Uno de los nombres que más varía, y que está por definir, es el nombre de las matracas. En todo caso se trata de nombres sonoros, onomatopéyicos, que tratan de reproducir el sonido áspero y rítmico producido. Así, Carrañaca en Sevilla, holgado en muchos lugares, Trebanelles en la Vall d'Albaida, Carraclas ... y muchos otros.