
Avelino Piedras lleva 25 años siendo el campanero de Cesantes - Autor: LANDÍN, J. V. / ATLÁNTICO
El oficio de ser campanero todavía sobrevive en Redondela. Así lo muestra datos de la Diócesis de Tui-Vigo facilitados a este diario, donde se muestra como de los 13 templos que hay en el municipio solo cuatro de ellos, Cesantes, San Esteban de Negros, Cedeira y Vilar de Infesta, conserva la figura del campanero.
Avelino Piedras lleva desde el 2000 siendo el campanero de la iglesia de San Pedro de Cesantes y, según narra, llegó a este trabajo de forma fortuita. “El que estaba en aquel momento lo ingresaron de golpe en el hospital mientras yo hacía unos trabajos de albañilería en el templo y el cura no se había enterado. A los cuatro días la cuñada se lo recordó al cura y cuando lo vi le pregunté si sabía lo que le había pasado a Suso, el campanero y enterrador, y me dijo que no. Como yo estaba mucho por allí, me sabía el toque de los entierros, así que cuando hubo un difunto me llamaron para tocar. A los 15 días pasó lo mismo y ahí el cura dijo que me avisaran a mí para esta labor”, explica Avelino, quien aprendió los toques gracias a un vecino que había sido monaguillo en Torroso.
Por su parte, Manuel Darriba lleva 13 años ejerciendo de sacristán (y, por lo tanto, de campanero), en la iglesia de San Esteban de Negros. En su caso, recibió una formación “más clásica” para aprender este oficio, ya que le enseñó el antiguo catequista del templo y también su antecesor en el puesto.

Manuel Darriba, campanero en la iglesia de San Esteban de Negros. - Autor: LANDÍN, J. V. / ATLÁNTICO
En la antigüedad el toque de campana servía para avisar de incendios, por ejemplo, además de cuando había algún acto litúrgico. Sin embargo, en la actualidad los campaneros solo tocan en entierros y en las fiestas. “Cada parroquia tiene su estilo. Aquí cuando muere una mujer se hacen cuatro carreras y cuando es un hombre son tres. Para las misas de domingo son unos toques y para la fiesta del patrón un repicar de las dos campanas”, explica Manuel, quien asegura que los toques siguen siendo útiles “especialmente para la gente mayor que no tiene redes sociales”. Por su parte, en Cesantes se realizan tres carreras cuando es el entierro de un hombre, dos por una mujer, un repique por las fiestas “y ya no hay más”, tal y como sentencia Avelino.
Ante la situación de falta de campaneros, ambos aseguran que esta “afición” no es algo para todo el mundo. “Si tienes interés, tiempo y te gusta puedes serlo, aunque poco a poco se está perdiendo y como no hay relevo esto está desapareciendo”, asegura Darriba. Por su parte, Avelino explica que “ahora los niños van a la iglesia para hacer la primera comunión y después ya no vuelven” por lo que es muy difícil que se interesen por este trabajo, aunque él ya tiene relevo. “Tengo un hijo que cuando yo no puedo ir por cualquier motivo va él. Es probable que quede él cuando yo no pueda seguir, aunque nunca se sabe”, comenta el sacristán de Cesantes entre risas.
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