Colombia se paralizó al mediodía de hoy (17.00 GMT) para exigir a los grupos armados ilegales la liberación de todos los secuestrados y el respeto por la vida.
Millones de personas, encabezadas por el presidente colombiano, Álvaro Uribe, salieron a las calles de Bogotá, ciudades y pueblos del país para con pañuelos blancos, bocinazos y pitidos para exigir a la guerrilla de las FARC y demás grupos armados la liberación de los secuestrados así como la entrega de los cadáveres de once diputados muertos en cautiverio.
Las campanas de las iglesias se echaron al vuelo, el tráfico paró durante cinco minutos y los ocupantes de los vehículos se apearon de los mismos para sumarse a la movilización nacional por los secuestrados, sin precedentes en la historia reciente del país.
Durante cinco minutos el país paralizó sus labores habituales y con campanas, pitos, sirenas, gritos y hasta ollas, manifestó su repudio por el secuestros y exigió la inmediata liberación de quienes están cautivos por grupos armados ilegales.
Trabajadores, empresarios, funcionarios estatales, estudiantes y toda la sociedad en general participó en la jornada en la que muchos edificios y viviendas adornaron su fachada con la bandera nacional.
Muchos manifestantes salieron con camisetas blancas y pancartas contra los violentos en la distintas ciudades del país y desde los grandes edificios hubo lluvia de papel picado.
Uribe, que ingresó a la Catedral Primada, en el marco de la Plaza de Bolívar, ambas atiborradas de gente, presenció desde las escalinatas el batir de pañuelos bancos de varios millares de asistentes, que portaban además pancartas de fondo blanco, con frases alusivas al secuestro, a las víctimas y sus familias, y a la necesidad de un acuerdo humanitario.
En Medellín, la segunda ciudad del país, las manifestaciones fueron encabezadas por el gobernador del departamento de Antioquia, Aníbal Gaviria Correa, y por el cantante Juanes, uno de los artistas colombianos más reconocidos en el exterior.
En las fábricas y el comercio los trabajadores hicieron un alto en su labor para salir por unos minutos a la calle y blandir banderas y trapos blancos.
La emoción era patente en muchísimas de las personas que participaron en esta manifestación, algunas de las cuales no podían ocultar su lágrimas, lo mismo que su alegría, al ver a la sociedad movilizada de una manera tan masiva, algo a lo que no estaban acostumbrados, según decían.
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