RODRÍGUEZ, Rita - Gustavo A. Trujillo Yánez: "La campana es el único objeto litúrgico que tiene nombre propio"

Gustavo A. Trujillo Yánez: "La campana es el único objeto litúrgico que tiene nombre propio"

El historiador nos ofrece en las fiestas de San Lorenzo una jornada de patrimonio para conocer la trascendencia histórica de la parroquia y sus campanas.


Gustavo A. Trujillo Yánez posa con la programación de las fiestas de San Lorenzo 2024 - Autor: CRUZ, Andrés / LA PROVINCIA

Gustavo A. Trujillo Yánez, nacido en el pueblo de Teror, es un historiador e investigador que imparte clases en la universidad y estudia el valor patrimonial de las campanas de la isla de Gran Canaria.

En la jornada de patrimonio nos presentará la antigua parroquia de San Lorenzo y sus campanas, ¿qué podría contarnos sobre estos bienes?

La parroquia de San Lorenzo gozó de la presencia de campanas desde su construcción y, según se rompían, eran sustituidas por otras. De este modo, en la actualidad expone dos en la espadaña pertenecientes al año 2000. Sin embargo, aún se conservan algunas campanas antiguas en las dependencias parroquiales. Específicamente hay dos de 1870 firmadas por la compañía inglesa que construyó la campana del Big Ben, J. Warner e hijos, que son un reflejo de las relaciones comerciales que mantuvo Canarias con Inglaterra durante el siglo XIX. Asimismo, en ellas se observan el escudo de la corona inglesa, y esto marca una clara diferencia respecto a las de procedencia española o italiana que presentaban motivos ornamentales e iconografía cristiana. Igualmente, si tuviéramos que destacar algo de esta parroquia es que se ha mantenido la tradición de repicar las campanas manualmente frente a la automatización actual, y se trata de un hecho importante ya que esta práctica fue declarada patrimonio inmaterial de la humanidad en el 2022 por la UNESCO. De igual modo, debemos señalar que hoy en día en Gran Canaria podemos encontrar una gran diversidad de estos bienes con valor histórico. Las más antiguas datan en torno al siglo XVI y se encuentran en la iglesia de la Concepción de Jinámar, la ermita de San Pedro en Arucas y en la Catedral de Santa Ana. Respecto al siglo XVII se conservan dos, en Agaete y Tenoya. Además, en la ermita de este último encontramos un caso único en toda la isla, una inscripción que hace referencia a la donación de una campana de la época. De este contexto también debemos mencionar al fundidor Juan Felipe de Rivas, de procedencia sevillana, pero que vivió en Canarias donde ejerció su oficio y exportó campanas al resto del archipiélago, como a La Gomera. De igual modo, otro fundidor canario fue Enrique Sánchez, cuyo taller se ubicaba en el barrio de Triana y construyó en 1916 la campana del templo de la Milagrosa.

¿Podría hablarnos sobre el oficio del fundidor de campanas?

Se trataba de un oficio itinerante. Eran artesanos y, al igual que un pintor o un escultor, los había de mayor o menor categoría social. Aún así eran muy demandados debido a que la campana era un elemento muy valioso y caro. Sin embargo, actualmente existen pocas investigaciones sobre esta profesión.

¿Qué importancia tenían las campanas dentro de la sociedad canaria?

La campana era básica porque servía para transmitir mensajes a larga distancia dentro de una sociedad que carecía de teléfono o telégrafo. Por ejemplo, existía el toque de arrebato para alertar de la llegada de piratas y corsarios, que se combinaba con el encendido de fuego en las atalayas. Asimismo, también servían para emitir el toque de queda por la noche, la llamada a la misa e incluso para ahuyentar las tormentas o plagas de langostas. De igual modo, también eran utilizadas para anunciar las muertes de los parroquianos, que en función de si era hombre o mujer y de su categoría social, se emitían diferentes toques. Algo que ya decían algunos investigadores, y que yo mismo me he dado cuenta, es que solemos ignorar las torres de las iglesias, pero debemos ser conscientes de que son construidas con la finalidad de acoger en su interior a estos bienes tan importantes. En definitiva, las campanas marcaban el ritmo diario de la comunidad y eran fundamentales para la comunicación.


Inscripción / Gustavo A. Trujillo Yánez

Las campanas debían ser muy costosas, ¿cómo se financiaban?

