LLOP i BAYO, Francesc - Los toques de campanas y de matracas en Semana Santa

Los toques de campanas y de matracas en Semana Santa

Hay una antiquísima tradición, en la Iglesia Católica, por la cual las campanas enmudecen durante los días centrales de la Semana Santa, es decir desde el "Gloria" del Jueves Santo hasta el otro "Gloria" de la misa de Resurrección (antes era el Sábado por la mañana pero ahora es, con mayor precisión, en la noche de vela del sábado al Domingo de Pascua).

Esta tradición es universal en la Iglesia Católica, y exclusiva de ella: como veremos luego: las otras iglesias cristianas, con liturgias muy complejas no dejan de tocar e incluso tocan más durante esos días santos. En cambio, por lo que sabemos hasta ahora, el uso de las matracas es exclusivo de España. Antiguamente las grandes torres de catedrales, parroquias, e incluso de pueblos, tenían unas grandes matracas, de madera, que variaban de una región a otra, y que sonaban en medio del silencio de las poblaciones, enlutadas por la muerte del Señor. Recordemos que, mientras existían las murallas, éstas quedaban cerradas a los carruajes durante esos días, y que incluso las casas dejaban media puerta cerrada en señal de luto. Los mismos militares, durante sus guardias en los cuarteles, mantenían el arma colgada hacia abajo, como muestra visible de dolor.

Y por encima de todo las matracas, carracas, carraclas, "brajoles", batzoles, "tenebres", y muchos más nombres, que sonaban, con un ruido rítmico, para llamar a los oficios. Es curioso que los valencianos empleamos también las carracas (basadas en unas láminas de madera que vibran a causa de un molinete dentado que gira) para Navidad; en todos los demás sitios sólo suenan en la Semana Santa. Decíamos pues que las matracas varían de un sitio a otro: a veces es una gran cruz, de cuatro aspas, con tablas dobles para aumentar la resonancia, y martillos de diverso tamaño, forma y madera, para que no caigan todos a la vez, y produzcan un desagradable rumor sonoro. En otros sitios, como la Catedral de Valladolid, es una gran caja cuadrada, llena de tiradores de hierro, de los que servían para abrir los grandes cajones de las cómodas: al girar, la caja resuena, golpeada por docenas de tiradores, llamando a la oración y al recogimiento. ¡Incluso descubrimos, en la Catedral de San Vicente Mártir de Roda de Isábena, en Aragón, unas matracas electrificadas, con un motor para ser tocadas sólo tres días al año!. Las matracas de Villena, en la parroquia de Santiago, fechadas a principio de siglo, están recubiertas de zinc para su mejor conservación, y tienen una especie de cadena de bicicleta que llega hasta una manivela, instalada mucho más baja, para facilitar la labor del campanero. (¿o habría que decir "Matraquero"?)

Una mala interpretación del Concilio, que no hablaba de matracas, porque eran una costumbre limitada a nuestros territorios, hizo que muchas de estas fueran abandonadas, quemadas, destruidas.

Sin embargo vuelven a sonar, cada vez más, recuperando ese sonido rauco, que retumba en las ciudades nuevamente silenciosas (aunque esta vez a causa del éxodo por las pequeñas vacaciones de Pascua).

En los primeros años del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS tocamos unas carracas, procedentes de Burriana, y que se utilizaban en el interior del templo durante los Oficios de Jueves y Viernes Santo; por eso su sonido, producido por unas láminas de madera, era más apagado. Desde hace unos años tenemos unas grandes matracas, de más de metro y medio de alzada, que suenan, de manera desapacible y ruidosa, desde el Jueves Santo hasta los avisos de la Vigilia Pascual. Incluso vamos más lejos y desconectamos esos dos días el reloj electrónico, para que el "Micalet", la campana de las horas, permanezca en silencio, durante esas horas santas.

Sabemos que en algunos lugares, como Ademuz, a pesar de la electrificación, el sacristán subía a tocarlas manualmente, pero hay muchos otros lugares que las han restaurado y vuelven a utilizarlas.

Sin embargo son instrumentos que sólo se conocen en España, como veremos a continuación.

Se dice que las primeras comunidades cristianas se avisaban mediante la voz, y luego con láminas de metal o de madera, hasta la invención, muy tardía, de la campana (siglos IX y X, llegando a las formas actuales no antes del siglo XII). Algunos monasterios de las Iglesias de Oriente siguen empleando estas láminas, de dos o tres metros y uno u otro material, golpeadas con martillos, y que penden horizontalmente de cuerdas. Les llaman "simandras" o "simantron", y las utilizan en todo el año litúrgico, para los distintos toques de coro, de oración, u otros avisos.

La Iglesia Ortodoxa Rusa no conoce el silencio de las campanas en el Triduo Santo. Es más, tiene toques especiales, como el "Perezwon", en el que se repican todas las campanas durante ciertos momentos del oficio del Viernes Santo.

La Iglesia Anglicana, que tiene una liturgia más cercana a la nuestra, tampoco cesa los toques en la Semana Santa, sino que emplea los avisos usuales para los oficios de las grandes festividades.

La Iglesia Católica mantiene el silencio absoluto de las campanas desde el Gloria del Jueves Santo hasta el Gloria de la Vigilia Pascual. En Francia, donde las campanas no se ven, por encontrarse dentro de las torres, se dice que "se han ido a Roma", y el Domingo de Pascua, cuando vuelven a sonar, los niños buscan entre la hierba y las flores de la renovada prrcimavera huevos de pascua y campanas de chocolate que las verdaderas han dejado caer cuando volvían de la Ciudad Santa.

Sólo nosotros empleamos las matracas, de una u otra manera, sustituyendo las campanas que dejaron de sonar de repente el Jueves Santo. Por cierto que este toque, en nuestra diócesis, era sólo de repique (como seguimos practicando en la Catedral), que llamaban "seco", porque paraba de repente, reservando el volteo exclusivamente para el "Gloria" de la Resurrección. Otra característica de estos toques era que se producían al unísono en toda la ciudad, como sigue mandando la "Epacta Valentina": en ambos cánticos solemnes del "Gloria" se tocaba cuando lo hacía la Catedral, iglesia madre de las otras, y nadie osaba tocar antes o después, aunque sus oficios tuviesen lugar a otra hora, bajo pena de multa.

Francesc LLOP i BAYO (2003)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • VALLADOLID: Campanas, campaneros y toques
  • VILLENA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (historia general y tópicos): Bibliografía
  • Matracas: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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