
Interior de la iglesia de Santo Domingo de Silos, en Prádena del Rincón. / DAVID RAW
Pocos turistas llegan a diario hasta Prádena del Rincón. En este pueblito de 139 habitantes la vida discurre a otro ritmo. Está en la sierra de Madrid, alejado del ruido. Apenas hay movimiento en sus calles, asaltadas por algún visitante puntualmente. Sólo un puñado de casas rurales y dos tabernas devuelven la alegría a unos vecinos nada acostumbrados al barullo. Ahora bien, esta paz perpetua es la única forma de proteger su mayor tesoro: la iglesia de Santo Domingo de Silos. Se trata de una rara avis en la Comunidad gracias a la necrópolis rupestre y el horno de campanas que atesora. Lleva casi 1.000 años en pie y, por ahora, con sus respectivas restauraciones, sigue conservando el misterio de antaño.
“No existe una fecha exacta de la fundación de Prádena del Rincón, pero se sabe que tuvo lugar tras la conquista de Toledo por parte del rey Alfonso VI. Aquella toma trajo consigo la liberación de estas tierras. Sucedió poco después del 1085, cuando unos pastores castellanos llegaron aquí en busca de alimentos para sus rebaños”, relata José Antonio García, historiador y cronista del pueblo. La relevancia histórica de su templo queda patente a primera vista: aúna en un mismo edificio el románico rural y el mudéjar, dos estilos característicos en las construcciones de los periodos repobladores de la zona durante los siglos XII y XIII.

Vista aérea de Prádena del Rincón, situado a 90 kilómetros de Madrid. / DAVID RAW
Con elementos de especial singularidad como la galería porticada y la pintura gótica, la parroquia constituye uno de los templos de arquitectura religiosa medieval más interesantes de la región. “Su particularidad viene marcada por el conjunto que la componen. Su objetivo era evangelizar, estableciendo un nexo de unión entre la vida y la muerte mediante un rito funerario”, continúa García. Por aquel entonces. Prádena estaba insertada en la Comunidad de la Villa y Tierra de Buitrago, sistema feudal de asentamiento en el que una localidad mayor actuaba como eje vertebrador de un territorio formado por distintas aldeas.

La iglesia de Prádena constituye un buen ejemplo de arquitectura religiosa medieval en Madrid. / DAVID RAW
En el siglo XIV pasó a formar parte del señorío de la familia Mendoza, al que estuvo vinculado hasta la desaparición del régimen señorial en el XIX. Progresivamente, el municipio fue experimentando cambios socio-económicos que se reflejaron en su arquitectura: muestra de ello son los templos con restos mudéjares que han ido apareciendo con el tiempo en la Comunidad. Con la ordenación territorial de 1833, Prádena se integró en la provincia de Madrid. El gran valor de la iglesia de Santo Domingo de Silos reside, precisamente, en su estilo románico, tan poco habitual en la zona.
Bajo el pórtico se localiza una necrópolis que se relaciona con los primeros episodios de la repoblación. "Está formado por 74 tumbas de tipo antropomorfo excavadas en la roca. Son perfectamente visibles. Nos aportan datos como la edad del individuo y el ajuar funerario. Son una buena radiografía de aquella sociedad. El óbolo de la barca de Caronte, por ejemplo, nos desvela cómo eran las cecas de las monedas y las vestimentas”, continúa el experto. ¿Por qué se estableció aquí? Cuestión de humildad: “Antes se enterraba a las personas cerca la iglesia para que su alma pudiera llegar con más facilidad al cielo”.

La iglesia de Santo Domingo de Silos conserva 74 tumbas medievales. / DAVID RAW
Otro elemento de interés es el horno de campanas, fechado en la segunda mitad del siglo XVI. Está formado por un vaciado en la roca que se empleó para la fosa de fundición, donde se localizaron cinco moldes sobre zócalos de ladrillo. Un conjunto excepcional tanto por la escasez de ejemplos tan completos como por su buen estado de conservación. “Este arte alcanzó su mayor esplendor en los siglos XV y XVI, justo en la misma etapa en la que se cree que funcionaba el horno de Prádena. Se calcula que está datado entre 1510 y 1566. Lo más llamativo es que, antiguamente, los campaneros solían destruir los moldes al marcharse, pero aquí no lo hicieron”.
Los restos góticos se observan parcialmente en la nave. Entre las figuras se encuentran la virgen María y Jesucristo, así como San Cristóbal, única representación de pintura mural de este santo en la Comunidad. Estos dibujos constituyen, además, un ritual de consagración mediante la colocación de cinco cruces rojas en un marco circular: “La iglesia ha tenido seis fases constructivas. La última aconteció a finales del siglo XX para reparar techos y paredes. Aunque el paso del tiempo y las humedades han afectado seriamente a su estructura, afortunadamente hoy está en perfecto estado”.

El horno de fundición de campanas está fechado en la segunda mitad del siglo XVI. / DAVID RAW
En 2011, una década antes de declararse Bien de Interés Cultural, la Dirección General del Patrimonio dictaminó su restauración integral con el objetivo de recuperar sus características y mejorar sus instalaciones. Asimismo, el espacio se musealizó para exponer las piezas halladas durante las obras. “El mantenimiento ha corrido a cargo de los habitantes durante siglos, quienes de manera altruista y agrupados en hermandades iban haciendo las reformas necesarias tras acabar sus jornadas en el campo”, concluye García. Hoy, en otra época, con una mirada distinta, sigue despertando el fervor de entonces.
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