Gracias a las inscripciones de estos elementos podemos averiguar quiénes los sufragaron. Las propias heredades llegaron a financiar la compra de campanas, relojes, e incluso la construcción de torres en las iglesias. También eran financiadas por párrocos, por potentados y, en ocasiones, por el propio vecindario a través de la aportación de limosnas, tal y como nos muestra la inscripción de la ermita de San Pedro de Tenoya que antes mencionamos. De igual modo, a veces las campanas rotas se refundían para aprovecharlas.

¿En qué situación se encuentra la conservación de estos bienes?

Cada vez se está tomando un poquito más de conciencia sobre el valor de las campanas antiguas, pero a día de hoy en Canarias no hay ninguna que esté protegida de manera legal. Si se llegara a sustituir las campanas del siglo XVII por unas del 2024, no pasaría nada. Sin embargo, por parte de las instituciones hay proyectos que están tratando de darles cierta protección. Por ejemplo, el Gobierno de Canarias me encargó el inventario de las campanas de Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, y nuestro Cabildo me encomendó la tarea de actualizar el catálogo que configuré durante mi tesis. En definitiva, es un proceso costoso que aún le queda un largo camino, pero imprescindible para concienciar a la sociedad y mantener parte de nuestra historia.

¿Cómo podemos acceder a las campanas históricas que están en desuso?

Las de San Lorenzo están guardadas y no se pueden ver, pero he propuesto colocarlas como parte de una exposición museística. En cambio, a las de Santa Brígida, Santa Lucía de Tirajana y San Mateo sí se puede acceder y admirarlas sin problema. Considero muy positivo este tipo de proyectos, pues permiten valorar estos bienes a pesar de que hayan perdido su función. Asimismo, también me gustaría proponer la recuperación de la matraca en la parroquia de San Lorenzo. Un instrumento de madera con una manivela que al girarla emitía ruido. Este utensilio sustituía el sonido de las campanadas el jueves y viernes santo en señal de respeto a la muerte de Jesús. En la actualidad, esta tradición se mantiene en pocos sitios como Gáldar, la catedral de Las Palmas, Valleseco o Agüimes, y de alguna manera también pervive entre nosotros a través de la expresión “esta persona es una matraquilla”.

¿Las campanas siguen teniendo relevancia dentro de la sociedad?

Hay lugares donde la población continúa usando la campana como referencia, sobre todo en los pueblos. Por ejemplo, en Teror para anunciar muertes aún se doblan las campanas. Además, todas las fiestas inician con el repique de estas, junto a la subida de bandera y el estallido de voladores. Incluso en la ermita de San Roque de Vegueta llaman a misa con el toque de la misma.

¿Cómo fue su experiencia durante la investigación, encontró grandes obstáculos?

Cuando comencé mi investigación apenas había estudios previos. Prácticamente, el 90% de las campanas que registré son inéditas. Por ejemplo, no había referencias sobre la de la iglesia de Jinámar. Por tanto, fue un trabajo esencialmente de campo. Comencé visitando las ermitas históricas de todos los municipios de la isla, y luego iglesias de reciente construcción donde también pude encontrar campanas antiguas que habían sido trasladadas. Complementé esta tarea con el análisis de documentación que reflejaban las fechas en la que las campanas habían sido bautizadas y el nombre de sus padrinos, porque curiosamente es el único objeto litúrgico que tiene nombre propio. Por ejemplo, algunos nombres de las de la catedral son Santa Ana, Santa María de la Antigua, San José o San Pedro. Respecto al principal obstáculo que encontré durante mi investigación fue la inaccesibilidad de algunas campanas por su altura. En estos casos los ayuntamientos me ofrecieron grúas para poder acceder y continuar con mi estudio.

Cuénteme sobre usted, ¿qué lo llevó a seguir esta línea de investigación?

Fue por pura casualidad. Yo trabajaba en el ayuntamiento cuando estábamos preparando una exposición sobre los 250 años de la colocación de la primera piedra de la basílica de Teror, y buscando referencias encontré un artículo de periódico que trataba sobre una campana que había sido donada en el siglo XVIII a la iglesia. A pesar de que ya no se conservara esta campana, me animé a subir a la torre y comencé a indagar sobre el tema. Este fue el inicio de mi investigación. A día de hoy sigo explorando y me gustaría profundizar en el fenómeno de los relojes. Precisamente, ahora mismo un compañero y yo estamos preparando un artículo sobre el reloj de la catedral de Las Palmas.

RODRÍGUEZ, Rita

La Provincia (05-08-2024)

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