AZAGRA MURILLO, Víctor - Campanas y campaneros

Campanas y campaneros

Tarazona: Vista de las históricas murallas, uno de los cubos sirve de asiento al campanal de la iglesia del convento de la Concepción, construido en 1558, siendo el de menor altura de las seis torres mudéjares que se alzan sobre el caserío turiasonense - Foto HERALDO DE ARAGÓN (06/04/1980)

En Tarazona, en el fosal de la catedral, tras los muros de la actual sala capitular, existía una fundición de campanas; en ella fueron fundidas las campanas del convento de San Francisco de Asís en el año 1695, y una de estas campanas, el 14 de julio de 1786, tocando a la fiesta de San Buenaventura, se rajó y hubo que fundirla de nuevo; para ello se acordó con el campanero Antonio Argós que al fundirla había de darle el peso que tenía antes; es decir: 15 arrobas, las que se abonarían al fundidor, pagando él las mermas y demás gastos si los hubiese. Pesó la nueva campana 15 arrobas y 23 libras, las que abonaron al campanero los frailes franciscanos junto con la VOT de San Francisco; se colocó esta nueva campana el día 7 de agosto del citado año.

La vida cotidiana de los moradores de la ciudad se regía por el sonar de las campanas de los templos turiasonenses: catedral, Magdalena, San Miguel, San Vicente (Hospicio Provincial) y las colgadas en las espadañas de los diversos conventos de órdenes religiosas. Este sonar de las campanas era como un lenguaje extraño que hablaban lenguas de bronce, sólo inteligible por los habitantes de la vieja Turiaso.

No creo que pueblo alguno haya tenido tantos y tan variados toques de campanas de tan diferentes sonoridades y ritmos como los de Tarazona. Recuerdo al viejo campanero de la catedral, el tío Rufino Matute, uno de los mejores campaneros de España; el escuchar uno de sus repiqueteos era una delicia para los sentidos, un goce para el espíritu. Más que repicar bordaba una obra musical con el tradicional toque, al que llamábamos: «Al aguico y a la O» propio de los días de Adviento correspondientes al rezo coral de las antífonas de la O; también tejiendo nota tras nota esa varavilla de sonidos cual era el toque de «Guilindón» cuando se interpretaba a la muerte de un niño; o esa media hora de repicar de campanas, alegre en las vísperas de los días de «comer sopa roya», en los días de las grandes solemnidades de la Iglesia, con cuatro campanas a la vez, con las cuerdas enganchadas a los badajos, llevando una en cada mano y las dos restantes -que pendían de las campanas mayores del piso superior -enlazadas al pie derecho, mientras el campanero-mÚsico permanecía en posición firme sobre su pierna izquierda, interpretando una composición maravillosa que, a más de uno, le hacía mover los pies bailando al compás de las campanas. Campanas que hacían con sus alegres sones que al día del Corpus Christi fuese más solemne la procesión; campana capitular de la catedral, anunciadora de los sermones de Cuaresma y óbitos de los canónigos; campanillo que diariamente, mañana y tarde, llamaba a coro a los señores prebendados y beneficiados.

Todas estas campanas tenían una misión específica en los servicios sagrados de la catedral turiasonense.

Y allá arriba, en el casco antiguo de la ciudad, el templo de la Magdalena, con su majestuosa torre mudéjar, estuche de la campana «Santa María», que «… mil arrobas peso...»; campana ésta que, en la quietud de la noche, cuando deja escuchar su áspera voz, hace saltar de sus lechos a los moradores de la ciudad del Queiles, ya que la llama da de la campana de la Magdalena es señal de peligro, se hace sonar con un toque especial, toque de re bato, para dar aviso de alguna «quema», y su tañer hace que todos se apresten en la ayuda de apagar el incendio

Caritativa campana de la iglesia de San Vicente u hospicio e inclusa provincial (tumba del ilustre filósofo aragonés Baltasar Gracián, fallecido en esta casa, antiguo convento de la Compañía de JesÚs en 1658), campana que con su tañer lÚgubre comunica que un ciudadano ha entrado en periodo agónico; el nombre del agonizante es puesto en una tablilla a la puerta del templo de la Merced, para que se sepa por quién suena la campana y las almas piadosas rueguen al Señor por el que está en tan triste trance.

Ya desapareció el «bandear» de la campana de Pierres, colocada en la espadaña de la Casa Consistorial, hasta la nueva reforma del edificio; esta campana era «bandeada» a la salida de la corporación municipal bajo mazas y a su regreso.

La cuerda atada al badajo de la campana espera ser movida por la mano experta del campanero, para arrancar alegre melodía al vaso de bronce - Foto HERALDO DE ARAGÓN (06/04/1980)

Si las campanas doblaban por el fallecimiento de una persona, lo hacían dando treinta y tres campanadas, espaciadas unos veinte segundos una de otra, si el difunto era varón, y si lo era una señora entonces sonaban solamente treinta campanadas; tras estos toques de badajo se lanzaban las campanas a medio bando, esto se hacía la víspera del sepelio, en la ceremonia del entierro, así como en las misas de «novena» y «cabo de año».

Cuando el Sábado Santo, a las diez de la mañana, en el momento en que en la misa conventual de la catedral el celebrante entonaba el gloria, las campanas de todos los templos do la ciudad se volteaban por largo espacio anunciando la Resurrección y la población recobraba de nuevo su aire de fiesta, sumido en recato piadoso durante el tiempo cuaresmal. Con ollas, perolas y diversidad de vasijas, en tanto las campanas tocaban a gloria, la gente menuda acudía a las pilas bautismales de los templos parroquiales a por agua bendita. Hemos hablado de las campanas gran des de Tarazana; pero como en todos los órdenes de esta vida, también hay entre las campanas esa diferencia de clases; hay campanas humildes, sencillas, como una «florecilla franciscana», que sirven «para diario...»; como el campanillo de la Magdalena, colocado en su diminuta espadaña, que parece estar de rodillas ante la esbelta torre-campanario que como una flecha se alza hacia el cielo. Me dicen que lo han quitado. Qué pena! Recuerdo sus avisos al barrio de El Cinto cuando ya se habían espesado las sombras por sus estrechas callejuelas, que hacía brotar un borbotón e compasión de los pechos de los humildes moradores del barrio.

Hay un enfermo y el campanillo anunciaba que le iban a llevar el viático. El templo se llenaba de feligreses, portando en sus callosas manos, por la esteva del arado y los mangos de las azadas, una candela encendida para acompañar al Señor. Con su vocecita, nos llamaba los domingos al catecismo, llamaba al atardecer al rosario; llamaba al amanecer a misa primera; él solo llamaba, llamaba y llamaba -como la clueca a sus polluelos- para que acudiésemos a los cultos parroquiales.

Al igual que en Tarazona, en todas las localidades aragonesas hay campanas, pero las van arrinconando esos aparatos modernos de megafonía; hoy se ven en las torres-campanarios de nuestros pueblos más altavoces que campa nas; los viejos campaneros han sido sustituidos por cómplices sistemas electrónicos, que si llegan a darnos sencillas melodías, no tienen aquel encanto de los repiqueteos de los campaneros, ya que grabadas en cintas nos dan sus sonidos muertos, fríos; mientras que las campanas permanecen mudas e inmóviles la mayoría de los días. ¡Qué penal ¿Verdad?

Víctor AZAGRA MURILLO
"Heraldo de Aragón " (06/04/1980)
  • TARAZONA: Campanas, campaneros y toques
  • ARGOS, ANTONIO DE (CALATAYUD): Inventario de campanas
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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