Al atardecer de este día, a la pálida luz de unas velas, el señor cura y el sacristán cantaban en latín las Tinieblas. Progresivamente iban apagándose las velas hasta reinar la oscuridad total. Entonces, los chicos con sus matracas y las chicas con sus carracas organizaban, de repente, una algarabía de mil demonios, simbolizando, al parecer, los tormentos del Señor. Otros chicos más grandullones pegaban patadas y tiraban incluso cantos contra las puertas de la Iglesia.
Jueves Santo
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Al acabar la procesión tenía lugar el Sermón de la Pasión. Naturalmente, no podíamos pasar por alto el tradicional monumento, que antiguamente se instalaba en el Altar Mayor, adornándolo con flores, lienzos, etc. La custodia era trasladada del sagrario al monumento, donde era velado y visitado, día y noche, en aquellos días. Hasta no hace muchos años, los miembros de la cofradía del Santísimo pasaban la noche velando, por turnos de a dos personas. Como casos a comentar, referiremos que los vecinos ponían velas junto al Monumento, llevándose a casa los trozos sobrantes, que luego eran empleados para pedir protección en caso de tormentas. No podemos dejar de decir que el señor Alcalde y el señor Juez dejaban sus bastones de mando ante el Monumento, ya que, al haber muerto Dios y no haber resucitado aún, no había justicia en el mundo.
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Sábado Santo
Parece ser que, primeramente, tenían lugar, dicho día, por la mañana, las celebraciones de la Resurrección, con el correspondiente repique de campanas, a gloria, al final. Tiempos después estas celebraciones se hacían al anochecer. Una tradición muy curiosa de dicha jornada consistía en la bendición del agua, para que la gente se la llevara a casa. Se llenaba, para ello, la pila del agua para bautizar, y todos acudían con diversas clases de recipientes a tomarla. Con ella se rociaba a las personas, a los animales, la casa, etc., a fin de que no entraran las brujas.
Domingo de Resurrección
Ayer, igual que hoy, tenía lugar la procesión del Encuentro, en la cual la imagen del Niño Jesús, a hombros de los hombres, era llevada alrededor de la Iglesia, al encuentro de la Virgen del Rosario, con su manto negro. Al verse, se quitaba el manto negro a la Virgen, en el momento en que iniciaban su repique las campanas. Para acabar mencionaré dos pequeñas cosas que se me han olvidado antes: durante la Semana Santa las imágenes de la Iglesia eran cubiertas con paños morados; las campanas no tocaban nada; en su lugar, los monaguillos recorrían el pueblo con una enorme matraca, anunciando los oficios religiosos. Rectifico también algo dicho anteriormente: en la celebración de las Tinieblas, los chicos tocaban las carracas para rememorar el terremoto que se produjo al morir Dios en la Cruz.