Francisco José Llop Lluch - Visión alusión obsesiva quizá realidad…

Visión alusión obsesiva quizá realidad…

Es el 24 de junio de 1412. Aún es de noche completamente junto a la ermita de San Juan del Mercado. Intensísima multitud de gentes judías, árabes… esperan anhelantes ver y oír a fray Vicente Ferrer. Tienen sus problemas religiosos. Pero ven en este fraile dominico una veracidad y un más allá muy exacto y muy fácil. Aún es de noche.
Alguna estrella aparece en el cielo. La brisa marítima corre por esta hondonada entre la muralla cristiana de la ciudad de Valencia y esos campos de huerta junto a la ermita de San Juan. Es un afluente que pasa por este barrio rumbo a la plaza grande del convento de franciscanos actualmente plaza del ayuntamiento para dirigirse por la calle de las Barcas hacia el mar. Allí, medio somnolientos, esperan la llegada del santo valenciano.
Muchísimos ya son cristianos. Otros aún balbucean, pero están muy satisfechos de venir a verle y oírle hablar. El silencio es enorme, rotundo. Aún no vemos el sol, aún no hay luz de día. Se conmueve la multitud al ver que aparece un grupo de venerables clérigos y, entre ellos, el dominico valenciano.
Ya empieza el Santo Sacrificio. Tras las palabras iniciales del santo sacrificio en latín sigue la Santa Misa. Y llegamos al momento del sermón o de la plática religiosa. Ahora empieza el momento esperado por todos. Su alocución… en lengua valenciana. Todos, todos, todos le comprenden. Es uno de tantos milagros aprobados que sabemos de él. El sol ya destaca un poco, ya se nota en algunas nubes coloreándolas.
Y en plena disertación religiosa del fraile, le ilumina el rostro. Estamos cerca de él, muy cerca, y notamos fuerza expansiva en el hablar. Notamos todo su fondo religioso milagroso que lleva… cuando queda sorprendido por un instante. Busca bajo su hábito un pañuelo, lo muestra a la multitud y dice “Seguiu a eixe mocador. Allí on caiga hi ha una gran necessitat i deveu ajudar als pobres”.
Se produce el milagro. El pañuelo albo, limpio lanza al aire y empieza a volar a pesar de no existir la mínima brisa marítima. Y por una de las puertas de la muralla se introduce en la ciudad. El santo prosigue su alocución religiosa. Al cabo de bastante tiempo sigue hablando, y el sol ya inunda la mayor parte de las gentes que están allí oyéndole. Vienen las gentes que fueron tras el pañuelo y comentan la pobre y exacta realidad de una familia que se moría de hambre y que ha sido atendida por estas personas que han oído la voz del santo. Lleva fray Vicente Ferrer cerca de dos horas hablando. La gente no se mueve, la gente suspira, la gente, en algunos casos, con disimulo bosteza. Después todos serán atendidos milagrosamente.
Estoy tan cerca del santo que veo su íntima alegría reflejarse en su rostro. Otro milagro. Otro bien a la Humanidad pobre y desvalida. El sol ya da de frente y fuerte a toda la multitud. Hace ya un buen calor. El santo suda copiosamente. Yo he llegado en un cúmulo de impaciencia y de franqueza a recoger con mi pequeño pañuelo algunas gotas de su sudor ¿se habrá dado cuenta? Sigue hablando pero ya está muy agotado. Termina a los pocos momentos y prosigue el Santo Sacrificio de la Misa.
Muchos de los judíos y árabes y otras gentes que hay por ahí los veo muy compungidos y dolorosos, y algunas voces templadas piden perdón por sus culpas y faltas graves. Ya el sol da de lleno a la multitud.
Termina por fin el Santo Sacrificio de la Misa y hay una gran algarabía entre todos los asistentes porque mientras unos confiesan a grandes voces sus faltas y delitos, otros presurosos van a confesarse. Vicente Ferrer ya no puede más. El sudor le llena el rostro. Parece que ha envejecido en poco tiempo, pero el milagro se ha cumplido.

Francisco José Llop Lluch
Associació de Sant Vicent Ferrer del Mocadoret - València (2008)

Nota del editor En el texto original remitido para su publicación figuraba como "autor" - o como uno de sus varios seudónimos - Víctor Ll. Miguel. Sin embargo en el texto impreso figura el nombre del autor. (FLLiB 20-08-2024)