GARCÍA CAMPO, Vicente - La campana de Sant Hilari

La campana de Sant Hilari

A veces dispongo de un rato libre y me subo a la bicicleta y me doy un paseo y me acerco a Sant Hilari.


Sant Hilari es una ermita vetusta, recogida y solitaria. Está enclavada en un ligero altozano rodeada de prados y encinas de buen porte. Es un paraje hermoso y tranquilizador.

Este jueves, al llegarme hasta la vieja iglesuela, descubrí un detalle que me sorprendió:

¡¡¡ En la espadaña había desaparecido la campana!!!

En un primer momento dudé. Pensé que a lo mejor no existía tal campana pero, al poco recordé algo. Saqué el móvil y repasé la galería de mis fotos y ¡allí estaba la campana! Era una fotografía del 27 de septiembre y lucía como un caracol sobre un geranio después de llover.

De ahí a averiguar que la campana había sido robada solo mediaba un paso. El que di para comprobar que los ladrones no pusieron mucho empeño (o se trató de unos meros aficionados de 3ª) en lo que hacían y la campana cayó contra el enlosado de la entrada y destrozó parte de él. Miré hacia arriba y el hueco que se dibujaba me dio mucha pena, era como si a alguien le hubieran robado la voz, esa que tenemos para hacernos entender; las campanas son la voz del pueblo llano y si lo olvidamos al final todos quedaremos afónicos de una parte del alma.

Cuando era niño una de las cosas que más me llamaba la atención era subir a la espadaña de la iglesia y tocar a vecería para que todos los vecinos sacasen sus vacas y los encargados de cuidarlas ese día (mientras los demás podían dedicarse a otras labores más urgentes del campo) se ocupasen de ellas durante la jornada. El toque de vecería (“vecería” viene de “vez”) era sencillo, varios grupos de cinco o seis toques seguidos a badajo, sin vuelteo. Todo el mundo lo entendía y sabía que tenía qué hacer.

Hoy en día el lenguaje de las campanas se ha olvidado, la más bella o, por lo menos, la más sonora de las lenguas se ha olvidado.

Ya nadie entiende su mensaje y ciertos urbanitas con el bolsillo lleno, la mente vacía y un concepto equivocado de la vida en el campo o en las montañas solicitan que se silencie a las campanas.

Después de esto, ¿a alguien le sorprende que se robe a la indefensa, ingenua y ahora infeliz campana de Sant Hilari?

A estas horas, si no ha tenido la suerte de caer en manos de un coleccionista desaprensivo y egoísta, lo más probable es que la hayan fundido y sus bellos cantos de bronce silenciados para siempre.

GARCÍA CAMPO, Vicente

El errabundo de las palabras (02-10-2024)

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  • Robo de campanas: Bibliografía

     

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