MARINA, Cosme - Voladores, campanas y mucho ruido

Voladores, campanas y mucho ruido


Músicos en el espectáculo con el que se estrenó el teatro de la Laboral - Autor: MARINA, Cosme / LA NUEVA ESPAÑA

He dejado deliberadamente pasar unos días para comprobar el efecto que la inauguración del teatro de la Universidad Laboral generaba entre el público asistente e, incluso, entre los que ni se acercaron al mismo a lo largo de las tres jornadas consecutivas de apertura del nuevo equipamiento regional que tantas expectativas, de todo tipo, ha levantado en los últimos meses.

«Unidad móvil en disolución» de Llorenç Barber ha levantado ampollas entre algunos de los invitados y, por otra parte, ha generado también alguna adhesión aunque no de tanto entusiasmo como el rechazo. O sea, que si lo valoramos desde el punto de vista de que la creación contemporánea ha de generar debate ha sido un éxito enorme porque pocos espectáculos recientemente en Asturias han propiciado tantas páginas de diarios de encendidos comentarios. Otra cosa es que buena parte de lo que se ha escrito roce el absurdo y ponga en evidencia del arduo trabajo pedagógico que debe hacerse en torno a la creación musical contemporánea.

Y es que, si algunos aún no se han enterado, la propuesta de Barber es intrínsecamente musical. No apostó la Laboral por la vanguardia más experimental para abrir su ciclo de propuestas. Ni mucho menos. Lo hizo por una figura muy consolidada en el ámbito musical español, y con fuerte proyección europea. A Barber lo avala una trayectoria impecable y la participación en numerosos ciclos de primer rango -un concierto suyo de campanas fue uno de los acontecimientos estrella del 50.º aniversario del Festival de Santander, por citar ámbitos cercanos o, aún más, también ideó un concierto hace años con las campanas de las iglesias del casco antiguo ovetense-. Es un creador que se mueve cómodo, por tanto, en los espacios abiertos y que investiga y busca. No es, desde luego, un músico conformista.

En su «Unidad móvil en disolución» buscó sonoridades dentro del teatro y fuera, en el patio un efecto envolvente, en el que la música transitaba en un itinerario que tenía mucho de efecto teatral en su deambular aparentemente caótico. Los momentos puntuales con las campanas, dentro y fuera, sirvieron como ejes, los fuegos artificiales como fiesta y la música como hilo conductor. Su discurso musical está ya asimilado desde hace décadas. No es, ni de lejos, algo «agresivo» y la reacción negativa que provocó en parte de los asistentes evidencia la necesidad de un esfuerzo mayúsculo para introducir a Asturias en el ámbito de la música contemporánea. Pese a las inclusiones de compositores de nuestro tiempo en la programación de las orquestas está casi todo por hacer en este sentido y la Laboral puede abrir una senda que, desde luego, no va a ser fácil y que se va encontrar con la incomprensión y la hostilidad de numerosos sectores ansiosos de «hincarle el diente» al equipamiento.

¿Quiero con todo ello decir que el espectáculo de apertura fue un acierto total? Ni mucho menos. Barber midió mal los tiempos y ambas secciones, la de dentro del teatro y la del patio, acabaron siendo largas y la primera incluso plomiza. Da la impresión que los cientos de músicos participantes no acabaron por integrarse con convicción en la propuesta porque quizá no se les explicó la obra con el sosiego que debieran. El propio autor reconocía en el programa de mano de que no hay «formatos ni reglas registradas que avalen una inauguración». Es cierto. Pero su apuesta podría entenderse mejor en la apertura de un auditorio que en la de un teatro en la que siempre se está esperando una exhibición de la «maquinaria teatral». Sin embargo, aquí faltó esto aunque la fiesta final en el escenario -con Dj y buen «lunch»- permitía que todos recorriesen las instalaciones de forma tranquila. Un buen escenario, magníficamente dotado técnicamente, merece espectáculos escénicos potentes y de relevancia. Eso sí, entiendo que quien acudió al estreno pensando en revivir «La traviata» o algo así saliese, como mínimo, ardido y rabiado. Pero bueno, eso ya son otros asuntos.

MARINA, Cosme

La Nueva España (25-10-2007)

  • XIXÓN: Campanas, campaneros y toques
  • BARBER, LLORENÇ: Toques y otras actividades
  • Conciertos de campanas: Bibliografía

     

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