SOBANDO, Javier - Don Atanasio

Don Atanasio

"Pero hombre, si aún eres muy joven ¿Para qué quieres el ataúd tan pronto", le dije para animarlo y quitarle hierro al asuntillo". Javier Sobando. Cumulocuentos. Huelva, 1990

Vino un hombre a perecer esta mañana. La campana dobla pero él no muere. Y es que ha perdido mucho Onorio, el campanero. Antes sí. Un buen doblar sonaba a muerto y entonces no había alma que se resistiese. Se iban derechos al purgatorio. Don Onorio, el campanero, siempre doblaba bien entonces.

Recuerdo el día que dobló por D. Atanasio. Se resistía el hombre. Pero al fin y al cabo se fue derechito al cementerio.

- Qué a mí no me doblan, puñetas … - decía don Atanasio.

- Mira que don Onorio no te lo perdonaría - decía su mujer - Ha doblado por tí como los mismísimos ángeles y ahora no le vas a hacer un feo.

- ¿Y quién diablos le manda? Mira que morirse tan contentos todos estos titeafueras. Qué a mí no me doblan, qué a mí no me doblan - repetía Atanasio.

Después de trescientos setenta y dos días de discusión con su mujer y uno más que Onorio estaría doblando, al fin, a don Atanasio le entraron las ganas de morirse. Fue la única vez que a don Onorio se le resistió alguien.

Desde entonces no había vuelto a suceder. Pero hoy, que ha venido un hombre a perecer esta mañana y que lleva Onorio doblando todo el día, aún no ha muerto el condenado. Y eso que ha sido a petición propia.

Antes de continuar doblando inútilmente, Onorio ha ido a preguntar el nombre del futuro finado, por si de alguna forma le inspira algún tipo de toque de difuntos nuevo. El hombre le contesta que se llama Atanasio. Don Onorio ha comenzado a hacer cruces y santiamenes.

El lunes, para mi sorpresa, vino don Atanasio Reyes a traerme su ataúd. A pesar de que las nubes no han dejado entrever el cielo en toda la tarde, la luz era intensa. A las siete se levantó de su siesta el Limbos. Tras dormir durante ocho horas el Limbos parecía muy cansado. Abel ha querido gastarle una broma, pero el Limbos no estaba de humor y únicamente ha dado un bramido que ha asustado a los niños de la Leo.

- No te tomes molestias, Limbos, que no es pa tanto - se defiende Abel - y estás asustando a los niños.

-Te voy a enviar a donde Atanasio Reyes - replica malhumorado el Limbos.

Y es que don Atanasio Reyes ha nacido para tener mala suerte.

Por fin me pidió que le hiciera su ataúd. No podéis imaginar los ojos que se me pusieron. Se me salían de las órbitas, me lloraban. Al fin se decidió. "Pero hombre, si aún eres muy joven ¿Para qué quieres el ataúd tan pronto", le dije para animarlo y quitarle hierro al asuntillo. "Pues llevas razón. Hoy no me muero", dijo. Y el lunes vino a traerme el ataúd de nuevo.

SOBANDO, Javier

trilce.net (26-03-2002)

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