dichoso cuando los comentaristas rompen la sagrada liturgia de la equidistancia impostada y gritan como poseídos cuando un compatriota, su compatriota, protagoniza una hazaña por pequeña que sea.

Repito que todo esto va en nuestro paquete de serie y que el resto es ir un poco contra natura. En todo caso, líbreme Dios de deciros qué tenéis que hacer con vuestras vidas. Sois libres, incluso para haceros tifosi, que mira si la afición a la italiana es cachonda, que cuando un monoplaza rosso cruza primero la meta el párroco de Maranello hace sonar las campanas de la iglesia.

Luego, para compensar, tenemos a Sergio Machionne y tal, pero ésa es otra historia.

Os leo.

TELLAETXE ISUSI, José

El Infierno Verde (20-03-2018)

  • MARANELLO: Campanas, campaneros y toques
  • Toques extraordinarios de campanas: Bibliografía

     

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